Pez volador: características, hábitat, vuelo y especies

  • Exocoetidae (Beloniformes): familia con ~70 especies y 7–9 géneros; tipos de “dos” y “cuatro alas”.
  • Planeo eficiente: aceleran a 50–60 km/h, aleteo caudal rapidísimo y deslizamientos de 60–200+ m.
  • Superficie pelágica: mares tropicales y subtropicales; dieta de plancton y pequeños peces/crustáceos.
  • Reproducción ovípara: huevos con filamentos en algas u objetos flotantes; larvas muy distintas al adulto.

pez volador caracteristicas y habitat

pez volador

La naturaleza no deja de sorprendernos en todo momento. Aunque el hábitat de los peces se encuentra dentro de los mares y océanos, existen peces como el pez volador que tienen características en la morfología de su cuerpo que los hacen tener grandes habilidades en el planeo fuera del agua. Se trata de los impresionantes peces voladores.

¿Cómo es posible que un pez, cuyo hábitat se encuentra bajo el agua, tenga habilidades para planear fuera de ella? Si quieres descubrir todo lo relacionado con estos peces voladores, sigue leyendo 

Características del pez volador

pez volador nadando dentro del agua

Existen muchas especies de peces voladores y todos pertenecen a la familia Exocoetidae (exocétidos), del orden Beloniformes. La especie más común conocida como pez volador se denomina Exocoetus volitans. En la familia hay alrededor de 70 especies repartidas en 7 a 9 géneros, lo que explica la gran variedad de formas y tamaños que encontramos en distintas regiones del planeta.

Estos peces tienen grandes aletas pectorales que toman aspecto de ala y son la razón por la que reciben su nombre. Estas “alas” les otorgan la capacidad de planear con relativa facilidad fuera del agua. Su cuerpo en forma de torpedo es aerodinámico y ligero, y junto con aletas pélvicas desarrolladas en muchas especies, completan el perfil de auténticos “voladores” marinos.

Normalmente miden entre 20 y 30 cm, aunque el tamaño varía según la especie. Presentan una coloración de dorso azul oscuro iridiscente y vientre plateado, un patrón que les ayuda a camuflarse: desde arriba se confunden con las profundidades, y desde abajo con el brillo de la superficie.

Otra característica que hace únicos a estos peces son sus ojos. Los tienen relativamente planos y prominentes, lo que mejora la visión cuando asoman o salen del agua durante sus planeos. Esta adaptación les ayuda tanto a orientarse en el aire como a detectar depredadores y peligros en superficie.

Su comportamiento es pelágico de superficie: pasan gran parte del tiempo en capas someras del océano donde realizan sus saltos y planeos, a menudo en bancos numerosos. En algunas especies, las aletas pectorales son tan grandes que alcanzan dimensiones comparables a la longitud del cuerpo, como ocurre con Cheilopogon exsiliens o con el propio Exocoetus volitans.

Forma de su cuerpo y vuelo

pez volador planeando

El cuerpo de estos peces está cubierto por escamas grandes y suaves. Gracias a su bajo peso relativo y a una musculatura caudal potente, pueden planear durante largos segundos tras un impulso inicial. El lóbulo inferior de la aleta caudal suele ser más desarrollado que el superior, lo que mejora la tracción a ras de superficie durante el despegue.

En el borde del cuerpo se aprecian pliegues laterales que contribuyen a estabilizar el flujo de agua cuando ganan velocidad. La paleta de colores, con banda plateada detrás de las aletas pectorales en algunos ejemplares, también puede servir como señal visual dentro del cardumen.

En realidad no “vuelan”, sino que planean. La secuencia típica es así: primero aceleran bajo el agua hasta alcanzar velocidades cercanas a 50–60 km/h, apuntan a la superficie con un ángulo óptimo, despliegan las aletas pectorales y, manteniendo aún la cola en el agua, la baten rapidísimo para un último empuje (se han estimado más de 50 aleteos por segundo de la caudal en esta fase). Entonces, el pez sale completamente y se desliza sobre el aire.

