Preocupación por la aparición de peces muertos en el río Nalón tras un nuevo vertido de espumas

  • Un vertido de espumas en el río Nalón a la altura de Sotrondio provocó la muerte de decenas de peces en varios kilómetros de cauce.
  • Ni el Servicio de Vida Silvestre ni el Seprona han logrado identificar el origen del vertido ni a sus responsables pese a recoger muestras.
  • La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies denuncia que estos episodios contaminantes son demasiado habituales en los ríos asturianos.
  • El colectivo reclama medidas contundentes y una depuración eficaz de las aguas residuales para evitar que los ríos sigan funcionando como cloacas.

Peces muertos en el río Nalón

La aparición de decenas de peces muertos en el río Nalón tras un episodio de espumas ha vuelto a encender las alarmas sobre el estado ecológico de los ríos asturianos. El suceso, que se produjo el 1 de noviembre de 2025 a la altura de Sotrondio, ha sido denunciado por la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, que lleva años advirtiendo de la reiteración de este tipo de vertidos.

El colectivo ecologista ha mostrado su malestar porque, pese a la intervención de los servicios oficiales y la toma de muestras, las autoridades no han logrado averiguar de dónde procedía la contaminación ni quién está detrás de los hechos. Esta falta de resultados vuelve a poner en el centro del debate la eficacia del control ambiental en una cuenca ya muy castigada.

Un vertido de espumas que recorrió varios kilómetros del Nalón

Según ha detallado la Coordinadora, el vertido se manifestó en forma de espumas blancas que descendieron durante varias horas por el cauce del Nalón, en la zona de Sotrondio, en el municipio de San Martín del Rey Aurelio. A medida que las espumas avanzaban, fueron apareciendo numerosos peces sin vida acumulados en las orillas.

Los ecologistas calculan que el episodio tuvo efectos apreciables al menos en unos cuatro kilómetros del río, con las espumas avanzando aguas abajo hasta las cercanías de Sama de Langreo. En ese tramo, vecinos y pescadores pudieron observar la presencia de peces muertos, lo que evidencia el impacto inmediato del vertido sobre la fauna acuática.

Las imágenes del cauce, con ejemplares de peces dispersos en las riberas, se han convertido en un símbolo del deterioro ambiental que sufre el Nalón. Aunque no se ha ofrecido un recuento exacto, la Coordinadora habla de «decenas» de individuos afectados, en un contexto en el que ya se considera que la población piscícola es muy reducida.

El suceso se suma a otros episodios de contaminación registrados en esta misma cuenca y en otros ríos de Asturias que arrastran una larga lista de incidentes similares. Esta reiteración es, para las organizaciones ecologistas, una señal clara de que los mecanismos de vigilancia y prevención siguen siendo insuficientes.

Desde el colectivo se insiste en que estos episodios no solo suponen un problema puntual, sino que agravan un estado crónico de mala calidad del agua, especialmente en tramos sometidos a presiones industriales, urbanas y de saneamiento deficiente.

Investigación sin responsables identificados

Tras recibir la denuncia, intervinieron en la zona el Servicio de Vida Silvestre de la Consejería de Medio Rural y el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona). Ambos organismos recogieron muestras tanto del agua como de los peces muertos con el objetivo de analizar el origen y la composición del vertido.

Pese a estas actuaciones, la Coordinadora lamenta que no se haya logrado determinar de dónde procedía la contaminación. Sin un foco claramente identificado, no ha sido posible iniciar procedimientos sancionadores concretos ni exigir responsabilidades directas a ninguna empresa o instalación.

Para la organización ecologista, esta situación refleja un problema recurrente: los vertidos aparecen y dejan daños evidentes, pero la trazabilidad se pierde y acaban quedando sin autor conocido. De este modo, las consecuencias para los ecosistemas son evidentes, mientras que las repercusiones administrativas o penales resultan escasas o inexistentes.

La ausencia de responsables señalados genera entre los colectivos ambientales la sensación de que existe una brecha entre el discurso institucional y la realidad del control ambiental. Aunque se anuncian planes y compromisos periódicamente, los resultados a pie de río no parecen acompañar esas declaraciones.

Desde la Coordinadora se recalca que esta falta de identificación no implica que el vertido fuera pequeño o irrelevante, sino que evidencia limitaciones en la capacidad de seguimiento de las fuentes contaminantes, sobre todo cuando los episodios son puntuales o se producen fuera de los momentos habituales de inspección.

Vertidos «demasiado habituales» en los cauces asturianos

La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies lleva tiempo denunciando que los vertidos contaminantes en los ríos de la región se han convertido en algo rutinario. En sus comunicados hablan de una «lacra» que no termina de desaparecer y que se repite con una frecuencia que consideran inasumible desde el punto de vista ambiental.

El colectivo atribuye esta situación a una «permisividad» general con el funcionamiento deficiente de numerosas depuradoras y con determinados vertidos autorizados de origen industrial. Señalan que hay instalaciones que, aun contando con autorización, superarían con frecuencia los límites de emisión o no cumplirían las condiciones de calidad que se les exigen.

Uno de los problemas que destacan los ecologistas es la dificultad para detectar estos episodios en el momento exacto en que se producen. Muchos vertidos se realizan en horarios o circunstancias que complican la acción inmediata de los servicios de inspección, lo que favorece que, cuando se llega al lugar, la traza de la contaminación sea más complicada de seguir.

Por ello, sostienen que la reiteración de incidentes como el de Sotrondio no se puede considerar un simple accidente aislado, sino la consecuencia de un sistema de control que, a su juicio, no logra anticiparse ni responder con suficiente rapidez y contundencia.

