Nueva liberación de esturiones en el Ebro para recuperar una especie desaparecida

  • Tercera liberación de esturiones en el rĆ­o Ebro, con 44 nuevos ejemplares procedentes de Francia.
  • En total se han reintroducido 138 esturiones en un tramo donde la especie llevaba medio siglo desaparecida.
  • Los estudios de seguimiento confirman una adaptación correcta en el bajo Ebro y el entorno marĆ­timo del Delta.
  • Las rampas para peces del programa Life MigratoEbre impulsan tambiĆ©n el retorno de otras especies migradoras como el sĆ”balo y la saboga.

esturiones en el Ebro

La reaparición del esturión en el río Ebro va dejando de ser una simple aspiración científica para convertirse, poco a poco, en una realidad observable. Este miércoles se ha llevado a cabo una nueva suelta de ejemplares en el tramo bajo del río, un hito mÔs dentro de un programa de reintroducción que, según sus responsables, exigirÔ paciencia, varios años de trabajo continuado y un seguimiento muy cercano.

En esta nueva fase del proyecto han participado de forma activa el Instituto para el Desarrollo de las Comarcas del Ebro (IDECE) y el Centro de Estudios de Ríos MediterrÔneos (CERM), que desde hace tiempo colaboran con instituciones francesas para lograr que el esturión, desaparecido del Ebro desde los años setenta, vuelva a formar parte estable del ecosistema fluvial y del entorno deltaico.

Tercera suelta de esturiones en el tramo bajo del Ebro

La jornada ha estado marcada por la tercera liberación de esturiones en el Ebro, una actuación que se repite por estas fechas desde 2023. En esta ocasión se han soltado 44 nuevos ejemplares, que previamente habían pasado unos días de adaptación en el centro acuícola del IRTA de La Ràpita, en la costa tarraconense.

Estos esturiones proceden del programa de crĆ­a en cautividad del INRAE, el Institut National de Recherche en Sciences et Technologies pour l’Environnement et l’Agriculture, situado en Saint Seurin-sur-l’Isle, en la región francesa de Nueva Aquitania, cerca de Burdeos. Gracias a un convenio de colaboración entre ambos paĆ­ses, cada aƱo llegan al Ebro varias decenas de ejemplares criados en Francia, que se convierten en la base de la repoblación.

Con la suelta de este miércoles, el número total de individuos reintroducidos alcanza ya los 138 esturiones en el Ebro, todos ellos liberados en el entorno de Tivenys (Baix Ebre), un tramo del río especialmente adecuado por sus características hidrológicas y por la proximidad al Delta. Se trata del mismo municipio en el que, décadas atrÔs, la pesca de especies migradoras era una actividad cotidiana para varias familias de la zona.

Los técnicos remarcan que la elección de la época del año no es casual: se busca un momento en el que la temperatura del agua del río sea óptima para reducir el estrés de los peces y favorecer su aclimatación. Antes de la suelta definitiva, los esturiones pasan un breve periodo de adaptación en las instalaciones del IRTA, donde se controlan su estado sanitario y su comportamiento.

Este ciclo de reintroducciones no serÔ continuado cada año. Los responsables del proyecto han adelantado que en 2026 no habrÔ nueva suelta, ya que la cría en cautividad es un proceso complejo y este año no se han logrado las puestas necesarias en Francia. La siguiente liberación se prevé para 2027, siempre que la reproducción en el INRAE sea satisfactoria el próximo ejercicio.

Un proyecto a largo plazo y con mucha paciencia

El coordinador del proyecto y responsable del CERM, Marc Ordeix, insiste en que la reintroducción del esturión en el Ebro es, por definición, un proceso muy lento. Esta especie tiene un ciclo vital largo y no alcanza la madurez sexual hasta pasados muchos años, lo que obliga a plantear la recuperación a escala de décadas y no de campañas puntuales.

