La ranita de Darwin, uno de los anfibios más singulares del planeta, se enfrenta a una amenaza silenciosa que está haciendo saltar las alarmas en la comunidad científica internacional. Un hongo microscópico invasor, llegado probablemente desde Asia hace varias décadas, está detrás del desplome de muchas de sus poblaciones en los bosques templados del sur de Chile.
Este caso se ha convertido en un referente mundial para comprender cómo una enfermedad infecciosa puede empujar a la extinción a especies aparentemente bien adaptadas, y está sirviendo también de advertencia para Europa y otros territorios donde los anfibios ya sufren presiones por el cambio climático, la pérdida de hábitat y otros patógenos.
Un estudio internacional que pone a la ranita de Darwin en el mapa científico
Un equipo de especialistas de Chile, Francia, Suiza y Reino Unido, liderado por el herpetólogo chileno Andrés Valenzuela-Sánchez, ha publicado en la revista Nature Ecology & Evolution un trabajo que documenta con detalle cómo este hongo invasor se transmite entre ranitas de Darwin y provoca episodios de mortalidad masiva.
La investigación, desarrollada durante más de diez años de trabajo de campo en los bosques del sur de Chile, demuestra que el patógeno es capaz de causar el colapso completo de subpoblaciones locales de la especie Rhinoderma darwinii. Según el propio Valenzuela-Sánchez, todo apunta a que el mismo hongo estuvo detrás de la desaparición de la ranita de Darwin del norte, conocida popularmente como sapito vaquero, que dejó de observarse en la década de 1980.
El sapito vaquero es considerado el único vertebrado chileno que probablemente se ha extinguido en tiempos recientes, y el nuevo estudio advierte de que la ranita de Darwin del sur podría seguir el mismo camino si no se actúa con rapidez y con medidas basadas en esta evidencia científica.
La relevancia del trabajo es tal que los editores de Nature Ecology & Evolution solicitaron un comentario especializado adicional para contextualizar sus resultados, algo que la revista reserva solo para artículos con un impacto científico especialmente alto.

Un hongo acuático que también arrasa en tierra firme
El patógeno implicado es un hongo microscópico asociado a la enfermedad conocida como quitridiomicosis, responsable de una de las mayores crisis globales de biodiversidad entre los anfibios. El estudio detalla que este organismo, probablemente introducido desde Asia en la década de 1970, se ha asentado en Chile y se transmite con gran facilidad entre distintas poblaciones de ranita de Darwin.
Durante años se había asumido en la comunidad científica que este tipo de hongos, cuya fase infectiva se desarrolla en el agua, tenían dificultades para mantenerse en especies terrestres. Se creía que, tras infectar a un animal aislado, el patógeno desaparecería al no encontrar nuevos hospedadores en el entorno.
Los datos recogidos por el equipo internacional desmontan por completo esa idea: el hongo no solo sobrevive, sino que se propaga con eficacia en poblaciones de una especie que vive prácticamente todo su ciclo en tierra, como la ranita de Darwin. Las tasas de infección y mortalidad observadas en distintos bosques del sur de Chile muestran que este patógeno acuático puede convertirse en una amenaza extrema también para anfibios que no dependen de cuerpos de agua permanentes.
La coautora Soledad Delgado, integrante de la ONG Ranita de Darwin, subraya que los resultados cierran un debate de larga data: estos hongos pueden causar daños severos en anfibios terrestres, y no solo en aquellos con hábitos acuáticos o semiaquáticos, como se pensaba hasta ahora.
En el proyecto han colaborado investigadoras e investigadores de la Universidad Austral de Chile, la Universidad Andrés Bello, la Universidad de Zúrich y la Universidad Marie y Louis Pasteur, entre otras entidades, lo que refuerza el carácter global del trabajo y su interés para la salud de los ecosistemas a escala planetaria.
El golpe en Tantauco: más de 1.300 ranitas muertas en un año
La cara más dramática de esta enfermedad se vio en el Parque Tantauco, en la Isla de Chiloé, una zona clave para la biodiversidad del sur de Chile. Allí, un brote de quitridiomicosis acabó en tan solo un año con más de 1.300 individuos de ranita de Darwin, dejando prácticamente arrasada la población local.
Ante la magnitud del problema, el equipo liderado por Valenzuela-Sánchez organizó junto con los administradores del parque un rescate de emergencia. Los ejemplares que pudieron salvarse fueron trasladados al Zoológico de Londres, gestionado por la histórica Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), para ser mantenidos en condiciones controladas.
