Qué agua usar en los acuarios: guía completa para peces sanos

  • El agua del grifo es válida para muchos acuarios si se trata con acondicionador, se elimina el cloro y se controla la dureza.
  • La ósmosis inversa ofrece un agua muy pura que debe remineralizarse, ideal para acuarios plantados y especies delicadas.
  • Agua de pozo y lluvia pueden usarse si se analizan y se corrigen gases, metales y dureza con filtración y mezclas adecuadas.
  • Controlar pH, KH, GH y realizar cambios de agua regulares es imprescindible para mantener peces y plantas en buen estado.

tipos de agua para acuarios

A la hora de tener un acuario, bien sea de agua fría o de agua caliente, el principal elemento que vamos a tener va a ser el agua, pues deberemos llenar el acuario, según los litros que tenga, de agua. Son muchas las personas que no saben qué agua usar en los acuarios. Ahora bien, el agua a menudo puede ser uno de los principales motivos por los cuales los peces mueren y esto puede deberse al agua que se usa. Normalmente las personas usamos agua del grifo para llenar los acuarios y, una vez lleno, metemos a los peces, pero ese agua contiene cloro y el cloro es nocivo para los peces, lo cual conlleva la enfermedad e incluso la muerte de los animales si no se trata correctamente.

Además del cloro, el agua puede tener otras sustancias químicas, un pH inadecuado o una dureza poco apropiada para determinadas especies. Todo esto hace que no valga “cualquier agua” para una pecera. Conocer bien las opciones y adaptar el agua a los habitantes del acuario es la clave para lograr peces sanos, plantas vigorosas y un ecosistema estable a largo plazo.

Por ello, en este artículo vamos a explicarte qué agua usar en los acuarios, qué parámetros debes vigilar, cómo mejorar el agua del grifo y qué alternativas tienes (ósmosis, agua de pozo, lluvia, mineral, etc.) para que puedas tomar la mejor decisión según tu caso.

¿Qué se puede hacer?

que agua usar en acuarios para los peces

Ante el problema del cloro y de otras sustancias presentes en el agua de red, hay dos soluciones principales, ambas válidas porque están muy extendidas y probadas en acuariofilia:

La primera es utilizar un acondicionador de agua para acuarios, un producto que puedes encontrar en las tiendas de animales. Se trata de un líquido que se le echa al agua para eliminar, en cuestión de minutos, el cloro que tenga y neutralizar las cloraminas, dejando el agua apta para poder vivir los peces. No cuesta demasiado este producto y dura bastante tiempo, ya que se añaden tan solo unas gotas por cada litro.

Los acondicionadores modernos suelen ir más allá de eliminar cloro: muchos incorporan protectores para las mucosas de los peces, neutralizan metales pesados y añaden ciertos minerales beneficiosos como calcio, magnesio, manganeso o yodo, que ayudan a fortalecer el esqueleto, la musculatura y el sistema inmunitario de los animales. De este modo, cada cambio de agua no solo “limpia” el agua, sino que también repone minerales esenciales que se han consumido con el tiempo.

Otra solución a llevar a cabo es la de coger el agua al menos 24-48 horas antes de cambiar el agua o llenar el acuario. Si dejas el agua en reposo esas horas, el cloro libre se evapora y el agua ya es mejor para los peces. El problema aquí residiría en que tuvieras un acuario de muchos litros y no quisieras tener cubos y cubos de agua esperando para poder servir para rellenar el acuario. Además, este método no siempre neutraliza cloraminas ni metales pesados, por lo que es menos completo que el uso de acondicionador.

Algunos lo que hacen es comprar agua mineral embotellada, también una solución posible, pero suele salir caro (multiplica el número de litros que necesitas por el precio del agua). Además, cada marca tiene una composición distinta de sales minerales (dureza, sodio, etc.), por lo que es imprescindible leer la etiqueta y comprobar que la dureza y el contenido en minerales se ajustan a las necesidades de tus peces y plantas.

