Polémica en El Quisco por turistas que sacaron un tiburón del mar para hacerse fotos

  • Un grupo de veraneantes sacó de la orilla un tiburón mako pequeño en la playa Los Corsarios de El Quisco para exhibirlo y hacerse fotos.
  • El animal, especie protegida de aleta corta, fue paseado por la arena y trasladado al sector sur sin constancia de que regresara al mar.
  • El hecho fue grabado por testigos y programas de televisión, generando una fuerte ola de críticas en redes sociales y en la opinión pública.
  • El alcalde anunció que revisarán cámaras, coordinarán con autoridades y entregarán los antecedentes a Fiscalía para sancionar a los responsables.

Turistas sacan tiburon del mar

La escena de un tiburón mako alzado en brazos por varios jóvenes en plena playa ha generado una tormenta de críticas en Chile y más allá de sus fronteras. Lo que para algunos turistas parecía un momento “curioso” para las redes sociales, se ha convertido en un caso emblemático de falta de respeto hacia la fauna marina y de posible vulneración de la normativa de protección de especies.

Los hechos se produjeron en la comuna costera de El Quisco, en la región de Valparaíso, y han abierto un intenso debate sobre cómo se gestionan este tipo de situaciones en los balnearios, el papel de los municipios y la necesidad de mayor concienciación ambiental entre veraneantes y residentes.

Un tiburón sacado del mar y exhibido como “trofeo” en la playa Los Corsarios

Según diversos testimonios y grabaciones difundidas por programas como “La tarde es nuestra” y “Mucho Gusto”, un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, retiró de la orilla un tiburón mako pequeño en la playa Los Corsarios de El Quisco para hacerse fotos y vídeos. En las imágenes se aprecia cómo el animal es sostenido en brazos, levantado y mostrado ante otros bañistas, que observan la escena o se acercan para inmortalizar el momento con sus móviles.

Los testigos relatan que el grupo mantuvo al tiburón fuera del agua durante varios minutos, mientras se sucedían las selfies y posados para redes sociales. Lejos de devolverlo de inmediato al mar, los veraneantes terminaron cargando al escualo al hombro y caminando con él por la arena hacia el sector sur del balneario, por la avenida principal de la comuna.

En algunos de los reportajes televisivos se apunta a que el animal podría haber estado ya sin vida cuando comenzaron a manipularlo, aunque no existe una confirmación oficial sobre si el tiburón estaba vivo o muerto en el momento de ser alzado y trasladado. Lo que sí se sabe, según los registros difundidos, es que el ejemplar no fue devuelto al mar y se desconoce qué ocurrió finalmente con él.

La especie involucrada, identificada como tiburón mako de aleta corta, habita habitualmente en mar abierto y rara vez se acerca tanto a la orilla. Se trata de un animal protegido, cuyo papel es clave en el equilibrio del ecosistema marino, lo que aumenta la preocupación ante este tipo de comportamientos por parte de quienes visitan las playas.

La presencia del escualo en una zona de baño fue descrita por las autoridades como un fenómeno que puede ocurrir, igual que otros varamientos de fauna marina, pero que en ningún caso justifica que los animales sean manoseados, sacados del agua o exhibidos como si fueran trofeos para llamar la atención en redes sociales.

Grabaciones, programas de televisión y ola de indignación pública

El episodio no habría pasado de un incidente local si no fuera porque varios asistentes a la playa grabaron lo sucedido con sus teléfonos móviles. Esos vídeos llegaron a programas como “La tarde es nuestra” de Canal 13 y al matinal “Mucho Gusto”, que difundieron las imágenes, ampliando el alcance de la denuncia y avivando el debate en todo el país.

En las emisiones, panelistas y presentadores calificaron de “maldad” y “acto repudiable” la actitud de los veraneantes, vinculándola con otros episodios recientes de maltrato a fauna marina en el litoral chileno. Las escenas, en las que se ve a jóvenes posando sonrientes con el tiburón en brazos, fueron especialmente criticadas por tratarse de un animal vulnerable y protegido.

La ciudadanía reaccionó con fuerza a través de redes sociales, donde se multiplicaron los mensajes de rechazo y las peticiones de sanciones. Muchos usuarios denunciaron que no se trata de un hecho aislado, sino de una conducta que se repite cuando aparecen delfines, lobos marinos u otros animales marinos cerca de la costa, convirtiéndose en atracción improvisada para turistas poco concienciados.

El reportaje de “Mucho Gusto” añadió un matiz incómodo para las autoridades locales: todo ocurrió a escasos metros de personal de seguridad municipal, que en ese momento no se percató de la manipulación del tiburón. Esta circunstancia ha llevado a cuestionar la capacidad de respuesta y vigilancia en las zonas más concurridas del balneario.

Durante la cobertura televisiva, un veterinario especialista en fauna marina, el doctor Sebastián Jiménez, recordó que los tiburones están amparados por normativas de protección: no se pueden capturar ni consumir, y si acaban en redes o se acercan de manera accidental a la costa, deben ser devueltos al mar. Además, subrayó que son especies clave para mantener el ecosistema marino “limpio” y en equilibrio, por lo que su maltrato o muerte tiene consecuencias que van más allá de un simple incidente de verano.

La dura reacción del alcalde de El Quisco y el impacto en la imagen turística

Tras la difusión masiva del vídeo, el alcalde de El Quisco, José Jofré, expresó sin rodeos su malestar. En distintas entrevistas con medios de comunicación, el jefe comunal calificó lo sucedido como una “estupidez” y un acto de gente “sin cultura” e “irresponsable”, insistiendo en que este tipo de comportamientos dañan la imagen del municipio y van en contra de años de trabajo en educación ambiental.