Los cÔlculos del equipo científico apuntan a que habrÔ que esperar cerca de dos décadas para entrar en la segunda fase del proyecto, el momento en que se espera que los esturiones reintroducidos remonten el río para reproducirse. Los machos suelen alcanzar la madurez entre los 13 y 15 años, mientras que las hembras lo hacen algo mÔs tarde, entre los 18 y los 20 años. Solo entonces se podrÔ comprobar si el Ebro ofrece las condiciones necesarias para cerrar el ciclo biológico completo.

Hasta que llegue ese punto, los esfuerzos se concentran en multiplicar el número de ejemplares liberados, asegurar la calidad del hÔbitat y analizar de forma minuciosa cómo se comportan en cada tramo del río. Ordeix subraya que harÔn falta muchas sueltas y muchos años de seguimiento, ademÔs de mantener la financiación y la coordinación internacional, para que el proyecto tenga opciones reales de éxito.

El esturión fue, en su momento, una especie de gran relevancia ecológica y económica en el Ebro y en otros grandes ríos mediterrÔneos y europeos. Su desaparición en la década de 1970 estuvo ligada a una combinación de factores: sobrepesca, mala calidad del agua y barreras físicas que impedían el libre desplazamiento de los peces migradores río arriba. Hoy, el objetivo principal es garantizar que esas causas ya no estén presentes.

Según el CERM, las condiciones actuales son diferentes: la presión pesquera sobre esta especie es inexistente, la calidad de las aguas del Ebro ha mejorado respecto a hace medio siglo y se han puesto en marcha obras e infraestructuras que facilitan la conectividad fluvial. Entre ellas, destacan las actuaciones para salvar obstÔculos como el azud de Xerta y Tivenys, que en su día supusieron un bloqueo importante para las migraciones.

Seguimiento científico y buena adaptación al entorno del Delta

Los primeros datos de seguimiento indican que los esturiones liberados en 2023 y 2024 se han adaptado bien tanto al tramo final del Ebro como al entorno marino del Delta. Mediante controles periódicos, se ha observado que muchos individuos se desplazan hacia la parte baja del río tras la suelta, tal y como estaba previsto en los modelos de comportamiento.

Algunos ejemplares han sido detectados en aguas cercanas al Delta del Ebro, mientras que otros permanecen en el estuario o «aiguabarreig», una zona de mezcla de aguas fluviales y marinas que ofrece abundante alimento y refugio. Esta distribución dispersa encaja con lo esperado para esturiones jóvenes de entre año y medio y tres años, edad aproximada de los peces reintroducidos hasta ahora.

Para los investigadores, este patrón de movimientos es un comportamiento idóneo y esperado, muy similar al observado en otros proyectos de reintroducción de esturiones en ríos como la Garona o el Dordoña, también en Francia. La comparación con estas cuencas resulta especialmente útil, ya que sirven como referencia para valorar el ritmo de adaptación en el Ebro.

Las labores de seguimiento no se limitan a rastrear la posición de los peces, sino que incluyen la evaluación del estado físico, la tasa de supervivencia y la respuesta a los cambios ambientales, como variaciones en el caudal o en la temperatura del agua. Toda esta información se vuelve clave para ajustar, si es necesario, el número de ejemplares a liberar y la mejor época del año para hacerlo.

El equipo insiste en que aún es pronto para extraer conclusiones definitivas sobre la capacidad de la especie para consolidarse en el Ebro, pero los resultados de estos primeros años se consideran, a día de hoy, claramente alentadores en términos de adaptación y comportamiento.

Las rampas para peces y el efecto en otras especies migradoras

La reintroducción del esturión en el Ebro no se entiende sin el contexto del programa Life MigratoEbre, un proyecto europeo que tiene como objetivo recuperar las especies de peces migradores en el tramo bajo del río. Una de las actuaciones mÔs visibles ha sido la construcción de rampas de peces en los azudes de Xerta y Ascó, ademÔs de intervenciones en esclusas y otras infraestructuras.

