Mortalidad de salmones en Quinchao: qué ha pasado en el centro Traiguén 2

  • Un fenómeno de baja oxigenación provocó una elevada mortalidad de salmones en el centro Traiguén 2, en la comuna de Quinchao.
  • La empresa Invermar activó su plan de contingencia y está retirando 283 toneladas de biomasa afectada hacia una planta reductora.
  • Sernapesca desplegó fiscalizadores en terreno para controlar el cumplimiento de los protocolos y minimizar impactos ambientales.
  • Las autoridades recuerdan que estos eventos oceanográficos son puntuales, pero se mantiene el monitoreo sobre otros centros cercanos.

mortalidad de salmones en Quinchao

La reciente mortalidad masiva de salmones en la comuna de Quinchao, en el archipiélago de Chiloé, ha puesto nuevamente bajo la lupa las condiciones ambientales y los protocolos de emergencia de la industria acuícola. El episodio se registró en el centro de cultivo Traiguén 2, perteneciente a la empresa Invermar S.A., y ha encendido las alarmas de las autoridades de pesca y del propio sector productivo.

Según la información oficial difundida por la compañía y por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), un fenómeno oceanográfico de baja concentración de oxígeno disuelto en el agua habría sido el detonante de este evento, que ha derivado en la pérdida de cientos de toneladas de peces y en un amplio despliegue de vigilancia y retiro de biomasa para evitar mayores repercusiones en el entorno marino.

Un evento de baja oxigenación en el centro Traiguén 2

El incidente se produjo el pasado 12 de febrero, cuando los sistemas de monitoreo del centro de cultivo Traiguén 2, identificado con el código 102115 y situado en la comuna de Quinchao, región de Los Lagos, detectaron un incremento inusual de mortalidad en las jaulas. De acuerdo con la versión de la empresa, este aumento repentino se asoció a un episodio de baja de oxígeno en la columna de agua, una condición que puede desencadenarse por cambios oceanográficos puntuales.

Este tipo de fenómenos ambientales reduce la disponibilidad de oxígeno para los peces, generando un estrés agudo que, si se mantiene durante cierto tiempo, termina por provocar la muerte masiva de ejemplares. En este caso, la mortalidad se concentró en el centro de cultivo de Invermar, sin que hasta ahora se haya informado de afectaciones similares en otras instalaciones de la zona, aunque la vigilancia se ha ampliado a los alrededores.

Desde Sernapesca se ha destacado que los episodios de baja oxigenación no son permanentes ni generalizados, sino que se presentan como eventos ocasionales, ligados a condiciones específicas de la región. Con todo, su impacto puede ser significativo para la producción acuícola cuando coinciden con altas densidades de peces y determinadas características oceanográficas.

Cifras de la mortalidad y alcance de la contingencia

De acuerdo con los reportes oficiales, la contingencia ha afectado hasta ahora a 283 toneladas de salmones, lo que representa en torno a un 10% de la biomasa total mantenida en el centro Traiguén 2. Esta proporción da cuenta de un evento relevante en términos productivos, pero acotado al interior de la instalación según las autoridades.

La biomasa afectada está siendo retirada mediante el uso de un Pesquero de Alta Mar (PAM), que se encarga de recoger los peces muertos y trasladarlos a la planta reductora La Portada para su procesamiento final. Este destino industrial es una de las vías previstas en los protocolos para evitar que los restos orgánicos se acumulen en el mar o en las cercanías del centro.

La empresa ha comunicado que la totalidad de las faenas de extracción y transporte se están desarrollando bajo estrictas condiciones de bioseguridad, con el fin de reducir cualquier riesgo de contaminación, malos olores o presencia de vectores asociados a la putrefacción de los peces. Las autoridades, por su parte, supervisan que estos procedimientos se ejecuten de acuerdo con la normativa vigente.

Respuesta de Invermar y activación de protocolos internos

Tras detectar el aumento anómalo de mortalidad, Invermar activó de inmediato su plan de acción ante contingencias, que contempla una serie de medidas internas y coordinaciones con las autoridades sectoriales. Entre las primeras actuaciones se incluyeron el refuerzo del monitoreo ambiental, la revisión de parámetros oceanográficos y la notificación formal a Sernapesca.

La compañía ha señalado que, como parte de sus procedimientos habituales, mantiene un seguimiento continuo de las condiciones del entorno marino en las zonas donde opera. Este control incluye variables como el oxígeno disuelto, la temperatura del agua, las corrientes y otros factores que influyen directamente en el bienestar de los peces.

Además del retiro físico de la biomasa afectada, la empresa asegura haber puesto en marcha protocolos de bioseguridad y manejo sanitario orientados a impedir que el evento de mortalidad derive en condiciones propicias para la proliferación de patógenos o genere impactos adicionales en la calidad del agua y del sedimento bajo las jaulas.

