La pérdida de oxígeno en los océanos amenaza la estabilidad del planeta, según nuevos estudios

  • La desoxigenación acuática se acerca a niveles considerados inseguros para el sistema Tierra.
  • Un equipo internacional propone incluir el oxígeno disuelto como nuevo límite planetario.
  • Un fiordo chileno revela condiciones extremas de anoxia natural que sirven como laboratorio.
  • La extinción masiva del Pérmico-Triásico muestra el peligro de combinar calor y falta de oxígeno.

Pérdida de oxígeno en océanos

Los océanos y las masas de agua dulce están perdiendo oxígeno a un ritmo alarmante, y varios estudios recientes advierten de que este fenómeno está empujando al planeta hacia un estado de riesgo del que podría ser difícil volver. La comunidad científica lleva años alertando sobre la desoxigenación acuática, pero ahora dos investigaciones independientes han puesto el foco en sus consecuencias globales y en la necesidad de tratarla como una amenaza planetaria más, al mismo nivel que el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

Una revisión liderada por el Instituto Scripps de Oceanografía, en Estados Unidos, propone incorporar las condiciones de oxígeno disuelto al marco de los Límites Planetarios, un sistema que desde 2009 identifica los procesos críticos para mantener la Tierra estable. Según sus autores, la rápida caída del oxígeno en mares, ríos y lagos está interactuando con otros límites como la acidificación o los ciclos biogeoquímicos, generando efectos en cadena que podrían ser irreversibles en escalas de tiempo humanas. El estudio, publicado en la revista Limnology and Oceanography, subraya que la desoxigenación no actúa sola: el calentamiento global, la contaminación marina y los cambios en la ventilación de las aguas son sus principales impulsores.

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Un planeta al borde del colapso por falta de oxígeno

La investigación de Scripps, en la que participaron científicos de varias universidades, analiza cómo la pérdida de oxígeno altera los procesos biológicos y químicos que regulan el clima. Desde organismos microscópicos hasta grandes depredadores marinos, todos dependen del oxígeno disuelto, y su disminución amenaza la vida acuática y, por extensión, la salud del planeta. Los autores señalan que la desoxigenación ya está afectando a ecosistemas costeros, ríos y lagos, y que sus impactos se retroalimentan con otros límites planetarios, como la pérdida de biodiversidad o la alteración de los flujos de nitrógeno y fósforo.

Erica Ferrer, autora principal del estudio, explicó que la idea surgió tras asistir a la COP25 en Madrid, y que esperan que esta revisión sirva para que los responsables políticos consideren la desoxigenación como un factor clave en la estabilidad del sistema Tierra. La propuesta de añadir el oxígeno disuelto al marco de los Límites Planetarios busca darle visibilidad y fomentar medidas de mitigación que ayuden a mantener la biodiversidad y el clima.

El fiordo de Quitralco: un laboratorio natural de anoxia

Mientras tanto, en el sur de Chile, un equipo interdisciplinario de científicos ha documentado un caso extremo de falta de oxígeno en el fiordo Quitralco, en la Región de Aysén. Se trata de la primera evidencia de un fiordo euxínico en la zona, es decir, con ausencia total de oxígeno disuelto y altas concentraciones de sulfuro de hidrógeno, un compuesto tóxico para la mayoría de los organismos. El estudio, liderado por el centro I~mar de la Universidad de Los Lagos, determinó que esta condición se debe a factores naturales: la limitada circulación del agua, los largos tiempos de residencia y la influencia de la actividad volcánica de la cercana falla Liquiñe-Ofqui y los volcanes Mate Grande y Hudson.

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Los investigadores, que trabajaron entre 2022 y 2025, encontraron que la capa anóxica comienza entre los 90 y 120 metros de profundidad y se extiende hasta el fondo, a unos 160 metros. Las aguas superficiales mantienen niveles normales de oxígeno gracias al intercambio con la atmósfera, pero en las profundidades la química del agua cambia por completo: el nitrato desaparece, aumentan el amonio, el fosfato, el metano y el sulfuro de hidrógeno, y la comunidad microbiana pasa a estar dominada por bacterias anaerobias. Aunque en el fiordo hay centros de salmonicultura, los autores concluyen que las condiciones euxínicas son principalmente naturales, lo que convierte a Quitralco en un laboratorio único para estudiar cómo la actividad volcánica y la circulación restringida pueden transformar un ecosistema marino.

Lecciones del pasado: la Gran Mortandad

Para entender mejor lo que podría ocurrir si la pérdida de oxígeno se acelera, los científicos miran al pasado. Hace unos 252 millones de años, durante la extinción masiva del Pérmico-Triásico, conocida como la Gran Mortandad, el 96% de las especies marinas y el 70% de las terrestres desaparecieron. Un estudio de la Universidad de Stanford, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, ha demostrado que el principal desencadenante fue la combinación de olas de calor extremo y la caída del oxígeno en los océanos, provocadas por erupciones volcánicas masivas.

Los investigadores realizaron experimentos con organismos actuales para comparar la vulnerabilidad de distintos grupos. Descubrieron que los animales de metabolismo lento y poca movilidad, como los braquiópodos, eran mucho más sensibles al aumento de temperatura y a la falta de oxígeno, mientras que los moluscos, peces y equinodermos, con mayor capacidad muscular y branquial, lograron sobrevivir y expandirse. Este cambio biológico fue irreversible: antes de la extinción, los braquiópodos dominaban los mares; hoy, los bivalvos los superan en número. El estudio advierte que, aunque las proyecciones actuales de calentamiento son menores que las del Pérmico-Triásico, la tendencia es preocupante y aún estamos a tiempo de actuar.

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La combinación de estos tres frentes —la propuesta de incluir el oxígeno en los límites planetarios, el caso natural de Quitralco y la lección de la Gran Mortandad— dibuja un panorama en el que la desoxigenación acuática se perfila como uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI. Los científicos insisten en que mitigar sus causas, principalmente el calentamiento global y la contaminación por nutrientes, es fundamental para evitar que el planeta cruce un umbral del que sea difícil regresar. La salud de los océanos y de las aguas dulces no es un asunto menor: de ella depende la estabilidad de todo el sistema Tierra.


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