Seguramente alguna vez te hayas cuestionado el hecho de que los peces puedan comunicarse y cómo pueden hacerlo. Varios grupos de científicos se lo han cuestionado y han realizado investigaciones para demostrar que los peces se pueden comunicar entre ellos mediante diferentes mecanismos.
En este artículo te vamos a enseñar cómo los peces pueden comunicarse, integrando lo que ya se sabe por observación y experimentos con hallazgos recientes de la bioacústica marina sobre señales acústicas, químicas y visuales, su utilidad ecológica y su relevancia para la conservación.
Sonidos de comunicación

Diferentes estudios han demostrado que los peces también tienen la capacidad de comunicarse entre sí; lo hacen con sonidos similares a gruñidos y golpes, chasquidos, zumbidos o series de pulsos rítmicos. En el medio acuático, el sonido viaja más rápido y se atenúa menos que en el aire, por lo que es una señal muy eficaz para intercambiar información incluso con baja visibilidad.
Los científicos neozelandeses consideran que todos los peces pueden oír, pero no todos tienen la capacidad de hacer sonidos. En general, producen sonidos las especies con vejiga natatoria asociada a músculos especializados de contracción rápida que vibran como un tambor; también hay especies que generan sonidos por estridulación (fricción entre elementos óseos o dentarios) o mediante señales hidrodinámicas al cambiar de velocidad o dirección.
Desde la Universidad de Auckland el profesor Ghazali aseguró que los peces se comunican frente a la necesidad de ahuyentar a los depredadores, cuando buscan aparearse y cuando necesitan orientarse. Esta idea está alineada con la evidencia de que muchas especies usan el sonido para cohesión social, defensa del territorio, coordinación de cardúmenes y localización de hábitats adecuados.
Un claro ejemplo es el pez rubio o golondrino que puede hacer diferentes sonidos. Uno que se mantiene callado es el bacalao, que solo emite algún sonido cuando debe aparearse: “La hipótesis es que usan el sonido como una herramienta de sincronización para que el macho y la hembra expulsen al mismo tiempo sus huevos y lograr así una fertilización exitosa”. Algunas especies que habitan en los arrecifes generan ruidos para evitar ser atacados por los depredadores.
Las carpas doradas que se ven en los acuarios cuentan con un excelente oído, pero no tienen la capacidad de vocalizar ni pueden hacer ningún sonido relevante para la comunicación social, un buen recordatorio de que no todas las familias han desarrollado mecanismos sonoros complejos.
- ¿Para qué emiten sonidos? Para atraer pareja, marcar territorio, coordinar el desove, defender recursos, solicitar ayuda o avisar de depredadores.
- ¿Cómo los producen? Vibración de la vejiga natatoria por músculos sónicos, fricción de huesos o dientes, y señales hidrodinámicas.
- ¿Qué ventajas tienen? Mayor alcance y rapidez que la señal visual o química, y menor dependencia de la claridad del agua y la luz.
Comunicación de los peces a través de la orina
Otro tipo de comunicación que existe en los peces puede ser a través de la orina. Existen numerosos estudios sobre ello, entre los que destaca una investigación publicada en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology. En esta investigación se cuenta que los peces se pueden comunicar a través de algunas sustancias químicas que hay en la orina, señalando estados internos como dominancia, condición reproductiva o disposición a la agresión.
La comunicación juega un papel fundamental en la vida y desarrollo de los peces. Existen peces más territoriales que tienen un comportamiento agresivo para poder defender su terreno. Para poder establecer pautas en la señalización del terreno se necesita de la comunicación. Los estudios sugieren que la comunicación química entre peces juega un papel fundamental en la convivencia. Aunque hay otras señales evidentes de que los peces se pueden comunicar entre ellos, como los grandes bancos de peces, la comunicación química es de vital importancia.
Las señales químicas incluyen compuestos solubles como feromonas y metabolitos nitrogenados que se dispersan con rapidez. Aunque el agua diluye y transporta estas sustancias, el medio acuático es favorable para la transmisión de información química a corta y media distancia, especialmente en conductos o refugios donde la corriente es menor.
También se han estudiado señales visuales y acústicas que se combinan con lo químico para conformar un sistema multimodal. Cuando hablamos de la orina, las investigaciones intentan averiguar si los peces recurren a ella para marcar el territorio o para modular el comportamiento de rivales próximos. La intensidad, la frecuencia y el contexto de emisión parecen variar según la especie y su ecología.
Experimento de la orina