Desde Invermar han subrayado su intención de mantener una comunicación transparente y oportuna sobre el desarrollo de la contingencia, reiterando su compromiso con la sostenibilidad de las operaciones y con la aplicación de medidas preventivas ante riesgos ambientales que puedan afectar a sus centros de cultivo.

Fiscalización y monitoreo permanente de Sernapesca

En paralelo a las acciones de la empresa, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura desplegó fiscalizadores en la comuna de Quinchao para verificar sobre el terreno el manejo de la mortalidad y el cumplimiento de los planes de contingencia. Este despliegue busca asegurar que las labores se lleven a cabo sin vulnerar la regulación y minimizando las posibles repercusiones en el ecosistema.

Los equipos técnicos de Sernapesca están revisando que cada fase del procedimiento, desde la recolección de los salmones muertos hasta su transporte en el buque PAM y la entrega en la planta reductora, se ajuste a las exigencias ambientales y sanitarias establecidas. El objetivo es evitar que se produzcan descargas irregulares, vertidos o manipulaciones indebidas de los restos.

El director regional de Sernapesca en Los Lagos, Cristian Hudson, ha explicado que este tipo de eventos oceanográficos se han observado en otras ocasiones en la región, causando mortalidades localizadas tanto en centros de cultivo como en especies silvestres. En algunos episodios, se han reportado también varazones de langostinos de canales y de otros organismos marinos sensibles a la disminución del oxígeno.

En este contexto, la autoridad remarca que la vigilancia no se limita al centro Traiguén 2, sino que se extiende a otros establecimientos cercanos, con el fin de detectar a tiempo cualquier cambio en las condiciones ambientales que pueda comprometer la salud de los peces o el equilibrio del entorno marino de Quinchao y su área de influencia.

Eventos oceanográficos y riesgos para la acuicultura

La situación vivida en Quinchao pone sobre la mesa la vulnerabilidad de la acuicultura ante fenómenos oceanográficos puntuales, como las bajas de oxígeno, los cambios bruscos de temperatura o las alteraciones en las corrientes. Estos procesos, aunque naturales, pueden amplificarse en zonas con alta concentración de centros de cultivo y densidades elevadas de peces.

Las variaciones en el oxígeno disuelto suelen estar ligadas a una combinación de factores, entre ellos la estratificación de la columna de agua, la presencia de materia orgánica, las floraciones de microalgas o los cambios meteorológicos repentinos. Cuando la renovación de agua es limitada, las condiciones se vuelven más propensas a caídas súbitas del oxígeno disponible para la fauna marina.

En el caso de centros de salmones, la situación se agrava si se suma la respiración de miles de peces en un espacio acotado, el uso de alimento balanceado y la eventual acumulación de residuos bajo las estructuras. Por ello, la normativa exige programas de monitoreo ambiental continuo y planes de acción rápidos para responder ante cualquier variación crítica que pueda derivar en mortalidad masiva.

Los episodios como el de Traiguén 2 también reabren el debate sobre la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y resiliencia en la industria, incluyendo mejoras en la gestión de la carga biológica por área, la planificación espacial de los centros y la incorporación de tecnologías de alerta temprana que permitan anticipar mejor estos fenómenos.

Transparencia informativa y preocupación pública

Más allá de las cifras y los informes técnicos, sucesos como la mortalidad de salmones en Quinchao suelen generar inquietud en la ciudadanía y en las comunidades costeras, que conviven estrechamente con la actividad acuícola. La rapidez con la que se comunican los hechos y la claridad de los datos entregados juegan un papel clave para evitar especulaciones y desconfianza.

En este caso, tanto Sernapesca como la empresa han difundido información sobre el origen probable del evento, el volumen de biomasa afectada y los pasos que se están dando para atender la contingencia. Este ejercicio de apertura informativa se considera especialmente relevante en un sector que ha estado en el foco de debate por su interacción con los ecosistemas marinos.

Al mismo tiempo, organizaciones sociales y actores locales suelen mostrar interés en que los protocolos no solo se ajusten a la letra de la normativa, sino que también reflejen una preocupación real por la protección del medio ambiente y por la compatibilidad de la acuicultura con otras actividades, como la pesca artesanal o el turismo costero.

La gestión de este tipo de episodios, y la forma en que se comuniquen sus resultados, puede influir en la percepción pública de la industria del salmón, tanto en la región de Los Lagos como en otros territorios donde la acuicultura es un motor económico relevante, incluidas diversas áreas costeras de Europa que siguen con atención la experiencia chilena.

El caso de la mortalidad de salmones en el centro Traiguén 2 de Quinchao deja sobre la mesa la importancia de contar con sistemas de monitoreo robustos, planes de contingencia bien ensayados y una supervisión activa por parte de las autoridades para contener los efectos de fenómenos oceanográficos que, aunque puntuales, pueden causar pérdidas significativas. La coordinación entre empresa, organismo fiscalizador y comunidad se perfila como un elemento clave para afrontar eventos de este tipo con la mayor eficacia posible y con el menor impacto para el entorno marino y la actividad productiva.

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