La tortuga boba consolida la nidificación en el Mediterráneo español

  • Delta del Ebro se afianza como foco principal: seis de cada diez puestas en Cataluña y 885 huevos viables esta temporada.
  • Mojácar registra nacimientos 55 días tras la puesta: nido reubicado, 99 huevos y programa de headstarting en Algeciras.
  • Impulso por calentamiento del agua, calidad de hábitats, y colaboración de entidades y ciudadanía.
  • Expectativas al alza: la temporada sigue abierta, posibles nacimientos hasta octubre y aumento sostenido como en Italia.

Tortuga boba en el Mediterráneo

La tortuga boba (Caretta caretta) gana terreno en el litoral mediterráneo español con un repunte de puestas y nacimientos que refuerza una tendencia ya visible en los últimos años. Este verano, el Delta del Ebro se ha asentado como zona clave de anidación, mientras que en Mojácar ya han asomado las primeras crías tras un manejo técnico y de vigilancia continuado.

El fenómeno se atribuye a una combinación de aguas más cálidas por el cambio climático, la calidad de los espacios naturales, y la mejora de los protocolos y la implicación ciudadana. Las puestas suelen arrancar a mediados de junio y, con unas incubaciones de unos 50 días, los alumbramientos pueden alargarse hasta bien entrado el otoño.

El Delta del Ebro se afianza como área clave de puesta

Tortuga boba en el Mediterráneo

En lo que va de temporada, seis de las diez puestas confirmadas en playas catalanas se concentran en el Delta del Ebro, un enclave que los especialistas ya describen como uno de los más importantes de la costa mediterránea para la especie. La concentración de nidos en esta zona equivale, aproximadamente, a una de cada cuatro puestas registradas en toda España (suelen oscilar entre 20 y 30 por año), mientras que el resto de puestas catalanas se han localizado en la Costa Brava.

El calendario de 2025 ilustra el ritmo de la temporada: 20 de junio, primer nido en el Delta con 119 huevos; el 25 de junio se detectan dos nuevos en Sant Feliu de Guíxols y de nuevo en el Delta (con 101 y 90 huevos); el 6, 16 y 17 de julio se suman más puestas en el Delta (con 100, 101 y 93 huevos); el 19 de julio aparece un nido en Platja d’Aro con 74 huevos no viables; el 24 de julio se registra otra puesta de 113 en el Delta; el 27 de julio, 63 en l’Escala, y el 30 de julio, 105 en l’Estartit. El balance habla de 885 huevos viables.

La administración autonómica considera que la curva seguirá al alza: la temporada no está cerrada y podrían confirmarse nuevas puestas o aparecer nidos que hasta ahora han pasado desapercibidos. Dado que los nacimientos pueden prolongarse más allá de septiembre, no se descartan eclosiones hasta octubre; de hecho, en el Delta ya han salido las primeras crías esta semana.

Este auge confirma un cambio de comportamiento respecto a décadas anteriores: en Cataluña se documentaban sobre todo juveniles y subadultos alimentándose en la costa, y no fue hasta 2006 (Premià de Mar) y 2011 (Malgrat de Mar) cuando se localizaron las primeras puestas. La expansión en el Mediterráneo occidental recuerda a lo ocurrido en Italia, donde se pasó de apenas 2-5 nidos a finales de los 90 a cifras que hoy rondan los 700-800 anuales.

Nacimientos en Mojácar y manejo del nido

Tortuga boba en el Mediterráneo

En Mojácar (Almería), la primera cría emergió en la playa de la Rumina tras 55 días desde la puesta realizada el 22 de junio, compuesta por 99 huevos. Para minimizar el impacto de temporales, el nido se reubicó cerca del punto original siguiendo el protocolo interadministrativo, trasladándose 20 huevos al Oasys Minihollywood de Tabernas y manteniéndose 79 en la misma playa con medidas de protección y control térmico.

En los días previos al alumbramiento se observó el hundimiento característico de la arena que anuncia la eclosión. La vigilancia ha sido ininterrumpida, con Agentes de Medio Ambiente, personal del Ministerio, Policía Local y voluntariado de la asociación SERBAL, entidad reconocida en 2024 con el Premio Andalucía de Medio Ambiente.

Las crías serán derivadas al Centro de Gestión del Medio Marino Andaluz, en Algeciras, para un programa de headstarting que las mantiene durante aproximadamente un año hasta alcanzar en torno a 700 gramos y endurecer el caparazón. Este refuerzo inicial aumenta la supervivencia frente a depredadores en una especie en la que, pese a tasas de eclosión del 70-90%, apenas alrededor del 1% llega a la madurez reproductora.

Almería suma antecedentes de anidación en Vera (2001), Pulpí (2015) y Mojácar (2021 y 2023), junto a intentos sin nido en Agua Amarga (2014), Cuevas del Almanzora (2016) y Mojácar (2024). La presencia de nidos en playas españolas es cada vez más habitual, un patrón asociado al aumento térmico del Mediterráneo y a una vigilancia y sensibilización social más activas.

Causas del cambio y retos de conservación

Tortuga boba en el Mediterráneo

Los factores que explican este giro incluyen el calentamiento del agua, la existencia de espacios naturales bien conservados, la baja contaminación lumínica en tramos de costa y la colaboración entre administraciones, entidades como Fundación CRAM y Beta-Universitat de Vic, y el propio sector pesquero que devuelve juveniles atrapados de forma accidental. El entorno marino del Delta del Ebro también actúa como área de alimentación de juveniles procedentes del Atlántico occidental y del Mediterráneo oriental.

La biología de la especie condiciona su vulnerabilidad: las hembras alcanzan la madurez sexual entre los 15 y 30 años, pueden superar el metro de caparazón y los 200 kilos, y entierran los huevos a 35-50 cm en la arena antes de retornar al mar. Aunque la temporada convive con playas masificadas y temporales, los técnicos confían en batir récords de puestas si continúa la tendencia.

La comunidad científica investiga por qué las puestas del Mediterráneo oriental suelen rondar 70-90 huevos y en el occidental alcanzan a veces hasta 130. Con la temporada aún en marcha y una presencia cada vez más normalizada en playas españolas, las previsiones apuntan a una expansión sostenida del número de nidos en los próximos años.

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El mapa que dibujan Delta del Ebro y Mojácar es el de una especie que se adapta a un Mediterráneo cambiante, apoyada por protocolos de manejo, ciencia y ciudadanía: más nidos, mejores datos y una ventana de oportunidad para asegurar su conservación a largo plazo.