
La falta de lluvias y las temperaturas extremas están convirtiendo los ecosistemas acuáticos europeos en un drama. La población de peces de varios países sufre una mortandad sin precedentes, mientras los niveles de agua caen hasta dejar embarcaciones varadas en el barro. La sequía se ha cebado con ríos, lagos y estanques, poniendo en jaque a toda la cadena de vida que depende de ellos.
La situación afecta tanto a grandes ríos como el Danubio como a pequeños lagos y estanques de cría. Las pérdidas económicas se cuentan en millones de euros y los pescadores y acuicultores temen que la recuperación tarde años. Mientras tanto, los científicos insisten en que el cambio climático está detrás de estos fenómenos extremos, y los gobiernos empiezan a plantear soluciones a largo plazo para retener agua en el territorio.

La agonía del Danubio en Serbia
En el norte de Serbia, un canal lateral del Danubio se ha quedado prácticamente seco, dejando solo dos pequeñas charcas con agua. La temperatura del agua supera los 30 grados centígrados, y los peces jóvenes nadan en círculos en un espacio cada vez más reducido. El pescador local Dusan Jovanovic explica que «las temperaturas este año son extremas, nadie recuerda algo así».
Jovanovic teme que si empiezan a morir, lo harán todos a la vez. «Si empiezan a morir, morirán todos de golpe», advierte. La única solución que ven es trasladar a los peces a otro lugar, pero no hay suficientes recursos para hacerlo. La situación en Serbia es un reflejo de lo que ocurre en toda la región, donde la industria pesquera se ha visto muy golpeada.

Hungría: un país entero bajo la sequía
Según el servicio meteorológico nacional, alrededor del 99% del territorio húngaro está en situación de sequía severa o extrema. La desertificación amenaza gran parte de la llanura húngara, y las aproximadamente 27.000 hectáreas de estanques de peces son de las zonas más perjudicadas. El Ministerio de Agricultura ha reportado que 1.588 hectáreas de estanques se han secado, causando la muerte de casi 280 toneladas de peces en 20 granjas.
Las pérdidas económicas se estiman en 1.300 millones de forintos (unos 4,2 millones de dólares). Los productores aseguran que reemplazar las poblaciones de peces puede llevar años. En algunos casos, los operadores se ven obligados a vaciar un estanque y desviar el agua para salvar a los peces de otro, una decisión desesperada que muestra la magnitud de la crisis.

Rumanía y Chequia: efectos acumulados y medidas de emergencia
En Rumanía, los piscicultores que crían carpas están sufriendo las consecuencias de la ola de calor actual, que se suma a las severas sequías de años anteriores. El ciclo de producción de la carpa es de tres a cuatro años, por lo que las pérdidas acumuladas tienen un impacto duradero. El presidente de la Asociación Nacional de Productores de Pescado ROMFISH, Catalin Platon, denuncia que las políticas de riego agrícola han dejado sin agua a los peces: «nos dejaron sin agua para los peces», lamenta.

En la República Checa, los piscicultores han puesto en marcha medidas de emergencia como reducir la alimentación para bajar el consumo de oxígeno, airear los estanques o drenarlos cuando es necesario. Jan Sokolik, técnico de la pesquería Rybarstvi Trebon, explica que los estanques marginales ya se han vaciado y ahora están decidiendo qué hacer con los grandes. A largo plazo, la Asociación Checa de Pesca insiste en que se necesitan medidas para retener más agua en el paisaje, más allá de esperar a las lluvias.

Bosnia y Eslovenia: truchas y lagos en riesgo
En Bosnia, la cría de truchas está al borde del colapso. La trucha necesita agua fría y muy oxigenada, y con las altas temperaturas, los criadores se ven obligados a reducir la producción y la alimentación para que el negocio sobreviva. Veljko Budjen, propietario de una granja cerca de Trebinje, indica que una opción es añadir oxígeno líquido al agua durante el verano, aunque reconoce que sin lluvias no hay solución fácil.
En Eslovenia, los bomberos han estado bombeando agua al lago Pristava, uno de los más frecuentados por los pescadores, para evitar una asfixia masiva de peces. Se han vertido 8 millones de litros de agua, pero Danijel Fras, de la Asociación de Pesca Pesnica Lenart, muestra su sorpresa por que haya sobrevivido algún pez. La desesperación se apodera de los pequeños pueblos que viven de la pesca.

La crisis de este verano ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sector pesquero europeo frente al cambio climático. Los países afectados coinciden en que se necesitan inversiones en infraestructuras de retención de agua y una gestión más equilibrada de los recursos hídricos, que priorice también las necesidades de los ecosistemas acuáticos. Mientras tanto, pescadores y productores siguen luchando contra un enemigo que no da tregua: la sequía.