Jofré recordó que la comuna, en colaboración con pescadores y especialistas, cuenta con el apoyo de un biólogo marino para formar a la comunidad sobre cómo actuar ante la presencia de fauna marina. Por ello, le resultó aún más frustrante que, pese a esos esfuerzos, siga habiendo visitantes que traten a los animales como meros objetos de exhibición.

El alcalde advirtió también del riesgo reputacional que episodios así suponen para un destino turístico muy frecuentado por familias: la imagen de un tiburón cargado por la playa puede asustar a quienes planean sus vacaciones y alimentar percepciones erróneas sobre la seguridad en el agua, generando un efecto disuasorio para futuros visitantes.

En varias declaraciones, la autoridad local insistió en que “ese tipo de gente es la que uno no quiere”, porque no entiende nada de cuidar el medio ambiente ni el ecosistema. Subrayó que en la zona es relativamente habitual que varen ballenas, cachalotes, lobos marinos u otros animales, y que el proceder adecuado es dejar actuar a las autoridades competentes, y no manipular a los ejemplares por curiosidad o afán de protagonismo.

Al mismo tiempo, Jofré hizo un llamamiento directo a los veraneantes para que, si presencian situaciones similares, intervengan al menos verbalmente, pidiendo que se deje en paz a los animales y, en su caso, avisando a Carabineros, la Policía Marítima o al propio municipio, en lugar de limitarse a mirar o grabar con el teléfono.

Investigación, cámaras de vigilancia y posibles acciones legales

Lejos de quedarse en la simple condena pública, el municipio anunció que activarían varios mecanismos para intentar identificar a los responsables. El propio alcalde detalló que El Quisco dispone de más de 300 cámaras de vigilancia repartidas por distintos puntos de la comuna, incluidas zonas cercanas a las playas y accesos principales.

Con esa infraestructura, el consistorio pretende reconstruir el recorrido de las personas que sacaron y trasladaron al tiburón, y comprobar hacia dónde se dirigieron una vez abandonaron la arena. La idea es obtener imágenes que faciliten su identificación y permitan, llegado el caso, adoptar medidas ejemplarizantes.

Jofré explicó que el caso ha sido derivado al director jurídico del municipio, encargado de analizar qué acciones caben dentro del marco legal. La intención es remitir todos los antecedentes a la Fiscalía y a las autoridades competentes, de manera que se determine si hubo infracción a las normas de protección de fauna marina u otros posibles delitos o faltas.

Además del trabajo municipal, desde la Capitanía de Puerto de Algarrobo se informó que, junto a Sernapesca, se están revisando los registros disponibles para evaluar qué medidas corresponden en este tipo de situaciones. La coordinación incluye también a Carabineros y a la Policía de Investigaciones (PDI), con el objetivo de aclarar los hechos y establecer eventuales responsabilidades.

La investigación busca también despejar una de las grandes incógnitas del caso: qué ocurrió finalmente con el tiburón. A día de hoy, no se ha confirmado si el animal fue abandonado en algún punto de la comuna, si fue trasladado en vehículo, si se le dio algún uso ilegal o si su cuerpo se perdió sin dejar rastro identificable.

Un problema que va más allá de un caso aislado

Las autoridades y especialistas consultados coinciden en que el episodio de El Quisco no es un hecho puntual ni exclusivo de esta playa. En los últimos años, tanto en Chile como en Europa, se han difundido imágenes de turistas que montan sobre delfines varados, se acercan en exceso a crías de focas o manipulan tortugas marinas para hacerse fotos, comportamientos que pueden causar un daño irreparable a los animales.

En el caso concreto del tiburón mako, su captura, maltrato o consumo está restringido por distintos marcos normativos

Especialistas han insistido en que mantener la distancia con la fauna marina es esencial, tanto por la seguridad de las personas como por la salud de los animales. Interactuar sin conocimiento, intentar tocarlos, alzarlos o desplazarlos fuera del agua puede provocarles estrés severo, lesiones internas, asfixia o incluso la muerte, aunque parezca que “solo” se trata de unos minutos para una foto.

Para municipios costeros y destinos turísticos de playa, tanto en Chile como en España o el resto de Europa, este tipo de episodios suponen un reto de gestión y comunicación. No basta con cartelería genérica: cada vez cobra más importancia la presencia de campañas claras, personal formado que pueda intervenir a tiempo y canales de denuncia rápida para quienes presencian posibles casos de maltrato o manipulación de fauna salvaje.

El caso de El Quisco ha servido, además, para reabrir la discusión sobre la responsabilidad compartida entre turistas, autoridades locales y organismos sectoriales. Mientras las instituciones trabajan en protocolos y sanciones, buena parte de la solución pasa por un cambio cultural: asumir que los animales marinos no son atrezzo para vídeos virales, sino seres vivos protegidos cuyo bienestar depende en gran medida de cómo las personas decidan comportarse frente a ellos.

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Lo ocurrido con el tiburón mako en la playa Los Corsarios ha quedado como un episodio incómodo que retrata las tensiones entre ocio veraniego y respeto ambiental. A partir de la difusión de las imágenes, el municipio ha prometido actuar con todo su margen legal, las autoridades sectoriales analizan medidas y la opinión pública ha dejado claro su rechazo a este tipo de conductas. Que este caso se convierta en un punto de inflexión o quede en una anécdota más dependerá, en buena parte, de la capacidad de aprender la lección y de que, la próxima vez que aparezca un animal marino en la orilla, prime el sentido común sobre la búsqueda del “selfie perfecto”.