La lamprea vuelve a los ríos Miño y Ulla: arranque de campaña, tradición y retos en Galicia

  • Arranca con fuerza la campaña de la lamprea en el Ulla y el Miño, con las primeras capturas tras años de escasez.
  • Restaurantes como Casa Farrucán y O Polígono pagan precios elevados ante una demanda muy superior a la oferta.
  • La pesca tradicional con nasas butrón y pesqueiras romanas se combina con la divulgación en el Acuario del Río Miño y el Aquamuseu.
  • Los cambios ambientales, la presión de depredadores y la falta de relevo entre valeiros ponen en riesgo esta tradición milenaria.

lamprea en río de Galicia

La lamprea vuelve a ser protagonista en Galicia con el inicio de una nueva campaña de pesca en los ríos Ulla y Miño, dos de los grandes santuarios de esta especie en Europa. Tras varios años complicados, marcados por la escasez de capturas y la incertidumbre entre los profesionales, las primeras jornadas de este año han dejado un arranque mejor de lo esperado, aunque la prudencia sigue siendo la tónica entre los pescadores.

Mientras las nasas butrón y las pesqueiras tradicionales empiezan a trabajar en Pontecesures y en el tramo internacional del Miño, museos y acuarios de la zona refuerzan su labor divulgativa para explicar por qué este pez cartilaginoso, de aspecto prehistórico, es al mismo tiempo un símbolo cultural, un recurso económico clave y un manjar muy cotizado en la gastronomía gallega y miñota.

Un inicio de campaña en el Ulla que supera las expectativas

pesca tradicional de lamprea

En el río Ulla, a la altura de Pontecesures y Padrón, la campaña arrancó con solo tres embarcaciones autorizadas que se animaron a largar sus nasas butrón. Aun así, el balance de los primeros días sorprendió a muchos: en la jornada inaugural se capturaron tres lampreas, y en el tercer día de campaña se sumaron cinco ejemplares más, un resultado que los propios valeiros califican como esperanzador tras varios años de «auténtico castigo».

Las primeras piezas se obtuvieron en una zona muy frecuentada por estos pescadores veteranos, en la conocida curva de la Nestlé. Allí, Pepe Barreiro, uno de los valeiros de referencia en Pontecesures, levantó la primera lamprea de la temporada de sus nasas, mientras que sus primos Gerardo y Roberto Barreiro lograban poco después otras dos.

Aunque el arranque ha sido mejor de lo previsto, los propios marineros recuerdan que los primeros días son de tanteo, con muchos lances vacíos, y que la parte fuerte de la campaña, si llega a producirse, suele concentrarse entre mediados de febrero y el mes de marzo, cuando el grueso de las lampreas remonta el Ulla hacia las zonas de desove.

En total, se calcula que unas catorce embarcaciones cuentan con permiso para dedicarse a esta pesquería, repartidas entre las cofradías de Carril y Rianxo. Sin embargo, la realidad es que, en la práctica, la actividad se ha ido reduciendo a unas pocas lanchas que operan desde el puerto de Pontecesures, debido a la baja rentabilidad de los últimos años y a la ausencia de relevo generacional.

Los propios valeiros explican que muchos compañeros prefieren centrarse en otros recursos como la zamburiña o la volandeira, más estables y con mejores resultados económicos, sobre todo cuando la lamprea aparece en cantidades mínimas.

Precios disparados y lista de espera en los restaurantes

plato de lamprea en Galicia

La combinación de poca oferta y un interés gastronómico creciente —que sitúa a la lamprea entre las especies más preciadas en la pesca deportiva— provoca que cada ejemplar de lamprea se pague a precios muy elevados. Las primeras piezas del Ulla se vendieron en torno a los 80 euros más IVA, superando fácilmente los 88 euros en factura, y no tardaron en verse operaciones a 100 euros por unidad cuando los compradores eran restaurantes con una clientela fiel a este plato.

El restaurante Casa Farrucán, situado en la orilla coruñesa del Ulla, frente al puerto de Pontecesures, se hizo con la primera lamprea de la campaña y rápidamente amplió su compra con tres piezas más. Su propietaria y cocinera, Pili Novo, explica que la demanda «es brutal» y que cada día reciben más llamadas de clientes que quieren reservar su ración, hasta el punto de que les resulta imposible conseguir todas las lampreas que necesitarían para cubrir los pedidos.

En paralelo, el mesón O Polígono, en Milladoiro (Ames), adquirió una de las primeras capturas a 100 euros. Sus responsables, Ángel Cordo “Lucho” y Pilar Fernández, destacan el excelente aspecto de la pieza y ya han empezado a organizar su servicio, manteniendo la tradición de preparar la lamprea entera para un solo cliente o una misma mesa cuando la escasez no permite ofrecerla en raciones.

La escasez de producto en los últimos años ha obligado a muchos locales especializados a adaptar su oferta. En temporadas abundantes, algunos organizaban jornadas o degustaciones por raciones, pero actualmente lo habitual es que cada lamprea se destine a un comensal o grupo concreto, que muchas veces la reserva con antelación.

