
Las playas de las islas Cíes y del resto del Parque Nacional das Illas Atlánticas han amanecido estos días cubiertas por miles de pequeños cangrejos patudos, creando una estampa tan llamativa como poco habitual para quienes se acercan a la costa. Arenales y zonas rocosas se han visto literalmente tapizados por estos crustáceos de patas largas, arrastrados hasta la orilla por la marea y las corrientes.
Este episodio, que se ha podido observar también en Ons, Sálvora y Cortegada, ha despertado la curiosidad de visitantes y residentes, pero los técnicos del parque recuerdan que se trata de un proceso natural. Lo extraordinario no es la presencia de la especie, relativamente frecuente en Galicia, sino la magnitud del afloramiento masivo registrado en los últimos días.
Un fenómeno masivo en todo el Parque Nacional das Illas Atlánticas
Desde la dirección del Parque Nacional se ha explicado que la llegada de miles de cangrejos patudos (Polybius henslowii) a las playas no es un suceso aislado en un solo archipiélago, sino un fenómeno extendido por varias islas del conjunto protegido. Las redes sociales del parque se han llenado de imágenes de las orillas llenas de ejemplares, con comentarios de sorpresa de quienes se toparon con esta escena durante sus paseos por la costa.
En las últimas jornadas, el personal del parque y diversas fuentes científicas han descrito el evento como un afloramiento masivo de una especie pelágica, es decir, habitual en mar abierto, que ocasionalmente acaba varando en el litoral. Aunque este tipo de apariciones se repite de vez en cuando, los técnicos reconocen que la intensidad registrada ahora destaca respecto a otras temporadas.
Los arenales de las islas Cíes, así como las rocas de Ons, Sálvora y Cortegada, se han convertido así en el escenario de un auténtico “día D” marino, con una invasión de crustáceos de pequeño tamaño que ha llamado la atención de bañistas, senderistas y aficionados a la naturaleza.
El suceso, subrayan los responsables del parque, ofrece una oportunidad para observar de cerca la dinámica del ecosistema marino atlántico, ya que pone de manifiesto cómo interactúan corrientes, viento, temperatura del agua y comportamiento de las especies.
Fuentes consultadas inciden en que, pese al impacto visual y a la sorpresa inicial, no hay motivo de alarma: no se trata de una mortandad masiva provocada por contaminación ni de un suceso anómalo en términos ecológicos, sino de un proceso natural dentro de la variabilidad de los ecosistemas costeros.

Por qué miles de cangrejos patudos acaban en la orilla
Los especialistas del Parque Nacional atribuyen este episodio a una combinación de factores ambientales y biológicos. Por un lado, el aumento de las temperaturas del agua registrado en las últimas semanas ha favorecido la actividad de la especie y sus desplazamientos por mar abierto.
Por otro, la prevalencia de los vientos del norte en primavera y verano actúa como una especie de “empuje” hacia la costa. Estas masas de aire, típicas de la época, colaboran con las corrientes marinas para dirigir grandes bancos de cangrejos hacia las proximidades del litoral.
A este cóctel hay que sumar la propia naturaleza nadadora y migratoria del Polybius henslowii. A diferencia de otros cangrejos más ligados al fondo rocoso o a la zona intermareal, el patudo se mueve en grandes grupos por aguas abiertas, lo que multiplica la probabilidad de que, cuando cambian las condiciones oceanográficas, enormes concentraciones terminen acercándose a zonas someras.
Además, se trata de animales con un cuerpo ligero y de escasa consistencia, lo que los hace especialmente vulnerables a la fuerza de las corrientes y del oleaje. Esta fragilidad física explica por qué tantos ejemplares quedan acumulados en la arena o entre las piedras, formando auténticas alfombras de crustáceos varados.
Los técnicos apuntan que, aunque pueda resultar chocante ver miles de cangrejos en la orilla, estos eventos son un reflejo de la variabilidad natural de los sistemas marinos atlánticos. La intensidad y la extensión geográfica de este episodio permiten, además, recabar datos valiosos sobre la respuesta de la fauna a las condiciones cambiantes del océano.
Un cangrejo nadador con muchas caras: del Polybius henslowii al patexo
El protagonista de esta historia responde al nombre científico de Polybius henslowii, denominación que rinde homenaje al botánico John Stevens Henslow, conocido por haber sido mentor de Charles Darwin. Esta referencia científica lo sitúa dentro de la familia de los cangrejos nadadores que habitan en mar abierto.
En la costa gallega, sin embargo, el término que más “suena” no es el técnico, sino sus nombres populares en gallego, que varían según la ría: patexo, pateiro, patelo o patulate son algunas de las formas con las que se conoce a este crustáceo en los puertos y aldeas próximas al mar.
Desde el punto de vista morfológico, el cangrejo patudo presenta un caparazón relativamente pequeño y patas largas, adaptadas a la natación. Estas extremidades cuentan con finas setas o pelos que aumentan la superficie de impulso en el agua, actuando casi como remos que le permiten desplazarse con rapidez por la columna de agua.
Su coloración, que suele moverse entre tonos marrones y rojizos, le facilita el camuflaje entre algas y restos de sustrato marino, especialmente cuando se encuentra en aguas más someras. Esta apariencia discreta contrasta con el espectacular efecto visual que producen miles de ejemplares juntos sobre la arena clara de las playas.
