Nutria en el río Manzanares: símbolo del renacer ecológico en Madrid

  • Las intensas lluvias y la crecida del río Manzanares han permitido nuevos avistamientos de nutria en el tramo madrileño, especialmente en la zona de El Pardo.
  • La especie estuvo considerada extinguida en la Comunidad de Madrid durante décadas por la contaminación y el deterioro del río, con un hito clave en el avistamiento de 2019 junto al antiguo Vicente Calderón.
  • Los proyectos de renaturalización impulsados desde 2016, con apertura de presas, mejora de la calidad del agua y aumento de vegetación y fauna, han favorecido su regreso.
  • La nutria actúa como indicador ecológico: su presencia refleja una notable recuperación del ecosistema fluvial, aunque persisten problemas de contaminación y riesgos por temporales.

Nutria en el río Manzanares

En los últimos días, el río Manzanares ha vuelto a ser noticia en Madrid. Las lluvias persistentes han disparado su caudal y, con ello, han dejado una estampa poco habitual para muchos vecinos de la capital: una nutria deslizándose tranquilamente por sus aguas en pleno entorno de la ciudad, especialmente en la zona de El Pardo.

El avistamiento, recogido en vídeo y difundido en redes sociales, ha llamado la atención no solo por lo llamativo de ver a este mamífero en un río históricamente degradado, sino porque confirma que la nutria vuelve a asomarse al Manzanares tras décadas en las que se la llegó a considerar extinguida en la Comunidad de Madrid.

Un avistamiento que confirma el regreso de la nutria al Manzanares

Nutria nadando en el río Manzanares

La escena más reciente muestra a una nutria nadando en un tramo del Manzanares después de las crecidas provocadas por un intenso temporal de lluvias a comienzos de febrero. El animal se deja ver durante unos instantes, se sumerge, reaparece y vuelve a esconderse entre las aguas marrones del río, ante la sorpresa de quienes se encontraban en la zona.

El vídeo ha sido compartido por la plataforma ecologista Jarama Vivo en su perfil de X (antes Twitter). Acompañando las imágenes, la entidad ha insistido en la relevancia ecológica de este tipo de escenas, recordando que “la dinámica fluvial es necesaria para mejorar los ríos y la biodiversidad asociada al cauce y sus riberas”. Es decir, que las crecidas y los procesos naturales del río, lejos de ser solo un problema, juegan un papel clave en la recuperación del ecosistema.

En la conversación generada en redes se ha colado también un tono más coloquial. Un usuario resumía el sentir de muchos al comentar que, cuando se respeta y se cuida un río, la naturaleza suele responder. Detrás de esa frase aparentemente espontánea se esconde precisamente la explicación científica del regreso de la nutria al Manzanares.

No se trata de un caso aislado: en los últimos años ya se venían registrando huellas, excrementos y otros indicios de la presencia de este mamífero en distintos puntos del río, aunque los avistamientos directos seguían siendo contados. Ver de nuevo a una nutria en vídeo en pleno entorno urbano confirma que el proceso de recuperación va en la dirección adecuada, aunque todavía queda camino por recorrer.

Del considerado “extinguido” a protagonizar una nueva imagen del río

Nutria en Madrid río Manzanares

Durante décadas, la nutria fue dada prácticamente por desaparecida en Madrid. La especie llegó a estar considerada extinguida en la Comunidad durante unos 40 o 50 años, expulsada de sus ríos y embalses por la contaminación crónica, los vertidos, la construcción de presas y el deterioro generalizado del hábitat fluvial.

El Manzanares, en particular, se convirtió en un símbolo de degradación ambiental y escasa biodiversidad. Investigaciones internacionales lo llegaron a situar entre los ríos europeos más afectados por la contaminación farmacéutica, y durante mucho tiempo apenas albergaba fauna sensible a la calidad del agua.

En ese contexto, el avistamiento de una nutria en junio de 2019 supuso un auténtico punto de inflexión. Aquel ejemplar fue visto a la altura del Puente de los Franceses, junto al entonces estadio Vicente Calderón, y quedó documentado gracias al biólogo de la Universidad Complutense de Madrid Francisco José García, que consiguió grabar a la nutria en pleno cauce urbano.

Aquella aparición de 2019 se interpretó como un hito: tras cerca de medio siglo sin registros en esa zona, se confirmaba que el animal comenzaba a regresar al río. Los especialistas ya habían detectado indicios previos —rastros, huellas y excrementos—, pero esa primera grabación supuso la constatación visual de su vuelta al tramo madrileño del Manzanares.

Desde entonces, se han producido otros episodios aislados. En marzo de años recientes, coincidiendo también con temporales de lluvia y subidas del caudal, algunos viandantes aseguraron haber visto nutrias en distintos tramos del río. Sin embargo, la presencia sigue siendo muy esporádica, y cada nuevo vídeo o fotografía continúa considerándose un acontecimiento relevante.

La renaturalización del río: obras, inversión y cambio de enfoque

Río Manzanares renaturalizado

El regreso de la nutria no se entiende sin la transformación que ha vivido el Manzanares desde mediados de la década pasada. En 2016, el colectivo Ecologistas en Acción presentó un proyecto para frenar el deterioro del cauce urbano y apostar por su renaturalización, es decir, por devolverle parte de su dinámica y estructura naturales.

Aquel planteamiento fue asumido por el Ayuntamiento de Madrid, que destinó en torno a 1,2 millones de euros a distintas actuaciones para recuperar el río. Una de las medidas más destacadas fue la apertura de las compuertas de las presas que mantenían al Manzanares prácticamente encajado y con aguas estancadas a su paso por la ciudad.

