
El pasado viernes, el río Pisueña, a su paso por la localidad de Saro, ofrecía una estampa dantesca. Miles de peces yacían muertos flotando en la superficie o atrapados entre las rocas, mientras el agua presentaba un color turbio y una espuma densa que delataba la presencia de algún contaminante. Vecinos y pescadores de la zona, como Luis, que acudió al Puente del Diablo en Vega de Villafufre, describieron la escena con lágrimas en los ojos: «Está todo horroroso, todo quemado, no ha quedado ni un pez». La tragedia ecológica ha movilizado a la Guardia Civil y a los agentes de Medio Natural, que investigan un vertido de purines procedente de una ganadería del monte de Saro como causa principal de la mortandad.
Las especies afectadas incluyen truchas, anguilas, peces cardo y pintos, además de anfibios. Manuel, otro testigo presencial, calificó lo ocurrido como «un atentado ecológico tremendo» y mostró su preocupación por la recuperación del río. Los agentes del Seprona y de la Consejería de Ganadería recogieron cientos de ejemplares muertos, muchos de los cuales serán congelados para servir como prueba en el proceso judicial que ya se ha iniciado. La denuncia formal del Seprona garantiza que el caso tendrá recorrido penal, y el propio Gobierno de Cantabria estudia personarse en la causa.
Origen del vertido y primeras hipótesis
Las investigaciones apuntan a que el vertido se originó en una explotación ganadera situada en lo alto del monte de Saro, desde donde los purines habrían llegado al arroyo de Saro, afluente del Pisueña, y de ahí se habrían extendido río abajo. Aunque la hipótesis inicial baraja un accidente, algunos vecinos sospechan que pudo ser intencionado. «En esta época del año no se abonan los pastos porque están quemados, y algunos tienen la brillante idea de tirarlo al río», denunció un residente que prefirió mantener el anonimato. La posibilidad de que el vertido fuera deliberado añade gravedad al suceso, ya que de confirmarse podría conllevar penas de cárcel para el responsable.

El alcalde de Saro, Miguel Ángel Prieto, se mostró «profundamente confundido» y declaró que no entiende cómo pudo ocurrir algo así. Aunque se encuentra de baja médica, fue alertado por vecinos la noche del viernes y pidió que se investigue a fondo para hacer justicia. Las sanciones económicas podrían ser muy elevadas, y no se descarta la vía penal, según expertos consultados. Mientras tanto, los agentes de Medio Natural continúan limpiando el cauce y recogiendo animales muertos para evaluar el alcance real del desastre.
Contradicciones sobre el alcance de la contaminación
Una de las mayores preocupaciones de los vecinos de Villafufre era que el vertido llegara al río Pas, donde el impacto podría ser aún mayor. La Consejería de Ganadería aseguró que, de momento, no se ha dado esa circunstancia y que los análisis no indican que vaya a ocurrir. Sin embargo, los residentes contradicen esta versión y afirman que el agua contaminada ya está llegando al Pas, aunque al tener más caudal el efecto se diluye y es menos perceptible. Esta discrepancia entre la versión oficial y la percepción vecinal añade incertidumbre al caso, mientras el Seprona sigue tomando muestras para determinar el alcance real de la contaminación.
Además, fuentes de la Consejería confirmaron que hace apenas unas semanas una ganadera de Soba fue denunciada por un vertido similar, lo que indica que estas prácticas podrían ser más habituales de lo que se cree. La repetición de estos incidentes pone en evidencia la necesidad de controles más estrictos en las explotaciones ganaderas de la región.
Un ecosistema devastado
El daño no se limita a los peces. Los agentes de Medio Natural habían rescatado semanas atrás cientos de ejemplares de la zona alta del Pisueña, una práctica habitual en verano para salvar a los peces de las sequías estacionales. Esos animales, que habían sido trasladados a balsas en las partes más bajas, también han muerto a causa del vertido. La contaminación ha eliminado la base alimenticia de otras especies que dependen del río, lo que agrava el impacto en todo el ecosistema. Por suerte, no se ha encontrado ningún salmón entre los ejemplares muertos, aunque la preocupación por la recuperación del cauce es máxima.

Los trabajos de limpieza y recogida de muestras continuarán durante el fin de semana, y la Consejería de Ganadería tiene previsto ofrecer un balance detallado el próximo lunes. Mientras tanto, la Guardia Civil mantiene abierta la investigación y no descarta nuevas diligencias. La comunidad local sigue consternada por lo ocurrido, y muchos esperan que este desastre sirva para tomar conciencia y evitar que se repita en el futuro. La muerte masiva de peces en el Pisueña es un recordatorio de lo frágil que puede ser el equilibrio natural cuando la actividad humana no se controla adecuadamente.