La acuicultura de trucha y tilapia en Perú afronta un doble frente: mejorar la detección precoz de enfermedades y prepararse para los vaivenes ambientales asociados a El Niño. En ese contexto, APEC ha presentado una guía técnica impulsada por el Ministerio de la Producción peruano, a través de Sanipes, con el fin de que los productores puedan reconocer antes cualquier señal sanitaria y actuar con rapidez.
El documento no se queda en grandes principios. Baja al centro de cultivo y propone pasos concretos para observar peces, revisar el agua y avisar de posibles brotes. Además, Sanipes ha difundido recomendaciones para reducir riesgos en trucha, tilapia y otras especies acuícolas, medidas que también miran a los mercados internacionales, donde España y Francia figuran entre los destinos citados.
Una herramienta regional con origen peruano
La guía fue coordinada por Produce, mediante Sanipes, y se enmarca en un proyecto aprobado por APEC sobre detección temprana de enfermedades que afectan a especies acuícolas relevantes. Su objetivo es facilitar que los brotes se identifiquen cuanto antes, mejorar los avisos sanitarios y reforzar la capacidad de respuesta para que el problema no salte de una explotación a otra, ni de un país a otro.
El enfoque parte de tres pistas que pueden verse sobre el terreno: comportamiento anómalo de los peces, alteraciones en los parámetros del agua y aparición de signos clínicos. Con esas señales, la metodología conocida como observar, registrar y alertar busca que incluso los pequeños productores puedan documentar lo que ocurre y comunicarlo a tiempo.
- Observar: vigilar el nado, el apetito y cualquier cambio visible en los animales.
- Registrar: anotar datos del agua, incidencias y mortalidad para tener un historial útil.
- Alertar: informar con rapidez a la autoridad sanitaria cuando aparezcan indicios compatibles con un brote.
La iniciativa incorpora experiencias de distintas economías de APEC y aborda la vigilancia epidemiológica, los sistemas de notificación y el uso de nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial como apoyo al diagnóstico y a una respuesta más ágil. El texto fue revisado con participación técnica de los miembros de APEC y contó con el visto bueno del Comité Directivo sobre Cooperación Económica y Técnica y del Grupo de Trabajo de Océanos y Pesquerías.
El viceministro de Pesca y Acuicultura, Jesús Barrientos, ha subrayado que una enfermedad se controla mejor antes de que se agrande. Detectar una señal a tiempo permite activar medidas, proteger la producción y rebajar el impacto sobre miles de familias que viven de esta actividad. La presidenta ejecutiva de Sanipes, Mónica Saavedra, ha señalado por su parte que reforzar la sanidad acuícola también supone cuidar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de un sector con margen de crecimiento.
El Niño obliga a extremar la vigilancia
Ante los posibles efectos del fenómeno de El Niño sobre los ecosistemas acuáticos, Sanipes ha recomendado medidas preventivas para los cultivos de trucha, tilapia, langostino y concha de abanico. La idea es reducir la exposición a cambios bruscos, evitar estrés en los animales y frenar pérdidas de biomasa con actuaciones adaptadas a cada sistema productivo.
En trucha, tilapia y langostino, la entidad aconseja aumentar la frecuencia de control de la temperatura y de los principales parámetros fisicoquímicos cuando el tiempo se vuelva más variable. También recuerda la importancia de mantener niveles adecuados de oxígeno disuelto mediante aireadores, oxigenación suplementaria o un mayor recambio de agua, según las características de cada instalación.
Otra medida pasa por revisar la densidad de siembra y valorar raleos o cosechas anticipadas si las condiciones ambientales comprometen la capacidad del sistema. La alimentación debe ajustarse a la temperatura y al comportamiento de los peces, evitando que sobre comida y retirando los restos para que no se acumule materia orgánica.
En materia de bioseguridad, Sanipes insiste en limpiar y desinfectar las unidades productivas y en retirar a diario los animales muertos. Aconseja además disponer de generadores eléctricos y bombas de reserva por si los fenómenos hidrometeorológicos extremos interrumpen el suministro, así como seguir los pronósticos meteorológicos e hidrológicos para anticipar decisiones de manejo.
Las recomendaciones para la concha de abanico incluyen evaluar la recolección anticipada de ejemplares que ya tengan talla comercial, reducir la densidad por malla y controlar temperatura, oxígeno y salinidad. Ese seguimiento ayuda a decidir la profundidad de los sistemas suspendidos o a programar cosechas preventivas en cultivos de fondo; también se pide revisar cabos, anclajes y boyas y evitar arrojar materia orgánica al fondo marino.
La autoridad sanitaria anima a comunicar sin demora cualquier signo de enfermedad o un aumento raro de mortalidad. Los avisos relacionados con tilapia, trucha y langostino pueden enviarse a [email protected], mientras que las alertas por mortalidad anómala en concha de abanico tienen como dirección [email protected].
Mercados exteriores: España y Francia en la lista
Entre enero y julio, las exportaciones peruanas de trucha, tilapia, langostino y concha de abanico sumaron 214,48 millones, según los datos difundidos por Sanipes. Entre los destinos aparecen Estados Unidos, Corea del Sur, España, Francia y Canadá, lo que da una idea del peso comercial que tiene esta actividad para distintas regiones del país.
Para el comprador europeo, y en particular para España y Francia, estas cifras se traducen en un flujo de producto acuícola que depende de que la producción peruana mantenga continuidad y estándares sanitarios. De ahí que las medidas preventivas no solo afecten a las piscifactorías: también influyen en la oferta disponible y en la confianza de los mercados internacionales.
Sanipes sostiene que adoptar estas precauciones permite reducir la exposición de los cultivos a las variaciones ambientales y sostener una actividad que genera empleo, producción y oportunidades comerciales. En un escenario climático cambiante, la previsión y el aviso temprano se convierten en herramientas tan relevantes como la propia producción.
Qué conviene vigilar en la práctica
- Agua: controlar temperatura, oxígeno, salinidad y otros parámetros fisicoquímicos con más frecuencia cuando el tiempo cambie.
- Carga del cultivo: revisar densidades, valorar raleos y planificar cosechas anticipadas si el entorno se deteriora.
- Alimentación: ajustar la comida al comportamiento y a la temperatura, sin excesos y retirando los restos.
- Sanidad: desinfectar instalaciones, retirar bajas a diario y notificar enfermedades o mortalidades inusuales.
La combinación de una guía regional para la detección precoz, protocolos de vigilancia en las explotaciones y previsiones frente a El Niño dibuja una estrategia común para la trucha y la tilapia peruanas. El reto está en que esas recomendaciones lleguen al día a día de los acuicultores, se registren los datos con rigor y las alertas circulen a tiempo; de ello dependen tanto la sanidad de los cultivos como la posición de Perú en mercados europeos como España y Francia.