En el mundo de los peces y los acuarios existen algunos muy espectaculares debido a su coloración brillante y sus aletas singulares. Peces con gran variedad de formas y con características únicas que merecen la pena conocer.
En este caso, hablamos del pez betta. Un pez muy conocido por sus colores brillantes y vistosos, conocidos por ser peces luchadores siameses y por la agresividad que tiene el macho hacia otros peces betta. Además, es una especie muy popular tanto para acuaristas principiantes como avanzados por su resistencia, su capacidad de adaptación y su carácter curioso e inteligente, capaz incluso de reconocer a su cuidador y aprender pequeños trucos si se le estimula correctamente.

También son conocidos como luchadores de Siam, y aunque en la naturaleza sus colores son más apagados y discretos, la cría selectiva en cautividad ha dado lugar a ejemplares con tonalidades intensas y combinaciones espectaculares de rojos, azules, verdes, blancos, negros o amarillos, así como colas de formas muy diversas. Todo esto, sumado a su relativa facilidad de mantenimiento, los ha convertido en uno de los peces ornamentales más famosos del mundo.
¿Quieres conocer todo acerca de estos peces, sus tipos, cuidados, alimentación, enfermedades, compatibilidades y reproducción? A continuación encontrarás una guía extremadamente completa y actualizada para que tu betta viva sano, colorido y durante el máximo tiempo posible.
Origen del pez betta

El origen de los peces betta se remonta al sudeste asiático. Tienen sus hábitats en aguas poco profundas y de corriente lenta, en países como Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, Malasia o Indonesia. Son frecuentes en arrozales, zanjas de drenaje, estanques, pantanos y pequeñas charcas formadas en las cálidas llanuras de inundación de la región.
Estos entornos naturales sufren con frecuencia tormentas, inundaciones y sequías intensas. Como respuesta, el betta ha desarrollado mecanismos de adaptación increíbles que le permiten sobrevivir en condiciones de agua muy pobres en oxígeno y con variaciones importantes de nivel y calidad del agua. Todo esto explica que sea un pez tan resistente en acuario, pero también por qué es fundamental entender bien sus necesidades para ofrecerle un entorno adecuado.
En su hábitat natural, la coloración de los bettas salvajes suele ser marrón verdosa u olivácea, bastante apagada si la comparamos con la de los ejemplares de acuario. Esta coloración les sirve para camuflarse entre hojas y raíces, protegiéndose de depredadores. Las aletas también son más cortas, ya que colas muy largas serían un estorbo en aguas con vegetación densa.
A través de la cría selectiva en cautividad, los criadores han ido reforzando los ejemplares con colores más intensos y con aletas exageradas, hasta conseguir las variedades tan llamativas que vemos hoy en día en las tiendas y acuarios domésticos. Es importante entender que estos peces de acuario son mucho más delicados que los bettas salvajes en lo que respecta a sus aletas, porque se dañan con facilidad ante corrientes fuertes o decoraciones afiladas.
El órgano laberinto y su capacidad para respirar aire
Una de las características clave que ha desarrollado el betta para adaptarse a entornos extremos es la presencia de un órgano respiratorio especial llamado laberinto. Este órgano, situado sobre las branquias, le permite tomar oxígeno directamente del aire atmosférico.
Gracias al laberinto, los bettas pueden sobrevivir en aguas muy pobres en oxígeno, como charcas casi estancadas, arrozales muy poco profundos o pequeñas pozas aisladas. En caso de encontrarse en un lugar con poca agua, mientras el cuerpo del pez se mantenga húmedo, puede subir a la superficie y tragar aire para obtener el oxígeno que necesita.
Es importante destacar que esta capacidad no significa que el pez pueda vivir sano en condiciones extremas durante largos periodos, sino que le ayuda a sobrevivir de manera temporal en situaciones límite. Por ello, aunque un betta pueda tolerar condiciones de agua deficientes, si queremos que viva varios años y luzca sus mejores colores, debemos ofrecerle un acuario bien mantenido, espacio suficiente y parámetros estables.