Las dos primeras soluciones (acondicionador y reposo del agua) son las más factibles con acuarios grandes y las que pueden suponerte menos quebradero de cabeza. Sin embargo, en acuarios muy plantados o con especies delicadas, muchos aficionados dan un paso más y optan por equipo de ósmosis inversa, que permite tener un control casi total de los parámetros del agua.

Parámetros básicos del agua del acuario que debes conocer

parametros del agua en acuario

Antes de elegir qué agua usar en el acuario, es fundamental conocer algunos parámetros clave que determinan si esa agua será adecuada para tus peces y plantas:

  • pH: mide la acidez o alcalinidad del agua en una escala de 0 a 14. Un valor 7 es neutro, por debajo es ácido y por encima, alcalino. La mayoría de peces de agua dulce comunes se mantienen bien en un rango entre 6,5 y 7,5, aunque hay especies que prefieren aguas más blandas y ácidas, y otras que viven mejor en aguas más alcalinas.
  • KH (dureza de carbonatos): indica la capacidad del agua para amortiguar cambios de pH. Un KH adecuado ayuda a que el pH no fluctúe bruscamente, algo muy peligroso para los peces. Un KH excesivamente bajo provoca inestabilidad, mientras que uno muy alto puede dificultar ajustar el pH.
  • GH (dureza general): mide la cantidad total de minerales disueltos (principalmente calcio y magnesio). Es esencial para el desarrollo óseo de los peces, el funcionamiento de su musculatura y el crecimiento de muchas plantas acuáticas.
  • Conductividad / TDS: indica la cantidad total de sólidos disueltos. Es muy útil para evaluar la “carga” mineral del agua y detectar variaciones al mezclar aguas o utilizar equipos de ósmosis.

Mantener estos parámetros en rangos adecuados y lo más estables posible reduce el estrés, las enfermedades y la aparición de algas, y permite que las bacterias del filtro biológico trabajen de manera eficiente. Para controlarlos, es recomendable contar con test de análisis de agua (en tiras, líquidos o en formato digital) y realizar mediciones con cierta periodicidad.

Cuándo analizar el agua del acuario

Analizar el agua con regularidad te permite detectar problemas antes de que afecten seriamente a tus peces. Una pauta muy práctica es:

  • Acuarios nuevos hasta 4 semanas: medir pH, KH, GH y parámetros básicos varias veces a la semana, ya que el sistema todavía se está estabilizando.
  • Acuarios de 5 a 12 semanas: medir al menos un par de veces por semana.
  • Acuarios maduros (más de 3 meses): medir una vez por semana o cada dos semanas, según la estabilidad que vaya mostrando el acuario.
  • En cualquier momento en que los peces muestren estrés, enfermedades, respiración agitada, cambios de color o comportamiento anómalo.
  • Tras cambios bruscos de agua, después de medicar el acuario o antes de introducir nuevos peces.

Para el pH puedes utilizar tiras reactivas, kits líquidos (más precisos) o medidores digitales. Para KH, GH y nitratos existen también tests específicos. Los medidores de TDS (Total Dissolved Solids) permiten comprobar rápidamente la cantidad de sólidos disueltos, especialmente útil cuando se usa agua de ósmosis.

Qué agua usar en los acuarios: tipos

mantenimiento del acuario

Como sabemos, existen diferentes fuentes de agua para abastecer las instalaciones y hacer que nuestros peces estén saludables. Entre los tipos de agua que hay tenemos los siguientes, cada uno con sus ventajas, inconvenientes y cuidados necesarios.

Agua de grifo

El agua de grifo suele ser la más adecuada y común que se emplea para los acuarios domésticos y de las tiendas. Esto es debido a su gran facilidad de obtención y a que no tiene bacterias y organismos patógenos peligrosos para las personas, gracias a los tratamientos municipales. Sin embargo, precisamente estos tratamientos hacen que, tal y como sale del grifo, no siempre sea apta para los peces sin una preparación previa.

El agua del grifo está pensada para el consumo humano, por lo que tiene características y sustancias destinadas a evitar organismos patógenos. Esto se consigue con la presencia de sustancias desinfectantes. En este caso nos encontramos principalmente con el cloro. Este cloro evita que diversas bacterias crezcan en el agua y potabiliza la misma, pero es muy irritante para las branquias de los peces y puede dañar también las bacterias beneficiosas del filtro.

