
El vaciado total del embalse de Alcollarín, en la provincia de Cáceres, se ejecutó con la finalidad de erradicar al pez invasor Pseudorasbora parva. Lo que nació como una intervención de control biológico ha derivado en una fuerte controversia por sus efectos sobre el ecosistema y el territorio.
Tras la maniobra, el paisaje es desolador: peces muertos en el lecho, malos olores que alcanzan el casco urbano y la desaparición de aves acuáticas. El debate se ha encendido entre vecinos, pescadores y administración sobre la idoneidad del método y su ejecución en este caso.
Qué ha pasado y por qué se decidió el vaciado
Hasta hace unos meses, el pantano almacenaba su máximo nivel, con 50 hectómetros cúbicos (50.000 millones de litros), regulando el caudal del río Alcollarín. El Ministerio para la Transición Ecológica, a través de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, ordenó el vaciado completo para frenar la expansión de la Pseudorasbora parva, ya presente en el Alcollarín y con colonización detectada hacia el Ruecas y el Guadiana. La gestión de especies invasoras de peces como esta se explica en nuestra sección dedicada a especies invasoras de peces en España.
El dispositivo contemplaba artes pasivas y activas de pesca, así como barreras para impedir el paso aguas abajo del muro. La documentación técnica también advertía del riesgo de propagación hacia infraestructuras como el canal de Orellana y exigía evitar cualquier liberación masiva de individuos durante la explotación de la presa.
En la práctica, durante las fases críticas del descenso del agua, las redes de captura se vieron desbordadas. Testigos presenciales difundieron vídeos en los que se observa cómo numerosos ejemplares escapaban cauce abajo, lo que habría favorecido su dispersión por la cuenca según relatan vecinos y pescadores.

Coste, contrato público y ejecución
La intervención fue licitada por el MITECO como actuaciones para el control de Pseudorasbora parva y adjudicada por 953.313,01 euros (IVA incluido), con financiación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La resolución, publicada en el Boletín Oficial del Estado, detalla la obligación de extremar las medidas para impedir la propagación de la especie.
En la comarca, numerosos testimonios consideran que la planificación y el despliegue resultaron insuficientes en los momentos clave. Figuras conocidas del ámbito naturalista extremeño han denunciado que el operativo, lejos de contener el problema, permitió la fuga de miles de peces hacia tramos inferiores del Alcollarín, con alcance al Ruecas y al Guadiana. La gestión de estas situaciones también se explica en nuestras páginas sobre causas y consecuencias de la mortalidad de peces.
Las administraciones implicadas deberán ahora aportar evaluaciones técnicas detalladas sobre la eficacia real del operativo y sobre los efectos colaterales, con el fin de determinar responsabilidades y establecer medidas correctoras basadas en evidencias.
Impacto ambiental y reacción en la comarca
El embalse ha quedado completamente seco y el fondo se cubre de peces muertos, tanto de la especie invasora como de especies autóctonas, en proceso de descomposición. En días de viento del este o noreste, el hedor alcanza el núcleo urbano de Alcollarín, provocando malestar y numerosas quejas.
La súbita desaparición de la lámina de agua ha expulsado a aves acuáticas que utilizaban el embalse como hábitat. Con ello, se ha paralizado la pesca recreativa y el turismo ornitológico, actividades que aportaban movimiento económico a localidades como Alcollarín y Zorita. La conservación de estos hábitats y especies es también fundamental para la biodiversidad en rivers y embalses, como se analiza en nuestro artículo sobre el impacto de los incendios en fauna acuática.
El clima social refleja indignación. Vecinos recuerdan la pérdida de tierras con la construcción de la presa y ahora consideran que se ha malogrado el uso social y ambiental que se había consolidado. Se pide a la Junta de Extremadura programas de reposición de especies autóctonas y subrayan que antes de ello, es fundamental contener completamente a la invasora.
Entre las propuestas ciudadanas, se incluyen la pesca intensiva de especies exóticas como método de control y el endurecimiento de sanciones por transporte de ejemplares vivos. También se reclama una planificación más ajustada, con dispositivos de retención que no se saturen en fases críticas del descenso del embalse.
Marco legal y el problema de la Pseudorasbora parva
La normativa de conservación prohíbe métodos masivos y no selectivos de eliminación de fauna silvestre, lo cual genera debates respecto al encaje jurídico de acciones como un vaciado total si no se garantiza la selectividad. Expertos y vecinos solicitan una evaluación independiente del operativo y del posible daño a especies nativas, además de un plan de recuperación del hábitat.
La Pseudorasbora parva es una especie exótica invasora de origen asiático, presente en Europa desde los sesenta y extendida en más de 30 países. Esta especie depreda huevos y alevines, consume zooplancton y favorece procesos de eutrofización, además de actuar como vector del patógeno Sphaerothecum destruens, que afecta a peces nativos y su reproducción.
En España fue detectada en 2002 con entradas principalmente en la cuenca del Ebro, y se ha expandido a distintas áreas: Cuencas Internas de Cataluña, Delta del Ebro, Manzanares (Tajo), Hozgarganta y Guadiaro en Andalucía, así como en la cuenca media del Guadiana. Se encuentra en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y en regulaciones europeas respecto a especies prioritarias.
Los expertos coinciden en que una gestión eficaz requiere control sostenido, barreras eficaces, capturas dirigidas y vigilancia continua, evitando decisiones indiscriminadas que puedan dañar la fauna nativa y los hábitats.
Se prioriza la retirada segura de restos, el seguimiento de la calidad del agua y un plan para la restitución del nivel de agua que garantice la contención de la especie invasora.
Además, se propone intensificar el monitoreo aguas abajo en el Alcollarín, el Ruecas y el Guadiana, así como blindar puntos críticos como el canal de Orellana, con dispositivos de retención que prevengan saturaciones ante descensos rápidos.
Desde el ámbito institucional, se exige transparencia en la gestión, coordinación con equipos científicos independientes y, si es necesario, avances en normativa para actuar con agilidad, manteniendo la selectividad y la protección de las especies autóctonas.