Al liberar esos obstáculos, el cauce empezó a remodelarse de manera más libre: se formaron islas y meandros, se diversificaron las orillas y la vegetación de ribera ganó espacio. Junto con la reducción de vertidos y una mejor depuración, estas intervenciones permitieron que, según la Confederación Hidrográfica del Tajo, la calidad del agua mejorase de forma notable.

Esa mejora trajo consigo el regreso de peces, reptiles, anfibios, pequeños mamíferos y una mayor presencia de aves, muchos de ellos especialmente sensibles al estado del río. Poco a poco, el Manzanares dejó de ser visto únicamente como una infraestructura canalizada y comenzó a percibirse como un espacio fluvial con valor ecológico en plena ciudad.

La propia Ecologistas en Acción ha subrayado en los últimos años que la renaturalización del tramo urbano ha favorecido que la población madrileña empiece a valorar los entornos ribereños como una oportunidad socioambiental. Pasear por el borde del río ya no es solo transitar junto al hormigón, sino acercarse a un corredor verde donde no es descartable toparse con garzas, cormoranes o, con algo de suerte, una nutria.

La nutria como indicador ecológico de la salud del río

Nutria símbolo de recuperación ecológica

La nutria europea es un mamífero semiacuático carnívoro, de cuerpo alargado, patas cortas y excelentes habilidades para la natación. Su dieta se basa sobre todo en peces, aunque también consume anfibios, crustáceos y pequeños vertebrados, lo que la sitúa como depredador de la parte alta de la cadena trófica en los ecosistemas fluviales.

Por ese motivo, su presencia suele asociarse a ríos con buena disponibilidad de alimento, refugios en las riberas y niveles aceptables de calidad del agua. No es una especie que tolere bien la contaminación intensa y continuada, ni la desaparición de la vegetación de orilla, que le sirve para esconderse y criar.

En la Comunidad de Madrid, las nutrias son autóctonas y se mantienen con cierta estabilidad en tramos más naturales, especialmente en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y en cursos como el Samburiel, Recuenco, Santillana o Chozas. Sin embargo, verlas en plena capital sigue siendo algo muy poco habitual.

De hábitos discretos y, en buena parte, nocturnos, raramente se dejan ver en zonas muy urbanizadas. Por eso, cada avistamiento en el tramo urbano del Manzanares adquiere una relevancia especial, tanto científica como simbólica: indica que el río ha mejorado lo suficiente como para que un animal tan exigente vuelva a utilizarlo, aunque sea de manera puntual.

Los expertos insisten en que estos episodios no deben interpretarse como la consolidación inmediata de una población estable dentro de la ciudad, pero sí como una señal positiva de la trayectoria ecológica del río. Aun con problemas de contaminación y presiones humanas, el Manzanares actual poco tiene que ver con el cauce fuertemente degradado de hace unas décadas.

El papel de las crecidas y los temporales en los movimientos de la fauna

Crecida del río Manzanares

El contexto meteorológico de estos avistamientos no es casual. Las lluvias intensas de las últimas semanas han provocado crecidas en el Manzanares, elevando el caudal y arrastrando sedimentos que conectan tramos del río que en condiciones de aguas bajas permanecen más aislados entre sí.

En ese escenario, animales como la nutria pueden desplazarse con mayor facilidad desde zonas mejor conservadas hacia sectores urbanos, explorando nuevos territorios o siguiendo la abundancia de presas. Los ecologistas recuerdan que la dinámica fluvial natural —con episodios de avenidas controladas— es fundamental para mantener la estructura y la diversidad biológica de los ríos.

La cara menos amable de estos temporales es que, al mismo tiempo que facilitan estos movimientos de fauna, incrementan el riesgo de desbordamientos en otros puntos de la cuenca. La Confederación Hidrográfica del Tajo ha tenido que activar en diferentes ocasiones niveles de alerta por crecidas en ríos como el Jarama, el Henares o el Alberche, con tramos donde se han superado los umbrales de seguridad y se han aplicado protocolos de emergencia.

En el caso concreto del Manzanares a su paso por Madrid, las crecidas recientes han servido para recordar que un río urbano no es solo un canal de agua encajado entre muros, sino un sistema vivo que responde a los temporales, se expande, se contrae y se reconfigura. Y que, si se le deja margen y se reduce la presión humana, puede volver a albergar especies que parecían irrecuperables.

La imagen de una nutria aprovechando ese aumento de caudal ha reavivado el debate ciudadano sobre el estado real del río: se discute si estos avistamientos anticipan una presencia más estable de la especie o si, por ahora, siguen siendo movimientos puntuales favorecidos por las condiciones hidrológicas del momento.

La reaparición de la nutria en el río Manzanares, con registros clave como el de 2019 junto al antiguo Vicente Calderón y las imágenes recientes difundidas por Jarama Vivo en la zona de El Pardo, se ha convertido en uno de los símbolos más claros de la recuperación ambiental de un río que durante años fue sinónimo de contaminación. La combinación de proyectos de renaturalización, mejora de la calidad del agua, aumento de la vegetación de ribera y episodios de crecidas que conectan tramos antes aislados ha permitido que este mamífero exigente vuelva, al menos de forma esporádica, al corazón de Madrid. Queda trabajo por hacer y persisten problemas, pero que una especie que llegó a darse por extinguida vuelva a dejarse ver en el Manzanares indica que los cambios realizados no son solo teóricos: el propio río empieza a mostrar que, cuando se le deja respirar, es capaz de recuperarse.