Las algas rojas tiñen de rosa la Antártida y aceleran el deshielo

  • Las floraciones de algas rojas pueden cubrir hasta el 12% de cada isla en las Shetland del Sur, con un máximo de 176 km².
  • Estas microalgas reducen el albedo de la nieve hasta en un 20%, favoreciendo el deshielo y un bucle de retroalimentación climática.
  • El estudio, liderado por el ICMAN-CSIC con apoyo de universidades españolas, combina satélites Sentinel-2, drones y técnicas de inteligencia artificial.
  • Los datos de 2018-2024 apuntan a una expansión anual de la ‘nieve rosa’, con implicaciones clave para el seguimiento del cambio climático en la Antártida.

Algas rojas en la Antártida

Cada verano austral, una parte del paisaje blanco del sur del planeta se transforma en un lienzo rosado. Bajo esa estampa llamativa se esconde un fenómeno que preocupa a la comunidad científica: las floraciones masivas de algas rojas en la Antártida están acelerando el deshielo en una de las regiones más sensibles al calentamiento global.

Un amplio conjunto de trabajos liderados por equipos españoles ha permitido cuantificar por primera vez la verdadera dimensión de este proceso. Gracias a la combinación de teledetección satelital, vuelos con drones e inteligencia artificial, los investigadores han trazado un mapa detallado de la llamada “nieve rosa” en el archipiélago de las islas Shetland del Sur, un punto clave para la presencia científica de España en la Antártida.

Qué son las algas rojas y por qué tiñen la nieve de rosa

Las protagonistas de este fenómeno son microalgas conocidas de forma genérica como algas rojas, una comunidad de microorganismos que incluye especies fotosintéticas y heterotróficas capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Para protegerse de la radiación y del frío antártico desarrollan pigmentos fotoprotectores y fotosintéticos que, al concentrarse sobre la nieve, le dan un característico tono rosado o rojizo.

Este curioso cambio de color es lo que se conoce popularmente como “nieve rosa”. Se observa sobre todo entre diciembre y febrero, durante el verano austral, cuando las condiciones de luz y temperatura facilitan el crecimiento de estas microalgas en la superficie nevada y en el hielo. Lejos de ser una simple rareza visual, se ha convertido en un indicador de cómo están cambiando los ecosistemas polares.

En las islas Shetland del Sur, situadas a unos 120 kilómetros del continente antártico, la nieve rosa aparece tanto en glaciares como en nieves costeras y casquetes polares. Esta zona es especialmente relevante para la ciencia española porque alberga las bases antárticas Gabriel de Castilla (en la isla Decepción) y Juan Carlos I (en la isla Livingston), dos enclaves desde los que se ha seguido muy de cerca la expansión de estas floraciones.

Los investigadores describen estos episodios como “blooms” o floraciones masivas, en los que un amplio abanico de microorganismos se multiplica rápidamente sobre la nieve. Aunque a simple vista solo se percibe un velo rosado, los análisis muestran una compleja comunidad biológica con un papel mucho más importante del que se pensaba en la dinámica del hielo y de los ciclos de nutrientes en la región.

Nieve rosa por algas rojas en la Antártida

Hasta el 12% de cada isla cubierta por algas rojas

Los distintos estudios coordinados por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), con la participación de la Universidad de Cádiz y la Universidad del País Vasco, han cuantificado por primera vez la extensión real de estas floraciones en el archipiélago de las Shetland del Sur. Los datos señalan que, durante el verano austral, las algas pueden ocupar entre el 3% y el 12% de la superficie de cada isla.

En términos absolutos, esa horquilla supone una superficie máxima de 176 kilómetros cuadrados cubiertos por nieve teñida de rosa, una cifra muy superior a la que recogían trabajos previos. Lejos de tratarse de pequeñas manchas dispersas, las imágenes muestran mantos continuos de nieve rosada que se extienden por laderas glaciares, zonas costeras y partes de los casquetes polares de las islas.

