La Rugulopteryx okamurae ha dejado de ser un asunto localizado en el entorno del Estrecho de Gibraltar. Los arribazones se han desplazado por el litoral gaditano hasta Rota y ya se detectan indicios en los fondos de la Costa Noroeste. Los municipios costeros, reunidos por la Diputación de Cádiz, han vuelto a poner sobre la mesa una expansión imparable y retos en las costas españolas que este año ha batido registros en varios puntos.
El encuentro del Grupo de Trabajo Estable sobre el Alga Invasora ha servido para hacer balance de la temporada y para acordar una petición formal de financiación al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y a la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. La idea es que las administraciones con competencias y más recursos asuman parte de un gasto que hoy recae en los ayuntamientos.
Expansión y toneladas retiradas

Los datos aportados por los consistorios muestran un salto difícil de digerir. Rota encabeza las retiradas con 10.000 toneladas, muy por encima de Tarifa, que suma 3.000; Cádiz, 1.379; La Línea de la Concepción, 550; Algeciras, 300; Chiclana, 250; y Conil, 40. La evolución geográfica también llama la atención: en 2019 los problemas se concentraban en Algeciras, La Línea y Tarifa, mientras que ahora la invasión del alga asiática pone en jaque al litoral español al alcanzar el frente litoral de Rota y empezar a colonizar fondos de la Costa Noroeste.
En La Línea, la playa de Poniente ha superado las 550 toneladas recogidas en lo que va de ejercicio, una cifra que deja atrás el volumen de cada uno de los tres últimos años y convierte el actual en el tercero con más kilos desde que se tienen registros, coincidiendo con las primeras apariciones del alga en 2014. El concejal de Playas, Rafael León, y el vicepresidente de la Diputación y responsable de Transición Ecológica, Javier Vidal, participaron en una reunión en la que se abordó una expansión que llega ya a Conil.
Una factura que no deja de crecer
La normativa vigente atribuye a los ayuntamientos la retirada de los arribazones depositados en sus playas. Eso obliga a reforzar servicios, hacer contrataciones extraordinarias y alquilar maquinaria, especialmente en plena temporada turística. La Diputación cifra en 1,8 millones de euros las subvenciones concedidas en los últimos cinco años para ayudar a los municipios, aunque reconoce que no tiene competencias directas en la materia.
Javier Vidal ha resumido el siguiente paso: escuchar a los municipios para saber cómo han afrontado el verano, pero también solicitar formalmente a las administraciones superiores la movilización de recursos económicos. La petición va dirigida al Ministerio y a la Junta de Andalucía, y da continuidad a una propuesta aprobada por el Pleno de la Diputación en julio. Además, se pedirá que la Diputación de Cádiz se incorpore al grupo de trabajo nacional sobre Rugulopteryx okamurae para trasladar las necesidades del litoral gaditano.
Impacto en el ecosistema y en los corrales
El problema no acaba cuando el alga llega a tierra. En espacios sensibles como los Corrales de Rota, los arribazones han llegado a tapar muros y rejillas, dificultando la renovación del agua y dejando a la fauna con menos oxígeno. Los corraleros han descrito episodios de moluscos, crustáceos y pequeños invertebrados asfixiados bajo la biomasa, así como daños en muros y rejillas por la fuerza del agua cuando los canales quedaban atascados.
Andrés Barba, corralero y divulgador, explica que la limpieza es más complicada de lo que parece: no se puede retirar la arena que hay bajo el alga y, cuando se limpia, la marea puede volver a llenar la zona en pocos días. A largo plazo, confía en que el propio ecosistema encuentre un equilibrio, con depredadores como los erizos empezando a alimentarse de esta especie. Mientras tanto, la convivencia con el alga y su retirada periódica siguen siendo inevitables para conservar el monumento natural.
Usos posibles y vigilancia en Galicia
Diputación y ayuntamientos también han acordado estudiar alternativas técnica y económicamente viables para aprovechar el alga retirada dentro de estrategias de economía circular. El doble objetivo es encontrar salida a miles de toneladas de materia orgánica y fabricar pienso de peces de acuicultura para compensar, al menos en parte, el coste creciente de mantener las playas libres de arribazones.
En Galicia, el proyecto Algadest ha comprobado que la detección de la Rugulopteryx okamurae mediante ADN ambiental funciona. La Universidade de Santiago y la Consellería do Mar han definido un marcador molecular para diferenciarla de especies próximas y ya aplican la técnica en 90 puntos del litoral gallego, 20 de ellos en Arousa. Las observaciones directas apuntan a que el foco de O Grove sigue creciendo, mientras que no se han hallado asentamientos en el interior de la ría.
La investigadora Pilar Díaz Tapia señala que la técnica es útil sobre todo con muestras de agua y que el radio de acción ronda los 200 o 300 metros. En San Amaro (A Coruña) y Monteferro (Nigrán) las poblaciones asentadas preocupan porque cubren el fondo, aunque en Galicia no se han visto, por ahora, arribazones comparables a los del sur peninsular. La idea es disponer de una cartografía rápida y preventiva que permita anticipar la expansión.
Reclamaciones y siguientes pasos
El Grupo de Trabajo mantiene su presión para que el problema no se quede en el ámbito local. Los municipios consideran que la dimensión alcanzada supera sus posibilidades presupuestarias y que las administraciones estatal y autonómica deben implicarse con más recursos. La solicitud también busca que Cádiz tenga voz en el grupo nacional creado para abordar la lucha contra el alga invasora Rugulopteryx okamurae.
La situación de Tarifa ilustra bien el esfuerzo: alrededor de 3.000 toneladas retiradas este año lo colocan como el segundo municipio de la provincia en volumen, solo por detrás de Rota. La extensión de su litoral y la recurrencia de las llegadas convierten al alga en un problema permanente para los servicios municipales, que deben compatibilizar la limpieza con la actividad turística y pesquera.
El impacto también ha llegado al Congreso de los Diputados, donde el Grupo Vox ha preguntado al Gobierno por medidas concretas. Los Corrales de Rota cuentan con la Q de Calidad Turística y la S de Sostenibilidad Turística, certificaciones que se revisan con auditorías periódicas y que dependen, en parte, de que el entorno se mantenga en condiciones.
La expansión de la Rugulopteryx okamurae sigue marcando la agenda del litoral gaditano, con Rota y Tarifa a la cabeza de las retiradas y una factura que los ayuntamientos no pueden asumir en solitario. La petición de financiación, la búsqueda de usos para la biomasa y la vigilancia en otras zonas como Galicia dibujan una estrategia a medio plazo para un problema que, lejos de desaparecer, se ha consolidado en la costa española.