En cautividad, aunque puedan sobrevivir en espacios reducidos y sin filtración, se desarrollan mucho mejor en acuarios de mayor volumen, con agua caliente, estable y bien cuidada. La temperatura más adecuada para su crecimiento y desarrollo se sitúa, de forma general, entre 24 y 27 grados, aunque muchos cuidadores avanzados los mantienen cómodamente entre 25 y 28 grados, siempre con estabilidad.
¿A qué se debe el nombre de betta?
Existe una teoría muy aceptada según la cual el nombre de esta especie procede de un antiguo clan de guerreros conocido como “Bettah” en la región. Estos peces, como se ha mencionado, son muy territoriales y buenos luchadores, especialmente los machos. Por ello, se les empezó a conocer como luchadores de Siam, haciendo referencia a su país de origen (la antigua Siam, actual Tailandia) y a su carácter combativo.
En el pasado fue habitual en algunas zonas de Asia organizar peleas de peces betta en pequeños recipientes. Estos combates se convirtieron en una forma de entretenimiento popular, donde se realizaban apuestas. La práctica fue tan común que las autoridades de la época llegaron a regular legalmente las peleas. Durante estos encuentros, la resistencia y la valentía de los peces eran más valoradas que el daño infligido al rival.
Hoy en día, la comunidad acuarófila responsable rechaza estas prácticas, y se promueve al betta como mascota ornamental, valorando su carácter curioso y su belleza, y no su agresividad.
La comida preferida de los bettas

Los bettas disponen de una boca orientada hacia arriba, ligeramente volteada, lo que indica que se alimentan preferentemente en la parte superior de la columna de agua. En la naturaleza son carnívoros con tendencia insectívora, consumiendo larvas de mosquito, insectos que caen al agua (moscas, grillos pequeños, mosquitos), pequeños crustáceos y otras presas de tamaño reducido.
En acuario se acercan sin miedo a la superficie para comer, ya que están habituados a subir a tomar aire. Entre la comida que mejor se adapta a su dieta se encuentran bloodworms secos o congelados (larvas rojas de mosquito), camarones de salmuera (artemia) y daphnia (pulgas de agua). Estos alimentos imitan bastante bien la dieta natural del pez betta y aportan proteínas de alta calidad.
Los alimentos comerciales específicos para betta son muy recomendables porque combinan estos ingredientes animales con vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales. Gracias a esta formulación, contribuyen a que la coloración sea más intensa, mejoran la resistencia frente a enfermedades y alargan la esperanza de vida del pez.
Además de los alimentos secos específicos (pellets o escamas especiales para betta), es una buena idea ofrecer de forma regular alimentos vivos o congelados como artemia, daphnia, larvas de mosquito o grindal. Estos alimentos vivos estimulan su instinto cazador, mejoran su musculatura y aportan una textura más natural. No obstante, conviene no basar toda la dieta en un único alimento vivo (por ejemplo, solo gusanos de sangre) porque pueden ser relativamente pobres o desequilibrados en algunos aminoácidos.
Existe un mito bastante extendido que afirma que los bettas pueden alimentarse de las raíces de plantas, como los lirios de la paz u otras especies crecidas en los jarrones donde se los mantiene. Esto es totalmente falso: los bettas no pueden sobrevivir alimentándose únicamente de raíces o materia vegetal. Necesitan una dieta rica en proteínas animales y fibra adecuada, por lo que una alimentación basada solo en vegetales les provocaría desnutrición grave.
Frecuencia y cantidad de comida
Para mantener un pez betta sano es fundamental controlar la cantidad de alimento que se le ofrece. Tienen un apetito voraz y es fácil caer en la sobrealimentación. Lo ideal es alimentarlos una o dos veces al día, con pequeñas raciones que puedan consumir por completo en menos de 2-3 minutos.
