Cuando hablamos de la cría de salmones, hay un punto crítico que puede hacer que todo el negocio se vaya al traste si no se vigila bien: la salud de las branquias. Estos órganos no solo sirven para que el pez respire, sino que son el centro de mando para la osmorregulación y la eliminación de desechos nitrogenados, por lo que cualquier fallo aquí supone un problema grave para el animal.
Lo más complicado es que no hay un único culpable, sino que estamos ante un estrés multifactorial. Desde bacterias y virus hasta el propio estado del agua o la genética del pez, se junta todo en un cóctel que puede provocar desde una inflamación leve hasta cuadros clínicos devastadores que afectan al crecimiento y al bienestar general de la especie.
Enfermedades Branquiales Complejas (CGD) y Proliferativas

En el sector se habla mucho de la Complex Gill Disease (CGD), una patología que ha ido ganando terreno con el tiempo. No es que un solo bicho la cause, sino que es el resultado de múltiples factores ambientales y patógenos que actúan a la vez. En lugares como Noruega y Escocia, es habitual verla al final del verano o en otoño, y su impacto económico es sencillamente brutal.
Si miramos los peces afectados, lo primero que salta a la vista es que los filamentos branquiales se vuelven blancos, se acortan y se vuelven más gruesos. En los casos más heavies, se pueden ver hemorragias focales y necrosis, lo que deja al salmón prácticamente sin capacidad de respirar correctamente.
El Problema de la Amebiasis Branquial (AGD)

La AGD es una pesadilla para los cultivadores, causada por el protista Neoparamoeba perurans. Esta ameba parásita se instala en las branquias y puede provocar que el 50% o hasta el 85% de la población muera si el manejo no es el adecuado. Afecta sobre todo al salmón del Atlántico, aunque el Coho, el Chinook y la trucha también pueden caer.
Hay factores que hacen que el parásito se sienta como en casa. Por ejemplo, el agua caliente (entre 10 y 18 °C) y una salinidad superior a 32 ppt son el escenario ideal. Cuando la salinidad baja de 28 ppt, la enfermedad suele dar un respiro. Los peces suelen mostrarse apáticos, dejan de comer y respiran a trompicones debido a la hiperplasia de las células epiteliales, que engrosa el tejido y bloquea el intercambio de gases.
Riesgos en Agua Dulce y su Efecto Dominó

Mucha gente piensa que los problemas empiezan en el mar, pero el lío comienza a veces mucho antes, en la fase de agua dulce. Patologías como la nefrocalcinosis (mineralización del tejido renal que también toca las branquias) pueden aparecer tanto en sistemas de recirculación (RAS) como en flujo abierto. Esto puede ser detonado por niveles altos de CO2, el pH o la alcalinidad.
Lo peligroso es que un daño branquial en agua dulce es como una bomba de relojería: el pez parece estar bien, pero en cuanto llega al agua de mar, aparecen las pérdidas a corto y largo plazo. Esto compromete el crecimiento y hace que el animal sea mucho más vulnerable a cualquier otro estrés.
Otras Patologías y Desafíos Sanitarios
- Tenacibaculosis: Una infección bacteriana que provoca úlceras en la piel, erosiones en la boca y desgaste en las aletas, siendo en ocasiones altamente toxigénica.
- Deformaciones Genéticas: Algunos estudios sugieren que ciertos salmones tienen una susceptibilidad génica que los hace propensos a deformaciones branquiales, donde bacterias y hongos suelen colonizar el primer arco branquial.
- Impacto de los Baños: El uso de tratamientos antiparasitarios puede ser un arma de doble filo si no se controla la calidad del agua y la presión de bombeo, ya que pueden estresar las branquias ya debilitadas.
Diagnóstico y Estrategias de Manejo
Para saber a qué nos enfrentamos, se utilizan sistemas de puntuación visual (del 0 al 5) que evalúan la gravedad de las lesiones. Sin embargo, para ir sobre seguro, la histopatología y la PCR son las herramientas clave, ya que permiten detectar infecciones tempranas y confirmar la presencia del agente causal.
En cuanto al tratamiento de la AGD, los baños de agua dulce son el estándar, eliminando el exceso de mucus y amebas. El peróxido de hidrógeno es otra opción, pero ojo: si la temperatura sube de 13,5 °C o el pez está muy afectado, puede volverse tóxico. Actualmente, se apuesta más por alimentos funcionales que refuercen el sistema inmune y por la selección genética de ejemplares más resistentes.
La salud de las branquias depende de un equilibrio delicado entre la genética del pez, el control riguroso de los parámetros del agua y una prevención activa contra parásitos y bacterias. Un monitoreo constante desde la fase de agua dulce es la única forma de evitar que las enfermedades emergentes en la salmonicultura y la amebiasis reduzcan la rentabilidad y el bienestar animal en las etapas marinas.