
Un bañista de 63 años perdió la vida este viernes tras ser atacado por un escualo de gran tamaño cuando nadaba cerca de la orilla en Sorrento Beach, una concurrida zona de baño situada a unos 20 kilómetros del centro de Perth, en Australia Occidental. El suceso ha reabierto el debate sobre la convivencia entre bañistas y tiburones en una región que acumula ya tres ataques mortales en lo que va de 2026.
Los servicios de emergencia recibieron el aviso en torno a las 10:15 hora local, y los testigos relataron a la cadena pública ABC que vieron sangre en el agua y que de los dos hombres que estaban nadando, solo uno consiguió volver a la playa. La vÃctima, identificada por los medios como el bañista Greg O’Neill, no pudo ser salvada pese al despliegue de un dispositivo de búsqueda por mar y aire que se prolongó durante horas. Las autoridades locales decidieron cerrar al menos hasta el sábado todas las playas comprendidas entre Marmion e Iluka, un tramo de casi 12 kilómetros de litoral, además de Hillarys, Whitfords y Mullaloo.
Un tiburón blanco de cinco metros en la zona
Poco después del mediodÃa, el portal de seguimiento SharkSmart notificó la presencia de un tiburón blanco de aproximadamente cinco metros en el cercano arrecife de Boyinaboat, aunque las autoridades no han podido confirmar que se tratara del ejemplar responsable del ataque. No obstante, la ministra de Pesca de Australia Occidental, Jackie Jarvis, autorizó la captura y sacrificio de un tiburón blanco identificado tras el suceso, una medida que calificó como excepcional y limitada a ese animal en concreto, sin que suponga el restablecimiento de una polÃtica general de eliminación de escualos.

El departamento de Industrias Primarias instaló una lÃnea de tambor a 1,5 kilómetros de la playa, un dispositivo empleado habitualmente para marcar ejemplares y seguir sus movimientos. Sin embargo, el equipo fue retirado el sábado por la tarde después de no detectar actividad de tiburones en la zona y de considerar que las posibilidades de capturar al animal habÃan disminuido considerablemente. La búsqueda del cuerpo de O’Neill tampoco dio resultados y la familia, en un comunicado citado por ABC News, lo describió como un hombre que amaba el océano y un nadador apasionado.
Una oleada de ataques en Australia Occidental
La muerte de O’Neill no es un caso aislado. El lunes anterior, un surfista de unos 50 años resultó gravemente herido tras ser mordido en la playa de Glenfield, cerca de Geraldton, a unos 430 kilómetros de Perth, perdiendo un pie y sufriendo lesiones graves en una pierna. Antes, en mayo, un hombre de 38 años falleció tras ser atacado mientras practicaba pesca submarina frente a la isla Rottnest, a unos 30 kilómetros al oeste de Perth. A comienzos de junio, un buceador de 35 años también murió en un ataque ocurrido cerca de la isla Michaelmas, a unos 420 kilómetros de la capital estatal.
La seguidilla de incidentes ha encendido las alarmas en la comunidad local y ha llevado al gobierno estatal a revisar las estrategias de prevención, que actualmente incluyen el marcaje y seguimiento de animales, una aplicación que envÃa alertas a los bañistas, sirenas, zonas cerradas para nadar y mecanismos personales de disuasión. Según datos aportados por la ministra Jarvis, el programa de marcaje ya ha alcanzado a más de 300 tiburones, de los cuales 227 son tiburones blancos. La funcionaria también señaló que se está evaluando ampliar el uso de drones a lo largo de la costa como herramienta de vigilancia, aunque advirtió que ninguna medida puede eliminar por completo los riesgos asociados al uso del mar y rechazó generar una falsa sensación de seguridad.

La decisión de autorizar el sacrificio del tiburón ha generado división de opiniones. La vice primera ministra del estado, Rita Saffioti, respaldó la medida de Jarvis, asegurando que la ministra actuó sobre la base de recomendaciones de la policÃa y las autoridades pesqueras. Por el contrario, Sophie McNeill, vocera de océanos saludables de los Verdes de Australia Occidental, cuestionó la orden y propuso priorizar el uso de drones y helicópteros, asà como la ampliación del programa de marcaje. El biólogo Culum Brown, especialista en comportamiento animal, también dudó de que se pueda encontrar al animal responsable una vez que ha abandonado la zona, y recomendó invertir más recursos en sistemas de detección aérea.
En el conjunto de Australia, la situación también preocupa. En enero, un niño de 12 años murió tras ser atacado en aguas de Vaucluse, en SÃdney, y dÃas después otro hombre sufrió heridas graves en una playa de Manly, en el norte de la ciudad. Según la base nacional de incidentes, entre 1791 y 2025 se contabilizaron en el paÃs más de 1.280 ataques de tiburón, de los que alrededor de 260 fueron mortales. En el último año, se registraron al menos una decena de ataques, cinco de ellos con resultado de muerte.
La muerte de Greg O’Neill y la posterior orden de captura han reabierto el debate entre la necesidad de proteger a los bañistas y la conservación de una especie protegida. Con la temporada de verano a la vuelta de la esquina en el hemisferio sur, las autoridades de Australia Occidental se enfrentan al reto de reforzar la vigilancia sin caer en medidas drásticas que puedan generar un falso sentimiento de seguridad entre la población. Mientras tanto, el cuerpo de la vÃctima sigue sin aparecer y la playa de Sorrento permanece cerrada, en señal de duelo y precaución, a la espera de que los responsables determinen si el ejemplar localizado en el arrecife vecino era o no el causante de esta nueva tragedia.
