La reproducción de las tortugas marinas está cambiando a un ritmo preocupante. Dos investigaciones recientes, una en el Atlántico oriental y otra en el Pacífico, coinciden en que las hembras están adelantando su llegada a las playas, pero los resultados reproductivos son cada vez más pobres. Mientras que en Cabo Verde se ha observado una reducción en el número de huevos y nidos, en las Islas Galápagos el aumento de la temperatura de la arena está desequilibrando la proporción de machos y hembras.
Ambos estudios, publicados por equipos internacionales, subrayan que la aparente bonanza en las playas puede ser engañosa. A simple vista, más nidos y anidaciones tempranas parecen un éxito, pero el seguimiento a largo plazo revela que las tortugas trabajan más para obtener menos resultados. La clave está en lo que ocurre mar adentro.
Un estudio de larga duración en Cabo Verde
Investigadores de la Queen Mary University of London y la Associação Projeto Biodiversidade monitorizaron a las tortugas marinas de Cabo Verde durante 17 años, una de las colonias más importantes del Atlántico oriental. Los datos muestran que las hembras llegan antes a las playas, pero con reservas energéticas mucho más reducidas. Al ser especies que dependen de la energía acumulada en sus zonas de alimentación, cualquier escasez se traduce en menos puestas.
Los científicos utilizaron estimaciones satelitales de clorofila para medir la productividad marina frente a África Occidental. Encontraron una caída importante en la disponibilidad de alimento, lo que explica que el intervalo entre temporadas reproductivas se haya duplicado, pasando de dos a cuatro años. Además, cada hembra construye menos nidos y cada nido contiene menos huevos que en registros anteriores.
El impacto del cambio climático en Galápagos
En el otro lado del mundo, la Fundación Charles Darwin ha registrado temperaturas de arena superiores a 32 grados centígrados en las playas de anidación de la tortuga verde en la isla Isabela. La temperatura pivotal, que determina una proporción equilibrada de sexos, ronda los 29 grados. Por encima de ese umbral, nacen más hembras que machos, lo que a largo plazo compromete la capacidad reproductiva de la población.
La investigadora Macarena Parra alerta de que el cambio climático también intensifica eventos extremos como lluvias torrenciales y marejadas, que inundan los nidos o los entierran bajo nuevas capas de arena. La erosión costera modifica constantemente el perfil de las playas, dejando algunos nidos expuestos y reduciendo las probabilidades de que los embriones completen su desarrollo mediante la supervivencia de las tortugas marinas.
La necesidad de una conservación integral
Kirsten Fairweather, coautora del estudio de Cabo Verde, señaló que desde la playa todo parece un éxito de conservación, pero el seguimiento individual demuestra que las hembras obtienen resultados mucho menores. Proteger las playas de anidación sigue siendo fundamental, pero insuficiente si no se preservan también las zonas de alimentación en alta mar.
Los investigadores concluyen que, sin estrategias que integren la gestión de los recursos marinos y la protección de los hábitats oceánicos, la disminución en la producción de huevos podría derivar en un declive poblacional progresivo. Los datos acumulados durante casi dos décadas muestran una tendencia que no siempre es visible desde la orilla, pero que amenaza la supervivencia de estas especies emblemáticas.