Junto a la lamprea, estos restaurantes siguen apostando por otros platos tradicionales de la cocina gallega, como el cocido, los callos, la carne asada, los chocos o incluso recetas menos frecuentes pero con gran tirón entre los aficionados, como los platos de caza. Aun así, la llegada de las primeras lampreas del año siempre marca un momento especial en el calendario gastronómico de la zona.

El papel clave de las condiciones ambientales y los depredadores

Los pescadores del Ulla subrayan que las condiciones hidrológicas y meteorológicas de este invierno han contribuido a un arranque de campaña más benigno. El río baja con un caudal elevado, el agua está fría y se esperan vientos del norte o nordeste, factores que, según los valeiros, favorecen la orientación de la lamprea en su remonte hacia las cabeceras.

Frente al recuerdo de la campaña anterior, muy afectada por fuertes borrascas y crecidas que obligaron a parar la actividad durante varios días, este año el tiempo está siendo, por ahora, mucho más estable. Eso permite a los pescadores mantener las nasas en el agua sin interrupciones prolongadas y aprovechar cualquier pequeña subida de ejemplares.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Veteranos como Pepe Barreiro o muchos marineros del Ulla y del cercano Umia advierten de la presencia cada vez mayor de cormoranes en los ríos. Estas aves, que cuentan con dormideros importantes en zonas como las brañas de Laíño o el entorno de Catoira, Valga y Pontecesures, son consideradas por los pescadores como uno de los principales depredadores de la lamprea, junto a los salmones y otras especies piscívoras.

Para ellos, ese incremento de cormoranes, sumado a los cambios en la temperatura del agua y otras alteraciones ambientales, podría estar detrás de la caída de capturas de los últimos años. La preocupación se extiende también a otros ríos próximos, como el Umia o el O Con, donde los pescadores aseguran haber detectado el mismo fenómeno.

A todo ello se añaden otros factores que inciden sobre la población de lamprea, como la presión pesquera histórica, las obras en los cauces, los obstáculos a la migración y el deterioro de algunos hábitats fluviales, cuestiones que instituciones científicas y administraciones públicas empiezan a abordar con mayor atención.

De momento, el mensaje que lanzan los valeiros es de cautela: aunque el inicio del año invita a cierto optimismo, nadie da por hecho que se vaya a vivir una gran campaña. La experiencia de las últimas temporadas aconseja mantener los pies en el suelo hasta ver cómo evoluciona el paso de lamprea a lo largo de febrero y marzo.

Tradición milenaria: nasas, pesqueiras y valeiros en el Ulla

La pesca de la lamprea en el Ulla combina artes modernas y estructuras heredadas de época romana. En la desembocadura y en el tramo medio se utilizan principalmente las nasas butrón, aparejos específicos que los valeiros largan desde pequeñas embarcaciones y que son revisados de madrugada, en función de las mareas y el estado del río.

Estas nasas, sometidas a revisión y precintado por parte de los servicios de control de la Xunta antes de cada campaña, forman parte de un plan de gestión que regula el número de embarcaciones, las fechas de actividad y las zonas autorizadas, con el objetivo de garantizar una explotación lo más sostenible posible de la especie.

Río arriba, a partir del 12 de enero, se incorporan las históricas pesqueiras de Herbón y otras áreas, construcciones tradicionales en piedra que ya utilizaban los romanos para interceptar las lampreas en su remonte. Las primeras en activarse son las de Areas, autorizadas hasta finales de marzo, y forman parte del paisaje y de la memoria colectiva de los vecinos de Padrón, Rois y municipios próximos.

Los valeiros que hoy continúan dedicándose a esta pesquería reconocen que la falta de relevo generacional amenaza la continuidad de la actividad. Muchos de los que figuran en los planes oficiales ya no salen a faenar, y en localidades como Pontecesures «cada vez quedamos menos», según lamentan ellos mismos. Algunos prefieren volcarse en otras campañas más rentables y con menos incertidumbre que la de la lamprea.

Aun así, para los que persisten, la campaña de la lamprea sigue siendo mucho más que un simple trabajo: es una forma de vida ligada al río, a horarios nocturnos y a una meteorología caprichosa, pero también a una red de relaciones con mariscadores, compradores, restauradores y vecinos que siguen muy pendientes de cada captura.

Miño: exposiciones, divulgación y una mirada transfronteriza

Mientras el Ulla centra buena parte del foco mediático por las primeras capturas, el río Miño refuerza su papel como referencia europea en la pesca y la cultura de la lamprea. A ambos lados de la frontera hispano-lusa, museos y centros de interpretación han puesto en marcha exposiciones temporales dedicadas en exclusiva a esta especie.