Para averiguar si la orina tenía algún papel en la territorialidad, se hicieron experimentos en un tanque de agua separado por un tabique. Se evitó que los animales entraran en contacto físico entre sí. Diseñaron el tanque de tal forma que se podían ver, pero el agua de un compartimento no pasaba al otro. Se pusieron en contacto peces de diferente tamaño, ya que este es un aspecto fundamental para analizar la comunicación entre rivales.
Se les inyectó a los peces una sustancia para teñir de color azul su orina y poder medirla y observarla. Una vez hecho esto, los científicos comenzaron a medir cuánta orina expulsaban los peces en varias situaciones. Si varios peces se veían dentro del tanque, elevaban sus aletas y se acercaban al otro de forma agresiva. Además, emitían más orina en comparación con una situación en la que ambos peces no se veían.
También se observaron cambios en los patrones de comportamiento de los peces que se veían entre sí. Estos cambios solo se observaron si la orina se trasladaba al otro lado del tanque. En ese caso, si un pez veía otro más grande, reducía su agresividad y se mostraba más dócil. Se pone de relieve el papel de la señalización química en el miedo ante la depredación y la territorialidad. Si la orina no era capaz de atravesar el tabique, no se observó ningún cambio en el comportamiento, independientemente del tamaño.
Esto sugiere que la orina sirve como un método de comunicación química entre los peces. Es posible concluir que los peces emiten orina adrede para comunicar su estado motivacional y su predisposición a la agresión, y que esta comunicación se ajusta a la especie, el contexto y la época (migración, reproducción o defensa de un recurso).

Método de comunicación de peces: acústica pasiva

La acústica pasiva es una forma de registrar y estudiar cómo los peces se comunican mediante sonido. Muchas especies poseen órganos generadores de sonido: músculos que percutan rítmicamente sobre la vejiga natatoria, o estructuras que chirrían por fricción. Se ha demostrado que los peces que pueden emitir sonidos son, en su mayoría, aquellos que disponen de vejiga natatoria y/o elementos óseos adaptados a vibrar o frotar. Si inflas un globo y lo golpeas, el efecto es comparable a esa “percusión” interna.
Además, los peces pueden emitir sonidos mediante la estridulación de elementos óseos, moviendo tendones o haciendo pasar aire por cavidades corporales. Estas adaptaciones mejoran la supervivencia en el medio acuático: ante el ataque de un depredador, un sonido puede cohesionar al grupo y facilitar la huida coordinada.
Los bancos de peces están muy bien organizados y dependen del grupo para poder sobrevivir. Ante una emergencia, la comunicación -ya sea por señales acústicas, químicas o visuales- sincroniza las respuestas y reduce el tiempo de reacción ante amenazas.

