La clásica imagen veraniega de playas llenas, sombrillas y chapuzones en Mar del Plata este año sumó un invitado poco bienvenido: las medusas, conocidas en la zona como aguavivas. Su presencia se hizo notar en distintos balnearios y generó inquietud entre quienes se acercan al mar para refrescarse.
En los últimos días se registró un proliferación de medusas cerca de la orilla, justo en plena temporada alta. Guardavidas y especialistas apuntan a un factor central: el mar se está comportando más cálido de lo normal, con temperaturas por encima de los valores históricos para esta época.
Cambio en la temperatura del mar y proliferación de medusas
La explicación de fondo está en el termómetro del Atlántico frente a Mar del Plata. Datos del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) señalan que, durante enero, la superficie del mar registró una media cercana a los 21,6 ºC, con picos que superaron los 24 ºC tras un comienzo de mes en torno a los 18,7 ºC.

Según ese seguimiento oceanográfico, durante la segunda quincena del mes el agua se mantuvo por encima del promedio climatológico calculado para el periodo 2013-2023. A partir del 23 de enero, casi todos los registros se ubicaron dentro del cuarto superior de los valores más elevados de la serie histórica, es decir, entre el 25 % de las temperaturas más altas medidas en esa franja costera.
Guardavidas de sectores como Punta Mogotes corroboran esa situación en el día a día: relatan que el mar se siente “más tibio de lo habitual” y que, en esas condiciones, las aguavivas empiezan a aparecer en mayor número cerca de la franja de bañistas. No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de uno que se repite con más frecuencia e intensidad.
En temporadas con anomalías térmicas positivas, es decir, con agua claramente más caliente que el estándar de la zona, cambian dinámicas básicas del ecosistema. Las medusas se benefician de ese escenario: se reproducen con más eficiencia, encuentran abundante alimento en el plancton y, empujadas por las corrientes, se concentran en sectores de playa donde la gente se baña.
Además de la temperatura, los días de poco oleaje y vientos del este o sudeste favorecen que los cardúmenes de medusas se mantengan cerca de la costa. En jornadas de mar muy calmo, la dispersión es menor y las aguavivas pueden acumularse en franjas acotadas, aumentando la probabilidad de contacto con los veraneantes.
Qué son las medusas y por qué llegan a la orilla

Las aguavivas que hoy se observan en la costa marplatense pertenecen a un grupo muy antiguo de animales marinos, con un cuerpo formado casi íntegramente por agua y una estructura anatómica sencilla. Bajo su campana o “sombrilla” gelatinosa cuelgan tentáculos equipados con células urticantes, capaces de inyectar toxinas microscópicas.
Estos organismos no son depredadores activos de los bañistas. Carecen de cerebro desarrollado, no distinguen presas grandes y se desplazan al ritmo de las corrientes, mareas y vientos. Su función en el ecosistema se centra sobre todo en alimentarse de pequeños organismos planctónicos y servir, a su vez, de alimento a otros animales marinos.
Cuando la superficie del mar se calienta más de la cuenta y se mantiene así varios días, se conjugan tres factores que explican su presencia masiva: mayor temperatura del agua, corrientes favorables y mucha comida disponible. Esa combinación da como resultado bancos de medusas que, casi sin “decidirlo”, son transportadas hasta la franja costera.
Guardavidas de distintos balnearios coinciden en que, cada verano, hay algún periodo en el que las aguavivas se dejan ver en cantidad. Lo que cambia ahora es la reiteración: los episodios de mar caliente se repiten y con ellos se incrementa la frecuencia de estos encuentros entre turistas y medusas.
Desde el punto de vista ecológico, la mayor presencia de estos animales es también un indicador de cambios en el Atlántico Sur, vinculados al calentamiento del océano y a la alteración de las relaciones entre depredadores y presas. No es un fenómeno aislado: se inscribe en un contexto global de variaciones climáticas.
Por qué pican las medusas y qué se siente
La molestia que relatan muchos bañistas se debe al funcionamiento de las células urticantes, llamadas cnidocitos, presentes en los tentáculos. Cada una de esas células contiene una especie de minúsculo arpón cargado con toxina que se dispara cuando algo roza la superficie del tentáculo.
En el contacto con la piel humana, ese mecanismo defensivo genera ardor intenso, sensación de quemadura, enrojecimiento y picor en la zona afectada. La magnitud de la reacción depende de la especie, del tiempo de contacto y de la sensibilidad de cada persona, siendo los niños y quienes tienen piel muy reactiva quienes suelen pasarlo peor.
En la gran mayoría de los casos, las picaduras no revisten gravedad y se limitan a una irritación local que remite con el paso de las horas o los días, especialmente si se actúa bien desde el primer momento. No obstante, la sensación puede ser muy molesta y generar preocupación, sobre todo cuando se desconoce cómo actuar.
Los guardavidas de Mar del Plata, que ya han atendido a numerosos turistas picados por aguavivas este verano, insisten en que no hay un “ataque” propio del animal: el contacto es accidental, y el mecanismo de defensa se dispara igual que lo haría ante un pequeño pez.
