Las tortugas bobas, una especie catalogada como “vulnerable” por la UICN, están recuperando terreno de nidificación en el Mediterráneo occidental. En los últimos años, la Comunitat Valenciana ha visto crecer el número de nidos, un repunte que se asocia a mejoras de conservación y a acciones de educación ambiental y seguimiento científico, así como a un aumento de anidamientos y liberaciones.
En este contexto, 36 crías de Caretta caretta han regresado al mar en la playa de La Marina (Elche) tras casi un año de atención en la Fundación Oceanogràfic de València. Las pequeñas tortugas, nacidas en 2024 a partir de dos nidos localizados en Arenales del Sol, han participado en el programa Head Starting, cuyo objetivo es reforzar su supervivencia en las etapas más críticas de vida.
Suelta en La Marina: 36 ejemplares vuelven al mar

El acto de liberación congregó a escolares del CEIP La Marina, vecinos, visitantes y voluntariado de la Fundación Oceanogràfic, además de representantes municipales. La cita, abierta al público, sirvió para subrayar la importancia de la conservación marina y acercar a la ciudadanía el trabajo que hay detrás de cada suelta, como cuando dos tortugas bobas regresan al mar tras su recuperación.
Desde el Ayuntamiento se remarcó el compromiso local con la protección del litoral y de su biodiversidad: se insistió en que unas playas vivas y saludables son la base para que especies emblemáticas como la tortuga boba sigan utilizando estas costas para anidar y desarrollarse.
Un año de cuidados en el Oceanogràfic
Durante doce meses, las crías recibieron alimentación específica, control ambiental (temperatura, calidad del agua y luz) y atención veterinaria continuada en las instalaciones del Oceanogràfic. Este acompañamiento reduce la elevada mortalidad natural de los primeros meses y las prepara para su vida en mar abierto, similar a otros casos como la eclosión de 38 crías en Es Cavallet.
Según la coordinación del proyecto, el enfoque Head Starting permite que la tasa de supervivencia supere el 90% en esta fase temprana, lo que incrementa las probabilidades de que una parte significativa de los ejemplares alcance la edad adulta y contribuya a la reproducción futura.
Elche, enclave de nidificación en el Mediterráneo occidental
El litoral ilicitano se consolidó en 2024 como punto de interés para la especie, con dos nidos detectados en Arenales del Sol a mediados de junio y pocos días después en la misma zona. Estos hallazgos refuerzan la relevancia ecológica del municipio dentro de la red de playas de la Comunitat Valenciana.
Desde el área de Medio Ambiente se puso en valor el trabajo de vigilancia, aviso ciudadano y respuesta técnica que se viene realizando desde hace años. La colaboración entre administración, entidades científicas y voluntariado facilita que cada temporada se gestionen los nidos con eficacia y se maximicen los nacimientos.
Retos de conservación y horizonte a largo plazo
La tortuga boba afronta múltiples amenazas: pérdida y degradación de playas de anidación, contaminación y plásticos, capturas accidentales en artes de pesca y los efectos del cambio climático, que alteran las condiciones de incubación y, con ellas, la proporción de sexos.
Con la suelta de estos 36 ejemplares, se espera que una parte regrese a las costas ilicitanas en unos 20-25 años para desovar, cerrando así el ciclo natural. Entre tanto, la continuidad de los programas de conservación y la implicación social serán decisivas para sostener la tendencia positiva de nidificación.
La jornada dejó una imagen esperanzadora: 36 tortugas bobas recuperando el mar tras un año de cuidados, el respaldo de la comunidad educativa y el trabajo técnico de la Fundación Oceanogràfic, en una acción que refuerza el papel de Elche y de la Comunitat Valenciana en la protección de esta especie emblemática.