Tecnologías, bibliotecas de sonidos y utilidad para la conservación
Los avances recientes permiten “escuchar” el mar con gran detalle. Hidrófonos de fondo, grabadoras autónomas y técnicas de audio espacial combinadas con vídeo 360° ayudan a identificar qué especie produce cada sonido y en qué contexto. Estos dispositivos se instalan sin presencia humana directa para evitar sesgos en el comportamiento, capturando paisajes sonoros completos durante días o semanas.
La señal acústica se usa ya para localizar agregaciones de desove, evaluar la salud de arrecifes, detectar especies invasoras e identificar hábitats esenciales. Algunas familias son destacadas productoras de sonidos sociales (como Sciaenidae, Batrachoididae o Pomacentridae), mientras que otras, como muchos ciprínidos, son más silenciosas. Aun así, incluso especies pequeñas pueden ser sorprendentemente ruidosas en relación con su tamaño, con aparatos fonadores miniaturizados que generan señales muy intensas para la competencia entre machos o la defensa de recursos.
Esta información se organiza en bases de datos y bibliotecas sonoras que reúnen cientos de registros validados por especialistas. A pesar de que el catálogo global aún cubre una fracción pequeña de las especies de peces conocidas, su crecimiento continuado facilita estudios comparativos, entrenamientos de modelos de reconocimiento y estrategias de manejo pesquero más precisas.
Un aspecto clave es que muchos sonidos de peces son específicos de especie (o de familia), con diferencias en frecuencia, duración y patrones de pulsos. Esto posibilita la identificación acústica a distancia, tal y como sucede con cantos de aves, y abre la puerta a censos pasivos en áreas protegidas o remotas sin necesidad de buceo continuo.
Paisajes sonoros del océano y ruido antropogénico
El paisaje sonoro marino integra tres grandes componentes: geofonía (ruidos abióticos, como olas o lluvia), biofonía (sonidos de peces e invertebrados, además de mamíferos marinos) y antrofonía (actividades humanas). Conocer estos componentes en cada zona permite interpretar patrones ecológicos y detectar anomalías.
El ruido antropogénico derivado del tráfico marítimo, sonares o dispositivos acústicos de disuasión puede enmascarar señales de los peces y provocar efectos fisiológicos y de comportamiento: mayor ocultamiento, disminución de la reproducción, cambios en la alimentación, aumento del estrés e incluso mortalidad en escenarios extremos. Es como intentar mantener una conversación en medio del estruendo, lo que complica atraer pareja, coordinar desoves o defender el territorio.
Comprender cuándo, dónde y cómo suenan los peces permite diseñar medidas de mitigación (zonas de calma acústica, regulación de rutas, horarios y velocidades, o ventanas de actividad pesquera). Esto también ayuda a ubicar áreas de desove para gestionarlas de forma adecuada, protegiendo los momentos críticos del ciclo de vida.
- Monitoreo no invasivo: los hidrófonos registran actividad durante largos periodos y detectan ciclos diarios, de mareas o lunares.
- Gestión pesquera: la firma acústica del desove orienta vedas temporales y estrategias de explotación sostenible.
- Restauración: comparar el paisaje sonoro de arrecifes sanos con zonas en recuperación permite evaluar el éxito de las acciones.
- Detección temprana: sonidos particulares facilitan identificar invasiones o recolonizaciones sin impacto directo sobre el hábitat.
También han empezado a documentarse sonidos en grupos menos estudiados, como algunos peces cartilaginosos, con registros de chirridos intensos en contextos de interacción. Esto refuerza la idea de que la diversidad acústica del océano es mucho mayor de lo que se creía y que aún queda un amplio margen por explorar, especialmente en hábitats complejos como praderas marinas o manglares.
Más allá de quién “canta” y quién no, lo relevante es que los peces usan combinaciones de señales acústicas, químicas y visuales para resolver retos de su vida diaria: encontrar pareja, defender un recurso o volver a su refugio nocturno. En conjunto, estas señales permiten una coordinación social sorprendente para un grupo tan diverso y antiguo de vertebrados.
Con todo lo anterior, el mensaje es claro: los peces no son mudos; su mundo está lleno de mensajes sonoros y químicos que les permiten sobrevivir y prosperar. Desde los gruñidos del desove hasta las señales químicas en la orina o los chasquidos de alerta, cada pieza encaja en un lenguaje sofisticado que la ciencia está descifrando gracias a la acústica pasiva, las nuevas tecnologías de registro y las bibliotecas abiertas de sonidos. A medida que se expanda el catálogo de registros y se reduzca el ruido humano, tendremos mejores herramientas para conservar las especies y los ecosistemas que dependen de estas conversaciones submarinas.