Cuando estos peces alzan el vuelo (de nuevo, un planeo extremo), es todo un espectáculo. En un solo deslizamiento, pueden recorrer entre 60 y 100 metros de forma habitual, con velocidades en el aire de 50 a 60 km/h. En condiciones favorables y aprovechando corrientes de aire, se han observado planeos que superan ampliamente los 200 metros, llegando a encadenar varios deslizamientos consecutivos al rozar la cola con el agua para recuperar impulso. La mayor duración documentada del planeo en exocétidos roza decenas de segundos, muy por encima de un simple salto.

Ver a un pez volador planear es algo fantástico, pero ver a un bando ejecutar maniobras sincronizadas lo convierte en un espectáculo natural excepcional. En estaciones cálidas pueden verse patrullando cerca de algunas playas abiertas al océano, donde explotan las brisas y capas de aire laminar para maximizar distancia y estabilidad.

El diseño del cuerpo es tan eficaz que numerosos investigadores describen su silueta como una “ala delta” natural: aletas extendidas que proporcionan sustentación, cuerpo estilizado que reduce el arrastre y cola que actúa como propulsor y timón en el último instante del despegue.

Hábitat

pez volador entrando en el agua tras el salto

Como se ha mencionado antes, los peces voladores se establecen en zonas de poca profundidad relativa respecto a la superficie, aunque su ambiente es plenamente pelágico y oceánico. Se mantienen en la capa superficial del mar, a menudo en aguas abiertas alejadas de la costa, y realizan movimientos estacionales: tienden a alejarse más en épocas frías y acercarse a la costa en periodos cálidos, cuando el plancton y las condiciones de viento les resultan favorables.

Su distribución es amplia en mares tropicales y subtropicales de todos los océanos, con presencia en el Atlántico, el Indico, el Pacífico y también en el mar Mediterráneo, donde algunas especies, como Cheilopogon heterurus, son relativamente habituales. Son peces oceanódromos de superficie, capaces de formar bancos numerosos que pastorean sobre capas ricas en plancton.

Son buenos refugiándose en zonas con objetos flotantes naturales (como sargazos) que agregan alimento y ofrecen sustratos para la reproducción. El pez volador más citado en literatura general, Exocoetus volitans, se establece en una amplia franja de aguas cálidas, con poblaciones que aparecen tanto en mar abierto como en áreas costeras exteriores.

Alimentación

sushi de huevos de pez volador

La alimentación de estos peces es básicamente planctívora. Consumen zooplancton (pequeños crustáceos y larvas), así como organismos microscópicos que flotan en la columna de agua. En muchas ocasiones también pueden comer peces pequeños y algunos de mediano tamaño cuando se presenta la oportunidad. Este pez no es peligroso para las personas.

Sus huevos, conocidos como tobiko cuando se utilizan en gastronomía, han sido empleados en Japón para preparar sushi. En algunas zonas del Mediterráneo occidental, como la costa andaluza, se consume de forma tradicional en salazón alguna especie local de exocétido, ejemplo de la interacción histórica entre estas poblaciones y la cultura pesquera regional.

El pez volador no se preocupa exclusivamente por su alimentación: su estrategia de supervivencia combina la captura eficiente de presas planctónicas en superficie con el uso del planeo para evitar a sus numerosos depredadores.

Reproducción

reproducción del pez volador

Estos peces se reproducen por huevos, es decir, su reproducción es ovípara. Las hembras depositan racimos de huevos sobre algas flotantes u otros objetos que se encuentran en superficie (restos vegetales, boyas naturales), o en ocasiones los liberan directamente en el agua. Los huevos se mantienen unidos mediante hilos o filamentos adhesivos muy finos que facilitan que queden anclados al sustrato.

En algunas especies los huevos pueden ser planctónicos, flotando dispersos hasta la eclosión. Tras el nacimiento, las larvas muestran un aspecto muy distinto al de los adultos; durante el crecimiento, van adquiriendo las aletas pectorales y pélvicas sobredimensionadas que caracterizan a los exocétidos.

Estos peces no están, por lo general, en estatus de protección global específico, si bien el aprovechamiento de sus huevos y la captura incidental pueden afectar a determinadas poblaciones. Por ello, diversas medidas de gestión locales (como tallas mínimas, vedas o control de artes de pesca) resultan clave para garantizar su conservación.