Estas obras permiten que diferentes especies puedan remontar el río y acceder a las zonas de reproducción que históricamente utilizaban, algo que había quedado muy limitado por la presencia de barreras físicas. El IDECE ha jugado un papel destacado a la hora de impulsar y coordinar estas soluciones de conectividad fluvial.

Los resultados no se limitan al esturión. Según señala Marc Ordeix, las rampas y esclusas adaptadas han favorecido claramente la recuperación del sÔbalo, un pez migrador que había sido tradicional en el bajo Ebro. En el municipio de Tivenys, se recuerda que hasta tres familias vivían antaño de la pesca de esta especie, que con el tiempo llegó a desaparecer de la zona.

En los últimos años se ha constatado un aumento notable de la presencia de sÔbalo en el río y se han detectado ejemplares río arriba, lo que indica que han logrado utilizar las nuevas infraestructuras para superar los obstÔculos. AdemÔs, se han encontrado ejemplares juveniles, signo claro de que la especie estÔ logrando reproducirse aguas arriba y completar su ciclo vital.

Este mismo año, los técnicos han destacado como «sorpresa» la detección de la saboga, un pez migrador de tamaño similar al de un salmón que también había sido muy abundante en el tramo bajo del Ebro y que terminó desapareciendo. Su reaparición en distintos puntos del río, unida a la presencia de individuos jóvenes, apunta a que el ecosistema fluvial estÔ empezando a responder a las medidas de restauración.

Retos pendientes para el esturión en el Ebro

A pesar de los avances, el esturión sigue siendo la especie mÔs exigente del conjunto de peces migradores implicados en el proyecto. Esta especie necesita grandes profundidades y condiciones muy concretas de caudal, sustrato y calidad del agua para completar todas las fases de su ciclo vital, lo que complica su recuperación en comparación con otras especies.

Una de las incógnitas que los investigadores quieren despejar en los próximos años es cómo utilizarÔn los esturiones las rampas para peces construidas en el Ebro. Estas estructuras se han diseñado a profundidades de entre 50 y 80 centímetros, tratando de adaptarse a las necesidades de la especie, pero todavía falta comprobar si los ejemplares reintroducidos se sienten cómodos atravesÔndolas.

Los técnicos no descartan que el esturión pueda mostrarse reticente o «temeroso» a usar determinadas infraestructuras, por lo que serÔ fundamental analizar su comportamiento mediante sistemas de monitorización, marcaje y seguimiento. En función de los resultados, se podrían plantear ajustes en el diseño de las rampas o nuevas medidas complementarias para facilitar el paso de los individuos adultos cuando llegue el momento de la reproducción.

Otro de los retos clave serÔ mantener la mejora de la calidad del agua y la gestión de caudales en un contexto de cambio climÔtico, con periodos de sequía mÔs frecuentes y episodios extremos que pueden alterar el hÔbitat. La estabilidad del proyecto dependerÔ en buena medida de que el Ebro siga ofreciendo unas condiciones ambientales adecuadas a largo plazo.

En paralelo, los responsables del programa insisten en la importancia de la sensibilización social. La recuperación del esturión no solo tiene un componente ecológico, sino también cultural y, potencialmente, socioeconómico, al reforzar la identidad ligada al río y abrir la puerta a futuras actividades de divulgación y turismo sostenible vinculadas a la fauna fluvial.

La situación del esturión en el Ebro refleja un proyecto sólido pero aún incipiente: se han reintroducido ya 138 ejemplares gracias a la colaboración entre instituciones españolas y francesas, las primeras observaciones apuntan a una buena adaptación en el tramo bajo y el Delta, y las infraestructuras impulsadas por el Life MigratoEbre estÔn devolviendo el protagonismo a varias especies migradoras. Queda por delante un camino largo, con décadas de seguimiento y nuevas sueltas planificadas, pero los indicios recogidos hasta ahora invitan a pensar que el Ebro vuelve, poco a poco, a ofrecer un hÔbitat viable para peces mÔs emblemÔticos de sus aguas.

Pez Gato
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