Operativo contra la pesca ilegal de salmones en El Chaltén destapa una red furtiva en plena temporada

  • Más de 70 salmones Chinook fueron secuestrados cerca de El Chaltén en un control conjunto del Consejo Agrario Provincial y Gendarmería.
  • Los infractores superaron ampliamente los cupos, usaron arpones y otros métodos prohibidos en plena época de desove.
  • Las autoridades advierten que la pesca furtiva afecta a la pesca deportiva responsable y con captura y suelta.
  • Los ejemplares decomisados se destruyen por seguridad sanitaria y las multas económicas son muy elevadas.

pesca ilegal de salmones en El Chaltén

Un amplio operativo de control en la zona de El Chaltén, corazón turístico de la Patagonia, ha dejado al descubierto una situación que preocupa cada vez más a las autoridades: la pesca ilegal de salmones Chinook en el río Las Vueltas, en plena temporada de remonte y desove. En varios controles sucesivos se incautaron más de 70 ejemplares transportados en camionetas y guardados en cajas, muy por encima de lo que permite la reglamentación vigente.

El procedimiento fue desarrollado por el Consejo Agrario Provincial en coordinación con Gendarmería Nacional, que desplegaron inspecciones sorpresivas en los accesos a la localidad y en puntos estratégicos de la traza del río. Aunque buena parte de las personas controladas contaban con permisos de pesca en regla, los agentes constataron que habían sobrepasado de forma evidente los límites de captura y que, en algunos casos, se recurría a artes de pesca expresamente prohibidas, alejadas por completo de la pesca deportiva.

El Chinook, una especie poderosa y vulnerable en su viaje final

El operativo coincidió con un momento crítico del ciclo de vida del salmón Chinook, cuando abandonan el mar para remontar ríos patagónicos como el Las Vueltas, el Guanaco o el Caterina para completar su reproducción y morir en aguas dulces. Este desplazamiento masivo hace que los peces se concentren en determinados sectores, lo que los convierte en una presa especialmente fácil para quienes buscan “robar” salmón más que pescarlo, tal y como han señalado las autoridades provinciales.

Aunque se trata de una especie exótica invasora introducida en la región, la normativa patagónica establece cupos muy claros y regulaciones estrictas sobre su extracción, precisamente para evitar un impacto descontrolado en el ecosistema y proteger la actividad de pesca deportiva, que mueve a miles de aficionados cada temporada. El peso medio de los ejemplares incautados, cercano a los 15 kilos por pez, ayuda a explicar el interés económico que despiertan para la venta clandestina.

Desde el Consejo Agrario insistieron en que estas prácticas tienen un impacto directo sobre la pesca recreativa responsable, que en la zona se basa sobre todo en la caña, el señuelo y, en muchos casos, la captura y suelta. “No vienen a hacer pesca deportiva, hacen muchísimo daño”, han remarcado referentes locales al describir la acción de los grupos furtivos que operan en este tramo de la provincia de Santa Cruz.

La diferencia entre el aficionado que respeta la reglamentación y el infractor es evidente en el terreno. El pescador deportivo utiliza equipos reglamentarios y asume restricciones de tamaño y cantidad, mientras que quienes actúan de forma ilegal recurrren a arpones, ganchos o triple anzuelos para enganchar peces prácticamente inmóviles en zonas de concentración, provocando lo que desde el propio organismo describen como una auténtica “matanza”.

Controles coordinados y una presión creciente en fechas clave

El director de Pesca Continental de la provincia, Carlos Maturana, explicó que este tipo de despliegues “son controles muy rutinarios” para su área, pero admitió que en estas semanas se ha detectado un incremento de la pesca ilegal. El repunte se vincula tanto a la etapa final del ciclo del Chinook, que facilita su captura, como a la llegada de Semana Santa, fechas en las que crece la demanda de pescado y con ella la tentación de la venta en negro.

Maturana detalló que los operativos se organizan junto a fuerzas de seguridad como Gendarmería y se concentran en puntos estratégicos de paso y acceso, como Bella Vista, Puente Blanco y el entorno de El Chaltén, lugares alejados pero muy concurridos por pescadores. Allí, los agentes detienen vehículos, revisan la carga y comprueban tanto la documentación como el estado de los ejemplares transportados.