Taxonomía, grupos y especies representativas

La familia Exocoetidae se integra en el orden Beloniformes. Dentro de ella se reconocen diversos géneros, entre los que destacan:

  • Cheilopogon
  • Cypselurus
  • Exocoetus
  • Fodiator
  • Hirundichthys
  • Parexocoetus
  • Prognichthys

Los especialistas distinguen dos grandes tipos según el desarrollo de sus aletas: especies de “dos alas” (con pectorales muy desarrolladas) y especies de “cuatro alas” (con pectorales y pélvicas grandes), lo cual influye en la estabilidad del planeo. Entre las especies representativas destacan Exocoetus volitans (de amplia distribución tropical y subtropical), Cheilopogon exsiliens (con pectorales enormes) y Cheilopogon heterurus (presente en el Mediterráneo).

En cuanto a su tamaño, la mayoría de especies rondan los 20–30 cm en fase adulta. No presentan espinas en las aletas; sus radios son blandos y numerosos. Las pectorales suelen ser grises, mientras que otras aletas pueden ser más transparentes, rasgo que mejora la aerodinámica y reduce el contraste visual frente a depredadores.

Depredadores, amenazas y estrategias de escape

Los peces voladores son el objetivo de numerosos depredadores marinos. Entre ellos figuran el pez vela, atunes, caballas, pez espada y otros grandes pelágicos. También son presa de delfines, marsopas e incluso calamares en algunas regiones. Paradójicamente, al salir del agua se convierten en blancos para aves marinas capaces de atraparlos en pleno vuelo.

Su respuesta ha sido evolucionar un repertorio defensivo basado en la velocidad y el planeo. Aceleran de forma explosiva, saltan y se deslizan aprovechando el viento relativo para romper la línea de ataque y ganar distancia. En ocasiones encadenan varios planeos, rozando la cola para recuperar impulso: una maniobra que confunde a quien los persigue.

Respecto a presiones humanas, los exocétidos pueden verse afectados por capturas accesorias en pesquerías pelágicas y por la recolección de huevas. La aplicación de buenas prácticas pesqueras y la protección de áreas de reproducción y agregación superficial ayudan a reducir el impacto.

Curiosidades, etimología y cultura

El nombre exocétido procede del griego exo-koitos («yacer fuera»), en alusión a su costumbre de saltar fuera del agua y a que, según crónicas marineras, no era raro hallarlos en cubiertas de barcos por la noche. La constelación Volans hace referencia a estos peces, y el género Hirundichthys significa “pez golondrina”.

Su coloración bicolor (oscura arriba y plateada abajo) es un ejemplo clásico de contracoloración, una adaptación que reduce la detectabilidad por parte de depredadores y presas. Otro detalle llamativo es la capacidad de algunos bancos para realizar planeos sincronizados, lo que sugiere comunicación y respuesta colectiva frente a amenazas.

Además del uso culinario de sus huevas en Asia, estos peces han inspirado estudios de biomimética aplicados al diseño de vehículos y alas por su asombrosa eficiencia al generar sustentación con superficies flexibles en entornos variables.

Cómo observarlos y cuándo es más probable verlos

Los peces voladores se observan mejor en aguas abiertas, durante travesías en mar exterior con mar de fondo moderado y brisas constantes. En periodos cálidos, su presencia cerca de costas abiertas al océano puede aumentar. Es más fácil avistarlos cuando hay actividad de depredadores bajo la superficie: el frenesí los incita a saltar y planear.

Si navegas en zonas tropicales o subtropicales, mantén la vista en el horizonte cercano de la proa, donde suelen salir proyectados como pequeñas “flechas plateadas”. En ocasiones, tras una primera oleada, el banco repite la maniobra a los pocos segundos, lo que multiplica la oportunidad de observarlos con detalle.

Como podéis ver, la naturaleza no deja de sorprendernos y nos ofrece espectáculos como este. Los peces voladores son dignos de ver y nos ofrecerán una de las escenas más singulares del océano: peces que parecen desafiar su medio, combinando una anatomía refinada, velocidad explosiva y planeos precisos para prosperar en la superficie del mar.