Al ser una especie que vive en grandes bancos pelágicos, cuando las condiciones oceanográficas la empujan hacia la costa, el impacto visual es inmediato: bastan unas pocas horas de marea y viento favorables para que las orillas aparezcan cubiertas de individuos, algo que los vecinos describen estos días con cierta mezcla de asombro y familiaridad.

Pieza clave en la cadena trófica del Atlántico gallego
Más allá de la curiosidad que despierta su llegada masiva, los expertos recalcan el enorme valor ecológico del cangrejo patudo. A pesar de su aspecto frágil, se trata de una especie fundamental en la cadena alimentaria marina de la fachada atlántica gallega.
Estos crustáceos se alimentan principalmente de plancton y pequeños organismos marinos, convirtiendo esa biomasa en un recurso disponible para depredadores de mayor tamaño. De este modo, actúan como eslabón intermedio entre niveles tróficos inferiores y superiores en el ecosistema.
En la dieta de peces como sargos, lubinas (robalizas) y maragotas, el Polybius henslowii desempeña un papel muy relevante. Numerosas especies de interés comercial y deportivo dependen de estos cangrejos como fuente habitual de energía, especialmente en determinadas fases de su ciclo vital.
Las aves marinas también encuentran en el patudo un recurso alimenticio de primera. Durante el periodo reproductor, cuando gaviotas, cormoranes y otras especies necesitan un aporte proteico extra para sacar adelante a sus pollos, estos bancos de cangrejos suponen una auténtica despensa flotante al alcance del pico.
Los ornitólogos señalan que la presencia de grandes grupos de gaviotas o cormoranes concentrados en mar abierto es, en muchas ocasiones, la pista que delata un banco de cangrejos patudos en plena ebullición. Estas aves actúan casi como “indicadores biológicos” del comportamiento de la especie, permitiendo localizarla incluso sin verla directamente en superficie.
De abono en los campos gallegos a cebo estrella en la pesca
La relación de la población humana con el cangrejo patudo también ha ido cambiando con el paso del tiempo. Durante décadas, este crustáceo carecía prácticamente de valor comercial en las lonjas y mercados, lo que condicionó su aprovechamiento por parte de las comunidades costeras.
En el pasado, no era extraño que se capturasen grandes cantidades de patexos para destinarlos a usos agrícolas. Se empleaban como estiércol o abono natural en los campos gallegos, extendiéndolos sobre las tierras de cultivo para mejorar la fertilidad del suelo, en un contexto de economía local basada en el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles.
Con el tiempo, y a medida que se fue conociendo mejor su papel en el ecosistema marino y su eficacia como reclamo, el Polybius henslowii pasó a convertirse en un cebo muy apreciado en la pesca deportiva y profesional. Su presencia en la dieta natural de muchos peces depredadores lo hace especialmente efectivo en diferentes modalidades de captura.
Hoy en día, pescadores recreativos y profesionales valoran este cangrejo como un recurso estratégico para atraer especies como doradas, lubinas y otros peces que encuentran en él un alimento familiar. Esta nueva mirada sobre la especie ha ido desplazando su antiguo uso masivo como simple fertilizante.
Este cambio de función ilustra cómo la percepción de una especie marina puede transformarse en pocas generaciones, pasando de ser un recurso abundante y poco valorado a un elemento clave tanto en la actividad pesquera como en la comprensión del funcionamiento del ecosistema atlántico.
Lo que revela esta “invasión” sobre el estado del mar
Los episodios en los que miles de cangrejos patudos invaden las playas de las islas Cíes y del resto del Parque Nacional no son solo un espectáculo llamativo para el ojo humano. Para los investigadores, se trata de ventanas de observación privilegiadas sobre los cambios que se producen en el océano y en sus habitantes.
La coincidencia de factores como aumento de temperatura, vientos dominantes del norte y dinámica de las corrientes ofrece pistas sobre cómo responde la fauna pelágica a las variaciones del clima y del medio marino. Cada evento masivo aporta información sobre patrones de migración, distribución de recursos y salud de las poblaciones.
Al mismo tiempo, la abundancia de patudos atrae a numerosos depredadores, desde peces hasta aves, generando escenas de gran actividad biológica en un espacio reducido. Esa concentración de interacciones facilita el estudio de la cadena trófica y de las relaciones entre especies en un momento concreto.
Para quienes visitan estos días las islas atlánticas, la imagen de las playas cubiertas de cangrejos puede resultar chocante, pero los expertos insisten en que forma parte de los procesos naturales propios de un mar dinámico como el Atlántico. En lugar de interpretarse como una señal de alarma, se considera un indicador de que los engranajes del ecosistema siguen en marcha.
Así, la llegada masiva de cangrejos patudos a las playas de las islas Cíes y del resto del Parque Nacional se convierte en un recordatorio de hasta qué punto lo que ocurre mar adentro tiene un reflejo directo en la orilla. Fenómenos como este conectan la experiencia cotidiana de pasear por la playa con la compleja maquinaria ecológica que se despliega, casi siempre de forma invisible, bajo la superficie del océano.