Otras de las sustancias que puede llevar el agua del grifo son las cloraminas, fluoruros u ozono. Sin embargo, esto no es un impedimento para emplear el agua del grifo. Para eliminar el cloro libre del agua del grifo tan solo debemos agitar un poco el agua y dejarla reposar durante unas 24 horas, de modo que el cloro se evapore. También podemos eliminar el ozono filtrando el agua a través de un filtro de carbón activo. Otra forma es utilizar productos como el tiosulfato de sodio o acondicionadores comerciales para neutralizar el cloro y las cloraminas de forma casi instantánea, algo imprescindible si necesitamos utilizar el agua de inmediato.

Otra sustancia más peligrosa que puede llevar el agua del grifo y que es perjudicial para los peces es el cobre. Suele proceder de las propias tuberías y se disuelve en el agua cuando las mismas son nuevas o cuando el agua permanece estancada en su interior un tiempo prolongado. Si las tuberías son nuevas y el agua ha permanecido un tiempo parado en su interior, el cobre pasa a disolverse en el agua. Para reducir la presencia de cobre se puede emplear un filtro de carbón activo o dejando el agua correr de la tubería durante un minuto antes de utilizar ese agua para el acuario.

Algunos productos como los floculantes son utilizados a veces en las aguas municipales para obtener agua más cristalina y compactar pequeñas partículas en suspensión. Estos compuestos también pueden eliminarse con el uso de carbón activo, sobre todo si observas que el agua del acuario se vuelve turbia tras los cambios de agua.

Además de estos productos químicos, el agua de grifo puede ser más o menos dura según la zona donde vivas. La cal que lleva el agua está compuesta de calcio y magnesio. Estos minerales no son malos en sí, pero una dosis muy elevada puede no ser adecuada para determinados peces de aguas blandas y puede favorecer la aparición de depósitos de cal en equipos y cristales. En zonas con agua muy dura, muchos acuaristas optan por mezclar agua de grifo con agua de ósmosis para conseguir una dureza intermedia más adecuada.

Agua de ósmosis inversa

agua de osmosis para acuarios

La ósmosis inversa es uno de los sistemas más utilizados cuando se busca un agua de máxima calidad y controlable al detalle. El procedimiento consiste en eliminar las impurezas del agua mediante una serie de prefiltros y una membrana especial, obteniendo así un agua purificada con muy baja concentración de sólidos disueltos.

En un equipo doméstico típico, el agua pasa primero por 3 prefiltros:

  • Un prefiltro mecánico que retiene fango, gravilla y las impurezas en suspensión más grandes que llegan por la red.
  • Dos prefiltros con carbón activo que absorben y separan sustancias perjudiciales como cloro, cloraminas, pesticidas o compuestos orgánicos.

Después, el agua pasa por la membrana de ósmosis, que separa definitivamente la mayor parte de las sustancias nocivas de las inocuas. Finalmente, muchos equipos incorporan un cartucho remineralizante que ajusta ligeramente el pH y añade un mínimo de minerales para que el agua sea más agradable tanto para el acuario como para el consumo humano (se reduce así el sabor ácido y excesivamente “plano” del agua pura).

El agua obtenida pasa a un depósito (en equipos domésticos suele rondar los 8 litros) y desde ahí se usa para el acuario. A nivel de parámetros, el agua de ósmosis tiene un pH tendiendo a ácido, KH y GH casi nulos y una conductividad muy baja (normalmente entre 10 y 20 ppm medidos con un TDS-metro).

Esto tiene una ventaja enorme: puedes remineralizarla a tu gusto añadiendo sales específicas para acuarios (por ejemplo, sales para agua dulce, sales para gambas, etc.) y así fijar exactamente el GH y el KH que necesitan tus peces y plantas. En acuarios plantados exigentes y en especies delicadas, se considera que la mejor agua que se puede añadir es precisamente la de ósmosis correctamente remineralizada.