Como referencia general, en el caso de pellets específicos para betta, suele ser suficiente con 2 o 3 gránulos de tamaño medio por toma, ajustando según el tamaño del pez y el tipo de comida. Si se suministran alimentos congelados o vivos, una o dos pequeñas porciones por comida suelen bastar. Si el pez deja comida sin comer pasados unos minutos, es señal de que le hemos ofrecido más de lo necesario.
Es recomendable, además, instaurar de forma periódica pequeños días de ayuno (por ejemplo, 1 día a la semana sin comida) para ayudar a limpiar su sistema digestivo y prevenir problemas de estreñimiento o hígado graso. Un betta sano puede soportar sin problemas varios días sin comer, siempre que el ayuno no se prolongue en exceso.
Alimentos recomendados y a evitar
Entre los alimentos más recomendables para un betta se encuentran:
- Pellets específicos para betta, formulados con alto contenido en proteína animal.
- Alimentos vivos o congelados como artemia, daphnia, larvas de mosquito y gusanos de sangre (como complemento, no único alimento).
- Alimentos liofilizados (por ejemplo, artemia o gusanos de sangre secos) como complemento ocasional, siempre hidratándolos antes y alternándolos con otras comidas.
Y entre los alimentos que conviene evitar o usar con mucha moderación:
- Comida genérica para peces tropicales no específica para betta, con demasiado cereal o harinas vegetales.
- Alimentos exclusivamente vegetales, como los diseñados para peces herbívoros, que no cubren sus necesidades proteicas.
- Restos de comida humana, pan, galletas u otros alimentos que pueden contaminar rápidamente el agua y enfermar al pez.
Tipos de peces betta y formas de cola
Existen numerosos tipos de peces betta. Se trata de distintos fenotipos de la misma especie, Betta splendens, obtenidos a partir de cruces selectivos realizados por criadores. Además de los patrones de color, una de las características que más varía es la forma de la cola y las aletas, lo que ha dado lugar a una gran variedad de denominaciones comerciales.
Algunas de las formas de cola más conocidas son:
- Cola de velo (Veiltail): la más común en tiendas. Presenta una cola larga que cae hacia un lado como un velo. Es una de las variedades más resistentes y extendidas.
- Media luna (Halfmoon): la cola forma un ángulo cercano a 180 grados cuando el pez se abre por completo, creando un semicírculo perfecto que recuerda a una media luna.
- Delta y Super Delta: colas triangulares que se abren en un ángulo menor (delta) o cercano (super delta) a 180 grados, pero sin alcanzar el abanico completo de la media luna.
- Crowntail o cola de corona: las aletas muestran prolongaciones finas en los radios, dando un aspecto de “corona” o picos alrededor de la cola.
- Plakat: bettas de aleta corta, más parecidos al betta salvaje. Suelen ser más activos, resistentes y nadadores incansables.
- Double tail (doble cola): presentan una cola dividida en dos lóbulos bien diferenciados, con una aleta dorsal más amplia.
- Rose tail o cola de rosa: variedad derivada de los halfmoon, con aletas tan rizadas y superpuestas que recuerdan a los pétalos de una rosa.
En cuanto a las coloraciones, se han desarrollado líneas muy diversas: sólidos (un solo color dominante), bicolores, marbles (manchas irregulares), koi (patrones que recuerdan a los koi), dragón (escamas gruesas y aperladas), cobre, mostaza, etc. Dentro de estas variedades, algunos de los tipos más apreciados son:
- El pez betta corona: se trata de una modificación en la que su cola y sus aletas presentan hendiduras entre los radios, asemejándose a la forma de los picos de una corona.
- El pez betta cooper: se caracteriza por sus tonalidades metálicas oscuras que reflejan la luz con tonos cobrizos, de ahí su nombre (cooper/copper).
- El pez betta dragón: destaca por sus escamas gruesas y perladas, normalmente blancas o plateadas, que crean un contraste muy llamativo con el color de fondo del cuerpo.