En estas instalaciones, los animales se encuentran bajo un programa de cría en cautividad que busca, a medio y largo plazo, lograr su reproducción y preparar futuras reintroducciones en áreas seguras de Chile. De forma paralela, el equipo científico desarrolla investigación aplicada para encontrar nuevas estrategias que permitan reducir el impacto del hongo y aumentar la resistencia de las poblaciones silvestres.
Los autores del estudio recalcan que entender con precisión cómo actúa la quitridiomicosis en la ranita de Darwin ofrece una hoja de ruta para diseñar protocolos de manejo en campo, tanto en Chile como en otras regiones, incluyendo Europa, donde ya se han descrito brotes de hongos patógenos en anfibios nativos.

Implicaciones para la conservación y lecciones para otros países
Más allá de documentar un caso concreto en Chile, el trabajo aporta información clave sobre cómo una enfermedad emergente puede extenderse de forma silenciosa hasta poner en jaque a especies enteras. Esta perspectiva es especialmente relevante para Europa, donde varias especies de ranas y salamandras se han visto afectadas por distintos patógenos fúngicos en las últimas décadas.
La evidencia reunida en la ranita de Darwin demuestra que es fundamental vigilar la presencia de hongos invasores en zonas de alta biodiversidad, y que la simple separación entre hábitats acuáticos y terrestres no basta para considerar a una especie a salvo. Para autoridades ambientales europeas, estos resultados pueden servir de guía a la hora de reforzar los controles sanitarios en el comercio internacional de fauna y en el movimiento de visitantes entre áreas protegidas.
El estudio también refuerza la idea de que la conservación de anfibios requiere enfoques integrales, que combinen la protección de los bosques y humedales, la investigación sobre enfermedades y la educación de quienes visitan o gestionan los espacios naturales. En este sentido, el caso chileno pone sobre la mesa la necesidad de coordinar medidas entre parques nacionales, centros de investigación y organizaciones internacionales de conservación.
Para España y otros países europeos con anfibios endémicos y poblaciones ya presionadas por la sequía, la contaminación o la fragmentación del hábitat, los resultados de la investigación sobre la ranita de Darwin son una llamada de atención: actuar con antelación puede marcar la diferencia entre mantener una especie o perderla para siempre.
La publicación en una revista de máximo prestigio como Nature Ecology & Evolution refuerza el peso de estas recomendaciones y contribuye a que los organismos públicos y las ONG dispongan de argumentos sólidos a la hora de impulsar nuevas políticas de conservación de anfibios.
La respuesta desde la sociedad civil: ONG Ranita de Darwin y manual de prevención
Como respuesta directa a los hallazgos del estudio, la ONG Ranita de Darwin, fundada en 2015 y dedicada a la protección de los anfibios de los bosques chilenos, ha elaborado un manual de prevención para evitar la propagación de la quitridiomicosis en áreas protegidas y otros espacios de vida silvestre.
Este documento, disponible de manera gratuita en la web de la organización, está pensado para ser distribuido en parques nacionales, reservas y zonas de uso público. Incluye recomendaciones prácticas para personal de guardaparques, investigadores, guías y visitantes, como la desinfección de calzado y equipos, el control de desplazamientos entre distintos sitios de muestreo o turismo, y pautas básicas de bioseguridad.
La ONG, formada por un equipo multidisciplinar de científicos, veterinarios, comunicadores y artistas, combina investigación ecológica, proyectos de conservación y programas de educación ambiental. Su objetivo es contribuir a un futuro más seguro para los anfibios del bosque templado austral de Chile, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta, pero también uno de los más amenazados.
En paralelo, la colaboración con entidades como la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) permite conectar la experiencia generada en Chile con redes internacionales de especialistas en enfermedades de fauna salvaje, algo especialmente útil para otros territorios que enfrentan problemas similares con sus propias especies de ranas y sapos.
Todo este esfuerzo conjunto, desde el seguimiento científico a largo plazo hasta los rescates de emergencia y la creación de manuales de prevención, dibuja un panorama complejo pero no exento de esperanza: la ranita de Darwin se encuentra en una situación delicada, pero el conocimiento acumulado ofrece herramientas para actuar a tiempo y evitar que repita la suerte del sapito vaquero, un precedente que ningún otro país, en Europa o en cualquier parte del mundo, quiere ver reflejado en sus propios anfibios.