Es importante realizar análisis periódicos tanto del agua del grifo que llega al equipo como del agua que sale del mismo. El agua de la red no siempre viene con los mismos parámetros, y además, si observas que el agua de ósmosis empieza a salir con conductividades superiores a 20 ppm o con GH/KH apreciables, puede significar que la membrana esté deteriorada o que los prefiltros estén saturados. Por ello es recomendable cambiar los prefiltros cada varios meses y establecer un plan de mantenimiento regular para el equipo.

Agua de pozos

El agua que se extrae de los pozos tiene también la ventaja de ser muy barata y, en muchas zonas, fácilmente disponible. Podemos elegir este tipo de agua según el uso que vayamos a darle y siempre que realicemos análisis previos para conocer su composición.

Una ventaja de este agua es que no tiene cloro ni ninguna otra sustancia desinfectante que haya que eliminar, y tampoco suele contener organismos patógenos para los peces si el pozo está bien construido y protegido. Por otro lado, sus desventajas son que puede llegar a tener sustancias disueltas que hay que saber medir y eliminar dependiendo de la profundidad a la que extraemos el agua y de la geología del terreno.

Este agua suele contener cantidades excesivas de gases disueltos como anhídrido carbónico y nitrógeno. Para eliminar estos gases disueltos basta con agitar el agua durante algunas horas o airearla vigorosamente con un difusor y un oxigenador. Otro de los problemas que puede presentar el agua del pozo es que tenga un exceso de hierro disuelto, que puede colorear el agua y resultar tóxico a ciertas concentraciones. Este hierro se puede eliminar aireando el agua y filtrándola a través de medios específicos.

Una de las características por las que el agua de pozo no es muy recomendable del todo es que suele ser baja en oxígeno. Si vamos a tener peces, lo ideal es que el agua tenga una buena proporción de oxígeno. Lo más aconsejable es agitar el agua de forma vigorosa durante algunas horas antes de usarla y contar con un buen sistema de filtración y movimiento en el acuario. También debemos tener un oxigenador instalado en el acuario para ayudar a oxigenar el agua y compensar esta carencia, especialmente en acuarios muy poblados.

Qué agua usar en los acuarios: otros tipos aprovechables

Qué agua usar en los acuarios

Hay otras aguas que, aunque no sean tan recomendables de forma directa, se pueden utilizar sin ningún problema si se conocen bien sus parámetros y se adaptan a lo que necesita el acuario. El secreto está en no confiarse y analizar siempre el agua antes de incorporarla.

Agua de lluvia

El agua de lluvia es una de estas opciones. Podemos almacenar el agua de lluvia para su uso, siempre y cuando esperemos a que lleve un rato lloviendo. Esto se hace así ya que al inicio de la lluvia el agua arrastra sustancias procedentes de la atmósfera (polvo, contaminantes, hollín) y de los tejados y canaletas. Si esperamos un tiempo, esa “primera suciedad” ya ha sido arrastrada y el agua que recojamos será más limpia.

También hay que esperar a que se limpien los tejados y las canaletas: si se recogen las primeras aguas que descienden por ellos, se corre el riesgo de introducir metales pesados, excrementos de aves y suciedad acumulada. Por ello, se recomienda desechar los primeros minutos de lluvia y recoger el agua cuando ya lleva un rato cayendo.

El agua de lluvia tiene la característica de ser muy blanda, con GH y KH muy bajos. Es parecida al agua de ósmosis o al agua desmineralizada en ese sentido. Lo ideal es utilizar un filtro de carbón activo para asegurarnos de que el agua tendrá buena calidad y, en muchos casos, mezclarla con agua de grifo hasta alcanzar una dureza y un pH adecuados para nuestros peces.

En zonas urbanas muy contaminadas, la lluvia puede arrastrar también compuestos indeseables, de modo que conviene ser prudentes y antes de usar este tipo de agua de forma habitual realizar siempre análisis de pH, conductividad y, si es posible, de metales pesados.