Pez Betta corona
Pez Betta dragón
Algunos criadores están desarrollando peces que reúnen varias características en un solo ejemplar, así que ya existen peces black cooper dragon o red cooper dragon, donde se combinan coloraciones metálicas, escamas tipo dragón y patrones bicolores.
Pez Betta Black Cooper
Además de estas, existen decenas de variedades reconocidas según color, forma de cola y patrones, superando ampliamente las 70 combinaciones distintas. Esto hace del betta una especie especialmente atractiva para los aficionados que disfrutan de la diversidad morfológica.
La reproducción del pez betta

La reproducción del pez betta es uno de los procesos más fascinantes en acuariofilia, pero también uno de los que requieren mayor planificación, espacio y experiencia. El macho es el principal encargado de construir y cuidar el nido de burbujas, donde se depositarán y desarrollarán los huevos.
Para reproducir bettas en casa es recomendable utilizar un acuario específico de cría, sin otros peces, con poca profundidad de agua (unos 15-20 cm), temperatura estable y superficies idóneas para el nido. Puede ayudar mucho añadir musgo de acuario o plantas flotantes donde el macho pueda apoyar el nido. También se puede colocar un vaso de plástico o un trozo de corcho flotante como soporte.
Antes de juntarlos, macho y hembra deben conocerse sin contacto directo. Lo ideal es dividir el acuario mediante un cristal o plástico transparente, de modo que puedan verse, exhibirse y acostumbrarse el uno al otro. Si se introduce directamente a la hembra en territorio del macho sin esta fase de presentación, es muy probable que el macho la considere una intrusa y la ataque.
Cuando el macho comience a construir activamente el nido de burbujas en la superficie y la hembra muestre signos de receptividad (barrado vertical en el cuerpo, vientre ligeramente abultado, actitud de acercamiento al macho), será el momento de juntarlos. El macho tardará un poco en iniciar el cortejo activo, desplegando sus aletas y rodeando a la hembra. Finalmente la sujetará envolviéndola con su cuerpo en una especie de “abrazo” característico, durante el cual la hembra liberará los huevos y el macho la esperma.
Los huevos caen lentamente y el macho los va recogiendo con la boca para colocarlos cuidadosamente en el nido de burbujas. Este proceso se repetirá varias veces hasta que la hembra se quede sin huevos. Una vez finalizada la puesta, es crucial retirar a la hembra y devolverla a su acuario, ya que el macho podría volverse agresivo con ella al centrarse en la defensa del nido.
El macho cuidará el nido, reparando las burbujas y recolocando los huevos que caigan. La eclosión suele producirse en un plazo de 24 a 48 horas, dependiendo de la temperatura. Tras la eclosión, las crías permanecerán unos días colgando del nido, alimentándose de su saco vitelino. Durante este periodo el macho puede seguir recogiéndolos y devolviéndolos al nido si caen.
Cuando los alevines comiencen a nadar libremente, muchos criadores recomiendan retirar también al macho para evitar que se los coma. Desde ese momento será imprescindible ofrecerles alimentos de tamaño muy pequeño, como infusorios, microgusanos o nauplios de artemia recién eclosionados, y realizar cambios de agua frecuentes y suaves para mantener la calidad del agua sin estresar a los jóvenes.
¿Qué condiciones de acuario son mejores para los bettas?

Los bettas son peces muy territoriales. Independientemente del sexo, pueden mostrar conductas agresivas frente a otros bettas, sobre todo si se trata de dos machos. No obstante, también son peces curiosos y relativamente tranquilos con otras especies adecuadas y en el entorno correcto.
En cuanto a la configuración del acuario, los bettas prefieren espacios bien plantados, con zonas de sombra y escondites. Las cuevas acuáticas, troncos y agrupaciones densas de plantas funcionan muy bien para hacer que un betta se sienta seguro y reducir su nivel de estrés. Un entorno desnudo, sin refugios, puede provocar comportamientos nerviosos y coloración apagada.