Las observaciones abarcan un periodo de seis años, entre 2018 y 2024, lo que ha permitido detectar una evolución clara: en la mayoría de campañas, las áreas afectadas por las algas son algo mayores que en la temporada anterior, y su presencia se alarga a lo largo del verano. Aunque los investigadores piden cautela y reclaman series temporales más largas, todo apunta a una tendencia creciente tanto en superficie como en duración.

Esta expansión no solo tiene importancia local. El archipiélago de las Shetland del Sur es una de las principales puertas de entrada al continente antártico y un laboratorio natural donde se estudia la respuesta de las regiones polares al calentamiento global. Por ello, lo que allí sucede se interpreta como una señal temprana de los cambios que pueden extenderse a otras zonas del continente helado.

Las conclusiones del trabajo, publicadas en la revista Communications Earth & Environment, encajan además con otras evidencias independientes de un aumento generalizado del deshielo y de la inestabilidad del hielo costero antártico en las últimas décadas.

Menos albedo, más deshielo: el efecto climático de la nieve rosa

El aspecto clave de estas floraciones no es tanto su color como el efecto físico que provocan sobre la superficie nevada. La nieve limpia refleja gran parte de la radiación solar que recibe, pero la presencia de pigmentos oscuros en las algas reduce esa capacidad de reflexión, un parámetro que se conoce como albedo.

Según explica el investigador del CSIC Alejandro Román, primer firmante de varios de estos trabajos, las algas rojas pueden disminuir el albedo superficial hasta en un 20%. Eso significa que la nieve deja de comportarse como un espejo tan eficiente y pasa a absorber más energía solar. Como consecuencia directa, aumenta la temperatura de la superficie y se acelera la fusión de nieve y hielo.

Este cambio relativamente pequeño en el albedo tiene efectos desproporcionados en un entorno tan frío y estable como el antártico. La fusión acelerada genera finas láminas de agua líquida y zonas encharcadas sobre el hielo, condiciones ideales para que las microalgas sigan creciendo. A su vez, esta mayor proliferación oscurece aún más la superficie, aumentando de nuevo la absorción de energía solar.

Se produce así un bucle de retroalimentación positiva: más algas implican menos albedo; menos albedo supone más deshielo; y el agua de deshielo crea un ambiente aún más favorable para que las algas se expandan. En un contexto de calentamiento global, este mecanismo contribuye a debilitar todavía más la estabilidad de la criosfera antártica.

Además del efecto sobre la energía que entra en el sistema, las floraciones de nieve rosa alteran la dinámica de nutrientes y los ciclos del carbono en las zonas costeras, ya que estas microalgas participan en las cadenas tróficas locales y en procesos biogeoquímicos que aún se están empezando a cuantificar con detalle.

Seis años de datos en un laboratorio natural de la ciencia española

Para comprender la evolución de este fenómeno, el equipo ha recopilado información durante seis campañas estivales consecutivas. Entre 2018 y 2024 se han registrado de manera sistemática las áreas cubiertas por nieve rosa en las distintas islas del archipiélago, prestando especial atención a aquellas donde se ubican las bases españolas Gabriel de Castilla y Juan Carlos I.

Las bases operadas por España en la Antártida se han convertido en plataformas fundamentales para el seguimiento de los cambios climáticos y ecológicos en el entorno polar. Desde ellas se despliegan equipos sobre el terreno, se lanzan drones, se recogen muestras y se contrasta la información obtenida con los datos de satélite, lo que permite validar los modelos y mejorar la interpretación de las imágenes remotas.

Los investigadores señalan que los datos disponibles apuntan a un aumento interanual tanto de la superficie afectada como del tiempo en que las floraciones permanecen activas durante el verano. En algunas campañas, zonas que apenas mostraban manchas aisladas de algas han pasado a presentar coberturas significativas a escala de valle o ladera.

Aun así, el propio equipo insiste en que es necesario disponer de series más largas y ampliar el seguimiento a otras regiones del continente para confirmar con rotundidad las tendencias observadas. La variabilidad natural de las condiciones meteorológicas antárticas puede enmascarar algunos patrones, por lo que consideran imprescindible mantener y reforzar los programas de observación a largo plazo.