La organización insiste en que cada nuevo caso se suma a una «lista interminable» de episodios contaminantes en diferentes ríos asturianos, que acabarían normalizando una situación de degradación de las masas de agua, a pesar de los compromisos europeos de mejora del estado ecológico de los ríos.

Impacto sobre los peces y la calidad ecológica del Nalón

Más allá de la imagen de los peces muertos, los ecologistas recalcan que las consecuencias de estos vertidos van más allá del episodio puntual. El Nalón y otros ríos asturianos arrastran ya una situación de fragilidad ecológica derivada de décadas de presión industrial y urbana, a la que ahora se suman factores como la escasez de caudal y el aumento de las temperaturas.

En este contexto, los vertidos de sustancias contaminantes, aunque sean puntuales, afectan especialmente a las ya mermadas poblaciones de peces. La Coordinadora habla de los «pocos peces» que quedan en ciertos tramos, lo que indica que la resiliencia del ecosistema es muy limitada frente a impactos adicionales.

Además de la mortandad directa de peces observada en las orillas, estos episodios pueden provocar alteraciones en la calidad del agua, reducción de oxígeno disuelto y efectos tóxicos sobre otros organismos acuáticos, desde invertebrados hasta plantas y microorganismos clave para el equilibrio del río.

Los colectivos ambientales recuerdan que la legislación europea obliga a alcanzar y mantener un buen estado ecológico de las masas de agua, algo que, según denuncian, se ve comprometido por la reiteración de incidentes como el registrado en el Nalón. Cada nuevo vertido podría suponer un retroceso en los avances logrados en los últimos años.

En el plano social, la visión de un río con aguas espumosas y peces muertos tiene un impacto evidente sobre la percepción ciudadana de la calidad ambiental y puede afectar a usos recreativos, a la pesca y al vínculo que muchas localidades mantienen históricamente con sus ríos.

Reclaman medidas más contundentes de las administraciones

Ante este panorama, la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies reclama que las administraciones competentes adopten actuaciones «claras, contundentes y efectivas» para frenar la contaminación de los cauces. Consideran que los ríos «no pueden seguir siendo cloacas» y que el margen para la inacción se ha agotado.

Entre las principales reivindicaciones se encuentra la necesidad de mejorar de forma notable la depuración de las aguas residuales urbanas. El colectivo denuncia que todavía hay miles de personas cuyas aguas se vierten al medio natural sin pasar por una depuradora, ya sea por la inexistencia de instalaciones adecuadas o por el deficiente funcionamiento y dimensionamiento de las que sí están en servicio.

Los ecologistas también piden reforzar los sistemas de control y vigilancia de vertidos industriales, revisar autorizaciones, incrementar las inspecciones y aplicar sanciones efectivas que funcionen como elemento disuasorio. A su juicio, mientras los episodios se salden sin responsables claros, el mensaje que se transmite es de impunidad.

En sus comunicados insisten en que las sucesivas promesas de poner fin a esta «lacra» no se han materializado en una reducción real de los episodios. Recuerdan que «cada poco tiempo» se anuncian planes y medidas, pero los vertidos se siguen produciendo «con demasiada frecuencia», lo que consideran motivo de sonrojo para las autoridades.

La sensación que trasladan es que las instituciones no están logrando frenar un problema que califican de muy preocupante, tanto por el deterioro ambiental que conlleva como por los continuos incumplimientos de los objetivos de calidad fijados a nivel estatal y europeo.

Un problema que trasciende el Nalón y se extiende a otros ríos asturianos

El caso de los peces muertos en el Nalón se enmarca, según la Coordinadora, en una problemática más amplia que afecta a numerosos ríos de Asturias. Episodios similares de espumas, malos olores o mortandades de fauna han sido denunciados en diferentes cuencas de la región durante los últimos años.

Para los colectivos ecologistas, esta reiteración muestra que no se trata de fallos aislados, sino de un modelo de gestión de aguas y vertidos que aún presenta importantes carencias. La conjunción de vertidos urbanos sin depurar, instalaciones de saneamiento obsoletas y focos industriales problemáticos dibuja un escenario complejo.

También apuntan a que la escasez de caudal en determinadas épocas del año y los episodios de calor asociados al cambio climático agravan los efectos de cualquier vertido, ya que el río tiene menos capacidad de dilución y recuperación. Esto hace que sucesos como el de Sotrondio sean aún más perjudiciales para la biodiversidad.

Ante esta situación, las organizaciones ambientales consideran imprescindible reforzar la planificación hidrológica y las inversiones en depuración y saneamiento, priorizando los tramos y municipios que aún no cuentan con soluciones adecuadas. También reclaman una mayor transparencia informativa sobre la calidad de las aguas y los incidentes registrados.

La mortandad de peces en el Nalón, las espumas visibles durante kilómetros y la incapacidad de determinar el origen del vertido se han convertido así en un nuevo ejemplo de las dificultades que afronta Asturias para garantizar ríos en buen estado. Para la Coordinadora, mientras no se aborde el problema de raíz y con mayor firmeza, estos episodios seguirán repitiéndose y comprometiendo la salud de los ecosistemas fluviales.

El episodio vivido en el Nalón deja una imagen clara: un río con espumas, peces muertos y muchas preguntas sin respuesta. La falta de responsables identificados, la preocupación por el impacto sobre unas poblaciones piscícolas ya muy castigadas y las denuncias sobre la permisividad con los vertidos refuerzan la idea de que la calidad de las aguas sigue siendo una asignatura pendiente en buena parte de los cauces asturianos, donde la presión ciudadana y ecologista empuja a las administraciones a pasar de las palabras a los hechos.

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