Agua mineral embotellada

El agua mineral embotellada puede ser una solución puntual o para acuarios pequeños, pero es importante tener en cuenta que no todas las aguas minerales son iguales. Algunas tienen una mineralización muy débil y otras muy fuerte, con altos niveles de sodio, calcio o magnesio que pueden no ser adecuados para ciertos peces.

Si optas por este tipo de agua, conviene elegir una con mineralización débil o muy débil, bajo contenido en sodio y dureza moderada, revisando siempre la etiqueta. Aun así, usarla como única fuente en acuarios grandes suele ser poco práctico y costoso en comparación con usar agua del grifo tratada o un equipo de ósmosis inversa.

Relación entre el tipo de agua y el tipo de acuario

tipos de agua segun peces de acuario

No todos los acuarios necesitan las mismas características de agua. Elegir correctamente el tipo de agua también depende del tipo de peces y plantas que quieras mantener y de si se trata de un acuario de agua dulce fría, tropical o marino.

  • Acuarios de agua fría: muchas especies de agua fría (como los típicos goldfish o carpas) son bastante resistentes y se adaptan bien a aguas de grifo moderadamente duras, siempre que el cloro y las cloraminas se neutralicen correctamente y el pH se mantenga estable.
  • Acuarios tropicales de agua dulce: en estos casos, la mayoría de especies se mantienen mejor con un pH neutro o ligeramente ácido y durezas moderadas. Aquí es frecuente mezclar agua de grifo con agua de ósmosis para conseguir los valores ideales y usar acondicionadores que aporten minerales y neutralicen sustancias nocivas.
  • Acuarios plantados exigentes: en acuarios con muchas plantas y abonado intensivo, el uso de agua de ósmosis remineralizada ayuda a evitar problemas de algas, carencias de nutrientes específicos y desajustes de pH y dureza. La calidad y estabilidad del agua se vuelve especialmente crítica.
  • Acuarios marinos y de arrecife: en agua salada se suele partir de agua de ósmosis o desionizada y luego se añade una mezcla de sales marinas específicas, que aportan la salinidad y los minerales necesarios. Usar agua de grifo directamente en un acuario marino se desaconseja casi siempre, por la acumulación de nitratos, fosfatos y metales que contienen muchas aguas de red.

Mantenimiento del agua de la pecera doméstica

mantenimiento del agua del acuario

Elegir bien el agua es solo el primer paso. Para lograr un mantenimiento exitoso del agua de la pecera doméstica, el trabajo debe ser continuo y preventivo. Es recomendable que adquieras un test de análisis de agua para controlar pH, KH, GH y otros parámetros como nitratos y nitritos. Junto a esto, contar con buenos filtros, bombas de agua y sistemas de oxigenación te ayudará a mantener la pecera limpia y con un ecosistema estable.

En acuarios bien mantenidos se realizan cambios de agua regulares, normalmente entre un 30 y un 50 % del volumen del acuario cada semana, aunque la frecuencia y el porcentaje exactos pueden variar en función de la carga biológica (número de peces, cantidad de comida, plantas, etc.) y de la aparición de algas. Estos cambios de agua, siempre realizados con agua correctamente tratada, son esenciales para diluir contaminantes y reponer minerales consumidos.

Durante los cambios de agua, es muy recomendable añadir un acondicionador de calidad que no solo neutralice cloro y cloraminas, sino que también aporte minerales importantes (calcio, magnesio, manganeso, yodo…) de forma biodisponible. Así se compensa la pérdida de estos elementos por el consumo de peces, plantas y bacterias, y se favorece el desarrollo muscular, esquelético y reproductor de los habitantes del acuario.

Un agua adecuada y estable, con pH, KH y GH dentro de los rangos adecuados para tus peces, combinada con buenos hábitos de mantenimiento, se traduce en peces más resistentes, plantas más vigorosas y una menor probabilidad de sufrir plagas de algas, enfermedades o mortalidades repentinas.

Con esta información ya puedes valorar mejor qué agua usar en los acuarios y cómo adaptarla a las necesidades concretas de tu proyecto, ya sea una pequeña pecera de agua fría, un acuario tropical plantado o una instalación marina más compleja.