Respecto al agua, aunque el betta tolere un rango amplio, es recomendable mantener:
- Temperatura: ideal entre 24 y 27 ºC aproximadamente, evitando que baje de 22 ºC y que suba de forma prolongada por encima de 30 ºC.
- pH: ligeramente ácido a neutro, entorno a 6,0 – 7,5, aunque pueden adaptarse a valores algo superiores si son estables.
- Dureza: moderada, con aguas blandas a semiduras, evitando cambios bruscos.
Para mantener la calidad del agua se recomienda cambiar aproximadamente un tercio del volumen cada vez que se realice un cambio, rellenando con agua nueva previamente tratada y a la misma temperatura. Esto permite que el pez se aclimate poco a poco a los cambios de pH y dureza, sin sufrir estrés.
En tanques pequeños se aconseja realizar cambios de agua cada tres o cuatro días, mientras que en acuarios más grandes y filtrados pueden espaciarse a una vez por semana, dependiendo de la carga biológica y la eficacia del filtro. Es fundamental evitar el uso de jabones o desinfectantes para limpiar los adornos, ya que sus residuos pueden ser muy tóxicos. Lo mejor es utilizar agua caliente y, si es necesario, un cepillo suave para retirar algas y suciedad.
Señales para saber que el pez betta está sano

Cuando tengamos peces betta en nuestro acuario debemos observar una serie de indicadores que nos ayudarán a valorar si su estado de salud es correcto. Un betta sano suele estar activo, curioso y alerta, recorriendo el acuario, explorando objetos y reaccionando ante la presencia de su cuidador.
Otros signos positivos de salud son:
- Apetito regular: el pez come con ganas en cada toma y se acerca rápidamente cuando detecta comida.
- Aletas desplegadas: las aletas se muestran abiertas, sin deshilachados ni pliegues continuos.
- Color intenso: sobre todo en los machos, los colores se ven vivos y brillantes, sin palidez generalizada.
- Respiración tranquila: no permanece en superficie boqueando constantemente, sino que sube a tomar aire de forma natural sin signos de esfuerzo.
Para que el pez betta mantenga una buena salud es esencial evitar situaciones de hacinamiento y estrés, como acuarios demasiado pequeños sin refugios o con compañeros incompatibles. Mantener una adecuada calidad de agua, con cambios regulares y filtración suave, reduce drásticamente la probabilidad de enfermedades.
Señales que nos indican que algo va mal
Al igual que hay indicadores de buen estado de salud, también existen signos claros de que algo no va bien en nuestro betta. Los primeros síntomas suelen ser pérdida de color, apatía y falta de apetito. Si el pez deja de comer de forma repentina varios días seguidos, es una señal de alerta.
Entre las señales más frecuentes de enfermedad se encuentran:
- Manchas u hongos en el cuerpo, las aletas o la boca (zonas algodonosas o puntos blanquecinos).
- Ojos nublados o inflamados, a veces con aspecto blanquecino o con sangre interna.
- Escamas levantadas, dando apariencia de “piña”, síntoma típico de hidropesía.
- Aletas deshilachadas, descompuestas o con bordes ennegrecidos.
- Letargo: pasa mucho tiempo en el fondo o escondido, apenas se mueve.
- Respiración forzada, boqueos constantes en la superficie o respiración acelerada.
- Nado errático: nado inclinado, giros bruscos, dificultad para mantenerse equilibrado.
- Pérdida de peso visible, cuerpo más delgado y hundimiento del vientre.
- Hinchazón abdominal, que puede asociarse a problemas digestivos o a hidropesía.
Si se detectan uno o varios de estos síntomas es fundamental revisar de inmediato la calidad del agua (amonio, nitritos, nitratos, temperatura) y corregir cualquier parámetro fuera de rango. En muchos casos, las enfermedades de los bettas se desencadenan por agua sucia, cambios bruscos de temperatura o estrés por mala convivencia.