En sus declaraciones, el funcionario subrayó que en estas fechas “la pesca se hace un poco más furtiva que deportiva”, ya que los salmones se agrupan en masa al acercarse a las zonas de desove. En esas condiciones, apuntó, “es más fácil robar el salmón que pescarlo”, una situación que obliga a redoblar la presencia del Estado para desalentar prácticas que, más allá de la sanción administrativa, deterioran la imagen de la pesca en la región.

La normativa en vigor establece que, en áreas como El Chaltén solo está permitida la extracción de un ejemplar de Chinook por persona, mientras que en otros sectores, como determinados tramos del río Santa Cruz, se habilita en octubre la captura de hasta dos piezas por pescador. Pese a esas concesiones, Maturana insiste en que “no se puede pescar de la manera en que lo están haciendo algunos grupos”, que ignoran cupos, tallas y métodos autorizados.

En el calendario oficial, la temporada concluye el 1 de mayo en la mayoría de los ambientes de la provincia, aunque en algunos sectores específicos se mantienen habilitaciones puntuales. En paralelo, en la zona de Río Gallegos se realizan controles todos los fines de semana, de modo que la actividad, según el responsable de Pesca Continental, “está permanentemente supervisada”.

Destino de los salmones decomisados y régimen de sanciones

Uno de los aspectos que más llama la atención a la opinión pública es el destino de los salmones incautados. A pesar de su elevado valor comercial y gastronómico, las autoridades sostienen que, tras horas de procedimiento, no se puede garantizar su estado sanitario ni su aptitud para el consumo. Por esa razón, los ejemplares secuestrados en las inmediaciones de El Chaltén son inutilizados o cremados, sin posibilidad de donación ni aprovechamiento, con el objetivo de evitar riesgos para la salud y cortar cualquier incentivo a la pesca furtiva.

En el plano legal, sobre quienes son sorprendidos con carga irregular de salmón se labran las actas correspondientes y se inicia un proceso administrativo que puede desembocar en un sumario. En ese expediente se valoran tanto la cantidad de ejemplares extraídos de forma ilegal como la utilización de métodos prohibidos o la reincidencia del infractor, entre otros factores.

El sistema sancionador contempla que, además de la posible inhabilitación para obtener permisos en el futuro, las multas económicas sean muy elevadas. Tal y como explicó Maturana, en el cálculo de la sanción “se cobran los ejemplares”, es decir, se cuantifica el daño por cada pez capturado fuera de norma, lo que puede derivar en cifras importantes para quienes deciden arriesgarse a vulnerar la ley.

Este enfoque represivo se completa con una labor constante de concienciación hacia los pescadores recreativos, a quienes se les recuerda en cada temporada la importancia de respetar las tallas mínimas, los cupos diarios y las zonas vedadas. La coexistencia entre una especie de gran porte como el Chinook y un entorno natural de alto valor paisajístico, como el que rodea a El Chaltén, exige que las reglas estén claras y se apliquen de forma homogénea para todos los usuarios del recurso.

En paralelo, se refuerza el mensaje de que la pesca deportiva responsable puede convivir con la conservación, siempre que se respeten las restricciones temporales y espaciales fijadas por las autoridades. Cada temporada, miles de aficionados acuden a la Patagonia atraídos por la potencia y resistencia del Chinook, practicando modalidades como la captura y suelta, que ayudan a preservar el recurso y sostener la actividad turística asociada.

Todo lo ocurrido en torno a la pesca ilegal de salmones en El Chaltén muestra hasta qué punto la presión furtiva puede poner en jaque a un recurso codiciado y a una actividad recreativa clave para la economía local; al mismo tiempo, evidencia que los controles coordinados, las sanciones disuasorias y el compromiso de la comunidad pescadora son herramientas indispensables para mantener el equilibrio entre aprovechamiento y conservación en uno de los rincones más emblemáticos de la Patagonia.

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