En este sentido, la coordinación entre instituciones españolas y de otros países con presencia en la zona se considera clave para compartir datos, armonizar metodologías y construir un mosaico regional que permita evaluar el papel de las algas rojas dentro del conjunto del sistema climático antártico.

Investigación sobre algas rojas en la Antártida

Satélites, drones e inteligencia artificial para cartografiar las floraciones

Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es la metodología empleada. El equipo ha combinado imágenes del satélite Sentinel-2, del programa europeo Copernicus, con información recogida por sensores hiperespectrales instalados en drones que sobrevuelan las zonas de estudio. Esta doble aproximación permite observar el fenómeno tanto a gran escala como con un nivel de detalle muy fino.

Los sensores hiperespectrales registran cómo refleja la superficie la luz en numerosas longitudes de onda. A partir de estas firmas espectrales, los investigadores han podido identificar con precisión la huella característica de las algas rojas sobre la nieve, diferenciándola de otros tipos de cobertura, como roca expuesta, nieve limpia o hielo sucio por polvo mineral.

Con toda esta información se ha construido la primera base de datos hiperespectral de floraciones de algas rojas en la Antártida, que se ha puesto a disposición de la comunidad científica en acceso abierto. Esta base de datos sirve como referencia para entrenar algoritmos de clasificación en imágenes de teledetección y mejorar así la detección automática de nieve rosa en nuevas escenas satelitales.

Sobre esa base, el equipo ha aplicado técnicas de aprendizaje automático (machine learning) a 45 imágenes de Sentinel-2 libres de nubes, que cubren la totalidad del archipiélago de las Shetland del Sur. Mediante análisis supervisado, los modelos han permitido cartografiar con detalle la distribución espacial de las algas en cada temporada.

El enfoque confirma que las floraciones no son eventos locales aislados, sino procesos de gran escala que se repiten año tras año y que pueden modificar de forma apreciable el balance energético regional y las dinámicas de deshielo en las zonas costeras antárticas.

Impacto ecológico y climático: una señal de alarma polar

Más allá de su efecto inmediato sobre la nieve y el hielo, las floraciones de algas rojas se consideran ya un indicador ecológico de la respuesta de la Antártida al calentamiento global. Su presencia creciente sugiere cambios en la disponibilidad de agua líquida, en las condiciones de luz y en la estabilidad de las superficies heladas durante el verano austral.

Los resultados de estos trabajos se utilizan para alimentar modelos que intentan predecir la evolución del hielo antártico y su contribución futura al aumento del nivel del mar. Si el mecanismo de retroalimentación entre nieve rosa y deshielo se refuerza con el tiempo, la pérdida de masa de hielo podría acelerarse más de lo que plantean algunos escenarios conservadores.

Desde el punto de vista ecológico, las algas rojas participan en las cadenas tróficas de la región, sirviendo de recurso para otros microorganismos e influyendo en los ciclos de nutrientes y del carbono en los ecosistemas costeros. Los investigadores trabajan ahora en cuantificar cómo estas floraciones modifican la productividad biológica local y qué implicaciones tienen para otros organismos que dependen del hielo estacional.

Al mismo tiempo, el desarrollo de sistemas de monitorización continua basados en observación remota e inteligencia artificial abre la puerta a un seguimiento casi en tiempo real de los cambios en la cubierta nival. Esto permitirá detectar antes las anomalías, evaluar el impacto de episodios meteorológicos extremos y ajustar las campañas de campo para aprovechar mejor los recursos logísticos en una región tan remota.

En conjunto, los estudios sobre las algas rojas en la Antártida, con un marcado liderazgo de centros de investigación españoles, dibujan un escenario en el que la nieve rosa deja de ser una simple curiosidad paisajística para convertirse en una pieza clave del rompecabezas climático polar. La combinación de satélites, drones y algoritmos avanzados está ofreciendo una imagen cada vez más clara de hasta qué punto estos diminutos microorganismos pueden influir en el deshielo del continente blanco y, en última instancia, en la estabilidad del clima global.

Características de las algas rojas
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