Las patologías que afectan a los bettas son variadas: desde problemas de vejiga natatoria, pudrición de aletas, hidropesía e infecciones bacterianas como la columnaris, hasta parásitos externos como el punto blanco (Ich), el terciopelo o los trematodos branquiales. Un diagnóstico temprano y la mejora de las condiciones de agua son la base para aumentar las probabilidades de recuperación.
Diferencias entre macho y hembra

Distinguir entre un betta macho y una hembra suele ser bastante sencillo, sobre todo en las variedades de aletas largas. El pez betta macho suele tener el cuerpo algo más largo y robusto, con unas aletas mucho más grandes y espectaculares. Sus colores tienden a ser más intensos y llamativos, especialmente cuando se muestra o se siente amenazado.
La hembra, por el contrario, suele tener el cuerpo algo más compacto y corto, con aletas más reducidas y formas algo más discretas. Aunque también pueden ser muy coloridas, su paleta suele ser más uniforme y menos exagerada que la de los machos. En muchas hembras adultas se puede observar una pequeña mancha blanca en la zona ventral, cercana al inicio de las aletas pélvicas; es el llamado “punto de puesta” o poro ovopositor, por donde expulsan los huevos.
Otra diferencia muy marcada es el comportamiento. El macho es generalmente mucho más agresivo y territorial que la hembra, y no suele tolerar la presencia de otro macho en el mismo acuario. Las hembras, en cambio, pueden convivir entre sí en pequeños grupos (llamados “sororidades”) de unas 4 o 5 hembras, siempre que dispongan de suficiente espacio y abundantes escondites para reducir el estrés y establecer jerarquías sin daños graves.
En cuanto a la esperanza de vida, con buenos cuidados tanto machos como hembras pueden vivir entre tres y cinco años o más. Sin embargo, en recipientes pequeños sin mantenimiento adecuado es habitual que su vida se acorte considerablemente. Por ello, independientemente del sexo, es preferible proporcionar acuarios con volumen suficiente, calefacción y buena calidad de agua.
En el caso de los machos, es mejor que naden en aguas en calma y con filtración suave, evitando corrientes fuertes que dificulten su nado y dañen sus aletas. Las hembras, al ser algo más activas y con aletas más cortas, suelen tolerar algo mejor los filtros con algo más de flujo, siempre dentro de lo razonable.
Cómo cuidar a un pez betta

Los peces betta son, en general, resistentes y fáciles de cuidar si se entienden bien sus necesidades básicas. No basta con cambiar el agua de vez en cuando y darles de comer; es importante ofrecerles un entorno estable, enriquecido y con parámetros adecuados.
Con buenos cuidados, muchos bettas en acuario doméstico superan los tres años de vida y pueden alcanzar incluso más tiempo, manteniendo colores vivos y un comportamiento activo. A continuación se detallan los aspectos más importantes de su hábitat y rutina de mantenimiento.
Hábitat y parámetros del agua
Mucha gente que tiene peces betta sabe que pueden vivir en aguas poco profundas y, por ello, los mantiene en recipientes muy pequeños (tazones, jarrones, etc.). Aunque el betta pueda sobrevivir en estos volúmenes, no son las condiciones óptimas para que prospere. El entorno ideal es un acuario con agua caliente, espacio suficiente y buena estabilidad.
La temperatura es un factor clave: si el agua desciende de manera mantenida por debajo de unos 22 ºC, el pez se debilitará y será más propenso a enfermedades. Una temperatura en torno a 26 ºC suele ser muy confortable para la mayoría de bettas, siempre que se mantenga estable. El pH recomendado es neutro o ligeramente ácido, situándose alrededor de 6,5 – 7,0 para la mayoría de montajes domésticos.
