La orca Estrella cambia su imagen: un vídeo revela su cara más sociable en el Estrecho

  • Estrella, conocida anteriormente como White Gladis, ha sido grabada entregando una cabeza de atún a una embarcación de investigación.
  • Expertos de WeWhale sugieren que estas conductas responden a interacciones sociales y curiosidad, más que a intentos de ataque deliberados.
  • La población de orca ibérica se encuentra en peligro crítico de extinción y su supervivencia depende de la migración del atún rojo.
  • Científicos analizan este fenómeno basándose en estudios internacionales sobre el intercambio de presas entre cetáceos y humanos.

Orca Estrella en el Estrecho de Gibraltar

Durante los últimos meses, el Estrecho de Gibraltar ha sido el escenario de un fenómeno que ha mantenido en vilo a la comunidad náutica y científica. Las noticias sobre encuentros entre cetáceos y veleros han sido constantes, pero recientemente se ha difundido un documento visual que podría cambiar radicalmente la percepción pública sobre estos animales. Se trata de unas imágenes en las que Estrella, un ejemplar de orca ibérica con una fama complicada, se aproxima a un barco de forma totalmente pacífica.

Este episodio, capturado durante las jornadas de campo de la asociación WeWhale, muestra a la orca transportando la cabeza de un atún rojo para depositarla junto al casco de la nave. Lejos de las interpretaciones que hablaban de hostilidad, los investigadores presentes pudieron observar cómo el animal permanecía expectante ante la reacción humana, lo que sugiere un nivel de inteligencia y una estructura social mucho más profunda de lo que se pensaba en un primer momento.

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Un cambio de relato para White Gladis

Orca ibérica interactuando con embarcación

Es importante recordar que Estrella es el mismo ejemplar al que muchos medios apodaron como «White Gladis». Bajo ese nombre, se le atribuyeron multitud de incidentes que causaron desperfectos en diversas embarcaciones, llegando incluso a dejar a algunas a la deriva. Sin embargo, para Janek Andre, presidente de la fundación Iberian Orca Guardians, lo que vemos ahora es una muestra clara de curiosidad social que debería hacernos reflexionar sobre la simplificación de estos comportamientos en los titulares de prensa.

La bióloga marina Cristina Otero Sabio recalca que el hecho de compartir alimento es una conducta de enorme relevancia dentro de sus sociedades. Estas acciones no son aleatorias, sino que están vinculadas estrechamente al aprendizaje cultural y al fortalecimiento de vínculos entre individuos. Aunque no se puede asegurar con total rotundidad qué pasaba por la cabeza de Estrella, la secuencia grabada con permiso del Ministerio para la Transición Ecológica resulta un hito para la divulgación científica en España.

La ciencia tras la ofrenda del atún

Este comportamiento no es un hecho aislado en el mundo, ya que estudios publicados en revistas como el Journal of Comparative Psychology han documentado casos similares en otras regiones. Se ha observado que orcas salvajes ofrecen presas u objetos a las personas esperando algún tipo de interacción recíproca antes de continuar con su ruta. Esta teoría del «ofrecimiento» gana peso frente a las hipótesis que solo contemplaban el estrés o la defensa del territorio como motores de sus actos.

No hay que olvidar que la población de orca ibérica está catalogada en peligro crítico de extinción, contando apenas con unas pocas decenas de miembros. Cada individuo es monitorizado mediante fotoidentificación para entender mejor sus complejas relaciones familiares, analizando diversas especies marinas y su conservación en España. Estrella, además de ser una cazadora experimentada, es una madre fundamental para la supervivencia de su grupo en aguas europeas, donde la presencia del atún rojo es el eje central de su existencia.

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A pesar de la espectacularidad de estas imágenes, los expertos insisten en que las interacciones con barcos siguen siendo un asunto serio que requiere precaución. Las organizaciones conservacionistas trabajan para fomentar una convivencia segura en el mar, promoviendo protocolos que protejan tanto la integridad de los navegantes como la de estos mamíferos marinos. Comprender que no estamos ante «monstruos», sino ante seres con una cultura propia, es el primer paso para reducir los riesgos en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.

Este descubrimiento arroja una nueva luz sobre la vida de los cetáceos en el Estrecho, demostrando que el conocimiento y el respeto son herramientas mucho más útiles que el miedo para gestionar los encuentros en alta mar. Al final, los gestos de Estrella nos recuerdan que todavía tenemos mucho que aprender sobre la fauna que habita nuestras costas y que la realidad de la naturaleza suele ser mucho más matizada y sorprendente que cualquier relato de ficción basado en la agresividad.


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