En el Acuario-Museo del Río Miño, la muestra «La Pesca de la Lamprea Marina en el Río Miño» permanecerá abierta hasta el 31 de marzo. La exposición explica las características generales de la lamprea, su ciclo de vida anádromo —nace en el río, crece en el mar y regresa a desovar—, los periodos de pesca y las técnicas tradicionales empleadas en la zona.

El recorrido incluye paneles informativos, material etnográfico y recursos audiovisuales que ilustran cómo ha evolucionado la actividad desde las antiguas pesqueiras de piedra hasta las embarcaciones artesanales actuales. No faltan tampoco relatos populares, curiosidades y dichos vinculados a la lamprea, que ayudan a entender su peso en el imaginario de las comunidades ribereñas.

La temporada de pesca en el Miño comenzó oficialmente el 3 de enero y se prolongará hasta mediados de abril, coincidiendo con el momento en que las lampreas remontan el río en busca de las zonas de freza. La actividad se concentra en un tramo de unos 35 kilómetros, donde se combinan distintos métodos de captura en función del lugar y de la tradición de cada pueblo.

El Acuario-Museo del Río Miño mantiene un horario de martes a domingo, de 9:30 a 12:30 y de 14:00 a 17:00, facilitando la visita tanto de vecinos como de turistas interesados en la biodiversidad fluvial y en la historia de la lamprea en la región.

El Aquamuseu de Vila Nova de Cerveira y la lamprea como símbolo de la raia

En la orilla portuguesa, el Aquamuseu do Rio Minho, en Vila Nova de Cerveira, ha inaugurado una exposición específica que vuelve a colocar a la lamprea en el centro de su programación cultural. La muestra, abierta también hasta el 31 de marzo, presenta un enfoque amplio sobre la dimensión biológica, económica y simbólica de esta especie en la llamada raia, la franja fronteriza compartida por Galicia y el norte de Portugal.

Bajo un título que evoca la lengua local y las formas tradicionales de nombrar a la especie, la exposición propone un viaje por la historia de la pesca lampreeira en el tramo internacional del Miño. A través de fotografías antiguas, objetos de trabajo y testimonios de pescadores, se reconstruye cómo la lamprea ha marcado durante generaciones el ritmo de vida de las comunidades a uno y otro lado del río.

El Aquamuseu pone el acento en la dimensión cultural y gastronómica de la lamprea, considerada una auténtica exquisitez por muchos comensales de la región, y en cómo cada temporada moviliza a pescadores, restauradores y visitantes que acuden expresamente a probarla.

Al igual que en el acuario del lado español, una parte de la exposición portuguesa se centra en las amenazas que enfrenta la especie: desde la sobrepesca en determinadas épocas hasta las modificaciones del cauce, las alteraciones de temperatura o la contaminación. Todo ello se presenta como un recordatorio de la necesidad de conservar el río y sus recursos si se quiere garantizar la continuidad de esta tradición milenaria.

El Aquamuseu do Rio Minho abre sus puertas de martes a domingo, también en horario de mañana y tarde, lo que facilita la organización de visitas escolares, grupos de investigación y turistas que buscan combinar naturaleza, patrimonio y gastronomía en un mismo viaje.

Entre la ilusión y la prudencia: un recurso en la cuerda floja

Los primeros balances de la campaña, tanto en el Ulla como en el Miño, dibujan un escenario complejo en el que se mezclan signos de recuperación y motivos de preocupación. Por un lado, el hecho de que las primeras lampreas hayan aparecido tan pronto y en un número mayor del esperado anima a pescadores y restauradores, que llevaban varios años encadenando campañas flojas.

Por otro, los valeiros insisten en que la rentabilidad de la lamprea es muy variable y depende de muchos factores externos: la meteorología, el caudal del río, la presión de depredadores como el cormorán, la competencia con otras pesquerías más estables y el propio comportamiento de la especie, difícil de predecir incluso para quienes llevan décadas en el oficio.

A esta ecuación se suma el envejecimiento de la flota y la falta de jóvenes dispuestos a incorporarse a la pesca fluvial. En los planes anuales de la administración aún figuran embarcaciones que, en la práctica, ya no salen a faenar, y muchos de los actuales valeiros reconocen que, si la tendencia continúa, cada vez será más complicado mantener viva esta actividad.

Pese a todo, el vínculo entre la lamprea, los ríos gallegos y las comunidades ribereñas sigue siendo muy fuerte. La combinación de pesca artesanal, alta cocina y proyectos divulgativos en centros como el Acuario del Río Miño o el Aquamuseu de Vila Nova de Cerveira muestra que la región está intentando proteger y revalorizar este patrimonio común.

Si las condiciones del río acompañan, las capturas se sostienen y se avanza en la gestión de las amenazas ambientales, la campaña de este año podría marcar un punto de inflexión tras varias temporadas decepcionantes; en caso contrario, volverá a poner sobre la mesa hasta qué punto la lamprea, ese pez casi prehistórico que ha alimentado leyendas y menús de fiesta, depende hoy más que nunca de un equilibrio delicado entre tradición, conservación y futuro económico.

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