Por todo ello, es muy recomendable contar con un calentador para acuario adecuado al volumen del tanque y un medidor de la calidad del agua (termómetro, test de pH, amonio, nitritos, nitratos) para asegurarnos en todo momento de que las condiciones son seguras para el pez.
Dimensiones del hábitat y compatibilidad
Aunque los bettas son peces agresivos entre sí, no significa que tengan que vivir forzosamente en soledad. Sí es cierto que un betta macho está mucho mejor cuando es el único betta en el tanque. Los machos tienden a luchar con otros bettas, sean machos o incluso hembras, si el espacio es insuficiente o la introducción no se hace correctamente.
En lo que respecta al tamaño del acuario, aunque puedan sobrevivir en recipientes de 2 o 3 litros, lo recomendable para una buena calidad de vida es un acuario de 20 litros o más para un solo betta. Cuanto mayor sea el volumen, más estables serán los parámetros y más fácil será mantener el agua limpia. Si se va a mantener una sororidad de hembras o un acuario comunitario con otras especies, será necesario aumentar aún más el volumen (por ejemplo, 40 litros o más).
Un betta macho puede convivir con peces pacíficos, pequeños y poco llamativos, siempre que no sean agresivos, no tengan aletas largas y no presenten colores demasiado vivos que puedan ser confundidos con otro betta. Entre los posibles compañeros se encuentran algunos tetras tranquilos, rasboras pequeñas, corydoras, caridinas o caracoles, siempre adaptando el montaje a las necesidades conjuntas.
En cambio, es preferible evitar la convivencia del betta con:
- Otros machos betta, ya que pelearán casi con total seguridad.
- Especies de nado rápido y mordedoras de aletas (por ejemplo, algunos barbos), que pueden dañar sus delicadas colas.
- Peces muy coloridos o con grandes aletas (como ciertos guppys o guramis), que pueden ser percibidos como rivales y desencadenar ataques.
Accesorios del tanque de un pez betta

A los bettas les encanta disponer de lugares donde esconderse y explorar, especialmente a las hembras y a los ejemplares algo tímidos. Para ello, es buena idea añadir escondites específicos, troncos, cuevas de cerámica o piedras dispuestas de forma segura.
Si se quieren incorporar plantas, lo ideal es recurrir a plantas naturales vivas (como anubias, helechos de Java, musgos, lenteja de agua o flotantes similares) o, en su defecto, plantas artificiales diseñadas específicamente para bettas, con hojas suaves que no desgarren sus aletas. Las plantas de plástico duro con bordes afilados pueden romper o deshilachar las aletas, por lo que es mejor evitarlas.
Los bettas pueden vivir sin bomba de aire, ya que el órgano laberinto les permite tomar oxígeno de la superficie. Sin embargo, un sistema de filtración suave y aireación moderada contribuye a mantener el agua en buen estado y reduce la carga de mantenimiento. Lo importante es que la corriente generada por el filtro no sea excesiva.
Es fundamental que los acuarios de betta tengan algún tipo de tapa o cubierta, ya que son muy buenos saltadores y, si se asustan o se excitan, pueden saltar hasta varios centímetros por encima de la superficie del agua. El tanque no debe llenarse hasta el borde; dejar algo de espacio libre ayuda a que el pez pueda tomar aire con comodidad y reduce el riesgo de que salte fuera.
En cuanto al coste, los precios de los peces betta suelen oscilar entre 5 y 15 euros por ejemplar, dependiendo de la variedad, el tamaño y la rareza del patrón de color. Los alevines o ejemplares jóvenes pueden encontrarse a precios menores, alrededor de 1 euro en algunos casos.

Como puedes ver, aunque los bettas tienen fama de peces luchadores y agresivos, son también mascotas fascinantes, fáciles de cuidar y muy agradecidas cuando se les proporciona el entorno adecuado. Con un acuario bien dimensionado, agua limpia y parámetros estables, alimentación variada y una decoración adaptada a sus necesidades, es posible disfrutar durante años de sus colores, formas y comportamiento tan característico.
