
Que las personas necesiten dormir para rendir bien al día siguiente es algo que se da por hecho, pero que descansen de forma muy parecida a los humanos, pese a no tener cerebro, resulta bastante llamativo incluso para la comunidad científica.
Una investigación internacional liderada por la Universidad Bar Ilan (Israel), y publicada en la revista Nature, pone el foco en estos animales marinos pertenecientes al filo Cnidaria para demostrar que el sueño no es una función biológica básica y muy antigua que tendría como misión central proteger el ADN de las neuronas.
Un tercio del día dormidos, como nosotros

El equipo de investigación observó el comportamiento de la medusa Cassiopea andromeda y de la anémona de mar Nematostella vectensis, comprobando que un tercio de su jornada, una proporción muy similar a la recomendada para las personas adultas.
Las pruebas con las medusas se llevaron a cabo tanto en condiciones controladas de laboratorio como en su entorno natural, lo que permitió verificar que su patrón de reposo se mantiene estable en diferentes contextos ambientales.
En el caso de las anémonas, los experimentos se desarrollaron exclusivamente en laboratorio, donde los especialistas pudieron regular la luz, la temperatura y otros factores para analizar con detalle cómo afectan al inicio y la duración del sueño.
Aunque el tiempo total de descanso es comparable, los ritmos difieren: las sobre todo por la noche, con pequeñas siestas alrededor del mediodía, mientras que concentran su reposo durante el día, lo que evidencia estrategias distintas para adaptarse a su entorno.
La luz, el reloj interno y la presión de sueño

Un análisis detallado de los datos mostró que muy influidos por los cambios de luz ambiental y por el llamado impulso homeostático del sueño, es decir, el sistema interno que acumula «presión» cuanto más tiempo se permanece despierto.
En las anémonas de mar, por su parte, el descanso resulta de la combinación del reloj circadiano interno —un mecanismo biológico que organiza las funciones del organismo en ciclos de unas 24 horas— y ese mismo impulso homeostático que también se observa en otros animales.
Este hallazgo sugiere que, incluso en organismos tan simples, sistemas muy parecidos a los de los vertebrados, incluido el ser humano, donde la alternancia de luz y oscuridad y la acumulación de cansancio marcan los tiempos de descanso.
Los investigadores destacan que, pese a la ausencia de un cerebro centralizado, estos cnidarios muestran organizada en fases y con respuestas claras a los estímulos externos, lo que los convierte en modelos muy interesantes para estudiar el origen de esta función biológica.
Vigilia, falta de sueño y daño en el ADN neuronal
Más allá de cuándo y cuánto duermen, el estudio se centró en las consecuencias celulares de alterar esos ciclos de descanso. Los datos indican que los periodos prolongados de vigilia y la privación de sueño incrementan de forma notable el daño en el ADN de las neuronas tanto en medusas como en anémonas.
Durante el estado de vigilia, estos animales se mantienen expuestos a un flujo constante de estímulos sensoriales y a una actividad metabólica más intensa, lo que se traduce en un mayor desgaste de las células nerviosas y en un coste energético elevado.
Cuando los organismos duermen, ya sea de manera espontánea o con el sueño inducido experimentalmente, se observó una reducción clara del daño genético acumulado en las neuronas, lo que apunta a que el descanso actúa como una especie de «ventana de reparación» para su material hereditario.
En los experimentos en los que se sometió a las medusas a factores de estrés externos que dañaban su ADN, como cambios ambientales bruscos, los animales reaccionaron durmiendo durante más tiempo, un comportamiento interpretado como una estrategia compensatoria para reforzar los procesos de recuperación celular.
El sueño como solución adaptativa muy antigua
Los autores del trabajo concluyen que el sueño funciona como una solución adaptativa para minimizar el coste celular de la vida en vigilia, marcada por neuronas irremplazables en funcionamiento constante, mayor locomoción y un metabolismo acelerado.
Desde la perspectiva evolutiva, se considera que las neuronas aparecieron en los llamados metazoos basales, un grupo de animales primitivos que habría tenido un aspecto y una organización interna similares a las medusas y anémonas actuales.
Al ser estos cnidarios parientes cercanos de aquellos primeros organismos con sistema nervioso, los resultados respaldan la idea de que una de las funciones más antiguas y universales del sueño en el reino animal.
El trabajo publicado en Nature, que cuenta con la participación de científicos europeos e internacionales, sugiere que el sueño no es un privilegio de los mamíferos ni de los cerebros complejos, sino un mecanismo profundamente arraigado en la historia de la vida, presente ya en formas de vida muy sencillas que habitan los océanos.
Todo este conjunto de evidencias refuerza la idea de que medusas y anémonas, pese a su aparente simplicidad, son modelos clave para entender cómo y por qué surgió el sueño en los animales, y abre la puerta a nuevas investigaciones en Europa y en otros continentes sobre el papel del descanso en la protección del ADN y en la salud del sistema nervioso a lo largo de la evolución.