Solo en casos puntuales pueden aparecer síntomas más severos, como dificultad respiratoria, mareos, inflamación muy extensa o malestar general. En esas situaciones es esencial acudir cuanto antes a un centro sanitario para descartar una reacción alérgica importante u otra complicación.
Primeros auxilios: qué hacer si te pica una medusa en Mar del Plata
Ante el contacto con tentáculos de medusa, la primera medida es salir del agua de inmediato. Permanecer en la zona de baño aumenta las probabilidades de nuevos roces con restos de tentáculos que pueden seguir flotando sin ser visibles a simple vista.
Los equipos de socorrismo recomiendan no frotar la zona afectada con la mano, arena, toallas ni ningún otro material. Ese gesto, que suele hacerse por instinto, favorece que se activen más células urticantes que todavía no liberaron toxina, agravando la reacción cutánea.
Otro punto clave es evitar el lavado con agua dulce. El cambio brusco de salinidad puede estimular la descarga de cnidocitos que quedan adheridos a la piel. En su lugar, se aconseja enjuagar suavemente con agua de mar, lo que ayuda a desprender restos de tentáculos sin disparar más toxinas.
Cuando se dispone de él, el vinagre suele ser un aliado útil para inactivar las células urticantes en varias de las especies presentes en la región. Tras su aplicación, el uso de frío local (por ejemplo, hielo envuelto en un paño o bolsa fría) contribuye a aliviar el dolor y a disminuir la inflamación en el área comprometida.
Si el escozor continúa siendo importante, muchos profesionales de la salud pueden indicar cremas con corticoides suaves o antihistamínicos tópicos, siempre bajo prescripción médica. Cualquier empeoramiento brusco del cuadro o síntoma generalizado requiere valoración inmediata en un servicio de urgencias.
Cuándo acudir al médico y qué señales vigilar
Aunque lo habitual es que una picadura de medusa se maneje con medidas básicas en la propia playa, hay determinados signos que justifican pedir ayuda cuanto antes. Entre ellos, la aparición de problemas para respirar, sensación de opresión en el pecho o silbidos al inspirar.
Otros síntomas de alarma son la inflamación muy extensa que se extiende más allá de la zona de contacto, la presencia de ronchas generalizadas, mareos intensos, náuseas, desmayo o cualquier manifestación que haga sospechar una reacción alérgica fuerte.
En esos casos, los especialistas recomiendan no demorar la consulta y acudir a un centro sanitario o puesto de atención en la playa, donde pueden administrarse medicamentos específicos y vigilar la evolución clínica durante las primeras horas.
Los menores, personas mayores y quienes tienen antecedentes de alergias importantes constituyen un grupo en el que conviene extremar la precaución. Si un niño refiere dolor muy intenso, llora de manera inconsolable o muestra malestar general, resulta prudente que lo valore un profesional.
En paralelo, los guardavidas recuerdan que no se debe intentar remedios caseros sin respaldo (como aplicar orina, alcohol, limón o sustancias irritantes), ya que pueden empeorar la lesión cutánea o retrasar la aplicación de tratamientos adecuados.
Cómo prevenir las picaduras: consejos para bañistas
Evitar al cien por cien el contacto con medusas en un entorno marino abierto es complicado, pero sí se pueden seguir algunas pautas sencillas para reducir bastante el riesgo. La primera es prestar atención a las banderas, carteles y anuncios de los guardavidas, que vigilan el estado del mar de forma continua.
Cuando se detecta un aumento de aguavivas en un sector de playa, suele emitirse algún tipo de aviso. En esas circunstancias, lo más prudente es limitar el baño, buscar otro punto de la costa con menos presencia de medusas o, directamente, optar por permanecer en la arena.
También es importante no manipular ejemplares varados en la orilla, por curiosidad o para hacer fotos. Aunque el cuerpo parezca inerte, los tentáculos pueden seguir activos durante un tiempo y provocar una picadura al mínimo roce, tanto a adultos como a niños que juegan en la arena.
El uso de prendas de protección como remeras UV o trajes de neopreno finos actúa como barrera física entre la piel y los tentáculos, especialmente en zonas donde se sabe que las medusas aparecen todos los veranos. Son habituales entre practicantes de surf, bodyboard y otros deportes acuáticos, pero también pueden resultar útiles para bañistas habituales.
Por último, se aconseja entrar al agua con cierta prudencia en días de mar muy calmo y temperatura alta, ya que son las condiciones en que tienden a acumularse más aguavivas cerca de la rompiente. Observar la superficie del agua y la arena mojada antes de meterse puede evitar más de un susto.
La mayor presencia de medusas en Mar del Plata este verano se inscribe en un escenario de mares más cálidos y cambios climáticos que también se perciben en otras zonas del Atlántico. Lejos de ser una rareza, se ha convertido en un fenómeno recurrente que obliga a adaptar costumbres en la playa: informarse, seguir las indicaciones de los guardavidas y conocer las medidas básicas de primeros auxilios permite seguir disfrutando del mar, aun sabiendo que las aguavivas pueden aparecer en cualquier momento de la temporada.
