La historia de la que iba a ser la primera explotación comercial de pulpos a gran escala en el mundo ha dado un giro en Canarias. El proyecto previsto en el Puerto de Las Palmas acabó con la retirada de la solicitud y el archivo del expediente, según coinciden las informaciones difundidas por distintas fuentes vinculadas a la campaña contra estas instalaciones. La empresa aludió a la evolución del procedimiento y a nuevos requisitos ambientales, entre ellos una evaluación ordinaria más exigente, en un contexto marcado por los plazos administrativos y la controversia.
La decisión no se produjo en un vacÃo. Llegó después de varios años de movilizaciones ecologistas, alertas cientÃficas y campañas de protección animal que cuestionaban la viabilidad ética y ambiental de criar pulpos en cautividad a escala industrial. Para los colectivos impulsores, el cierre del caso canario supone un avance, pero no el final del problema: consideran que mientras no exista una ley estatal, pueden aparecer iniciativas similares en otros puntos de la costa.
Canarias: un proyecto que no llega a puerto
En Gran Canaria, la instalación se habÃa planteado como un salto desde la investigación a la producción industrial. La solicitud para ocupar terrenos portuarios y desarrollar el cultivo de pulpo fue retirada oficialmente y la Autoridad Portuaria de Las Palmas procedió al archivo. La compañÃa sostuvo que el desistimiento respondÃa a la evolución del expediente y a los nuevos condicionantes ambientales.
El movimiento contrario al proyecto reunió a entidades de defensa de los animales, grupos ecologistas y expertos en cefalópodos. Su presión, junto a los requerimientos administrativos que fueron apareciendo, fue erosionando el apoyo a una macrogranja marina que durante cinco años estuvo bajo la mirada internacional. Las organizaciones interpretaron el archivo como un resultado de la movilización ciudadana y de la evidencia cientÃfica sobre la complejidad de los pulpos.
A pesar de ese desenlace, la retirada no equivale a una prohibición. La legislación española actual no impide que se presenten nuevas iniciativas de crÃa intensiva de pulpos, por lo que el debate sigue vivo. Las organizaciones que impulsaron la campaña insisten en que el archivo de un expediente concreto no elimina la posibilidad de que otras empresas intenten ocupar ese hueco.
Galicia mantiene abierto el debate sobre la crÃa en cautividad

La atención se ha desplazado también a Galicia. En Moaña, Pontevedra, sigue adelante un proyecto de experimentación y crÃa de pulpo común que, según las informaciones conocidas, podrÃa evolucionar hacia una producción de escala industrial. La instalación se presenta como un criadero experimental, pero las organizaciones contrarias advierten de que sus objetivos a medio plazo apuntan en esa dirección.
Entidades ecologistas y animalistas han pedido que se examinen con lupa las implicaciones ambientales, sanitarias y de bienestar animal del proyecto gallego. Entre sus crÃticas aparecen las dudas sobre la supervivencia de los ejemplares en cautividad y el posible impacto sobre el entorno marino. Consideran que la actividad podrÃa convertirse en un nuevo foco de conflicto en la costa si acaba dando el salto a la producción industrial.
Este escenario refuerza el mensaje de la campaña contra las macrogranjas de pulpos: que una instalación concreta se caiga no significa que el modelo quede descartado. Mientras siga siendo jurÃdicamente posible, pueden plantearse nuevos proyectos en Galicia o en cualquier otro punto del litoral, sostienen las entidades implicadas en la oposición.
El Congreso y la presión internacional

En el Congreso de los Diputados existe una proposición de ley que pretende prohibir expresamente la crÃa intensiva de pulpos en España. El texto, registrado en junio de 2025, propone modificar la Ley de Cultivos Marinos para impedir la autorización de explotaciones comerciales dedicadas a esta especie. La iniciativa está pendiente de su toma en consideración por el Pleno y se apoya en el principio de precaución y en los estudios sobre la inteligencia, la sensibilidad y el comportamiento de los pulpos.
La asociación de juristas INTERCIDS ha reclamado al Gobierno y a los grupos parlamentarios que impulsen esa prohibición. Sostiene que la naturaleza salvaje del pulpo no encaja con un modelo de hacinamiento industrial y que, al no existir aún granjas comerciales consolidadas, prohibirlas ahora evitarÃa riesgos ambientales, sanitarios y de bienestar animal. La propuesta también ha sido respaldada por entidades que piden una regulación estatal antes de que nuevos proyectos lleguen a escala comercial.
Los argumentos cientÃficos ocupan un lugar central en este debate. Los pulpos son animales con gran capacidad de aprendizaje, memoria y resolución de problemas, además de comportamientos complejos, aspectos que se analizan en este viaje entre tradiciones, ciencia y gastronomÃa. En la naturaleza suelen ser solitarios y territoriales, por lo que concentrar grandes cantidades en espacios reducidos genera dudas sobre su bienestar. Se advierte de dificultades para reproducir en cautividad unas condiciones compatibles con su comportamiento natural.
A estas objeciones se añaden los riesgos sanitarios y ambientales que diversas entidades atribuyen a la producción intensiva. Al no existir una regulación especÃfica y tratarse de una actividad todavÃa no implantada a escala comercial, los colectivos piden que se aplique el principio de precaución antes de autorizar nuevos proyectos. Consideran que cualquier paso hacia macrogranjas de pulpos debe someterse a un escrutinio cientÃfico, ambiental y sanitario mucho más exigente.
El debate también ha cruzado fronteras. Colombia tramita una iniciativa legislativa para prohibir la crÃa intensiva de cefalópodos, incluidos pulpo, calamar y sepia, asà como la importación de productos procedentes de ese tipo de explotaciones. A ello se suma un movimiento internacional en el que distintos territorios ya han empezado a abordar restricciones similares. Si la proposición española prosperase, España podrÃa situarse a la cabeza de una tendencia que cuestiona la acuicultura intensiva de cefalópodos.
El archivo del proyecto canario ha sido un golpe para quienes aspiraban a industrializar la crÃa de pulpos, pero no resuelve el fondo del asunto. Galicia sigue en el punto de mira, el Congreso mantiene una propuesta para prohibir esta actividad y la presión internacional no deja de crecer. La pregunta que queda sobre la mesa es si España optará por regular antes de que nuevas iniciativas intenten convertirse en realidad, o si el cierre de Las Palmas quedará como un episodio aislado dentro de un debate mucho más amplio.
