La reciente oleada de vídeos y noticias sobre el llamado “pez del fin del mundo” ha vuelto a poner en boca de todos a una de las criaturas más raras del océano profundo. Cada vez que aparece un ejemplar en una playa o cerca de la superficie, se disparan los rumores sobre catástrofes inminentes y profecías marinas.
Detrás de ese apodo tan dramático se esconde el pez remo, o rey de los arenques (Regalecus glesne), un animal de cuerpo larguísimo, plateado y en forma de cinta, que vive normalmente muy lejos de la vista humana. Su biología, su distribución por los mares del mundo y el choque entre la leyenda y los datos científicos ayudan a entender por qué su presencia genera tanta inquietud… y por qué no es, según los expertos, un mensajero del apocalipsis.
Del mito japonés al fenómeno viral global
El pez remo arrastra desde hace siglos una fama casi de augurio sobrenatural. En la tradición japonesa se le conoce como «ryugu no tsukai», algo así como «mensajero del palacio del dios del mar», y se le ha vinculado con la llegada de terremotos y tsunamis. Esta asociación cobró fuerza cuando se registraron apariciones de estos peces antes del gran seísmo y tsunami de Japón en 2011.
En la cultura popular actual, esa idea ha mutado en el apodo de “pez del fin del mundo”, un nombre que circula por redes sociales y medios cada vez que se publica un vídeo de un ejemplar varado o nadando cerca de la costa. Un simple clip grabado con el móvil puede recorrer medio planeta en cuestión de horas y encender de nuevo el debate entre superstición y ciencia.
Las imágenes de peces remo en playas han contribuido a reforzar la percepción de que su aparición anuncia desastres naturales, especialmente terremotos de gran magnitud. Sin embargo, esa conclusión choca con lo que se ha podido comprobar en trabajos de investigación serios.
Un estudio publicado en la revista Bulletin of the Seismological Society of America analizó de forma sistemática 336 avistamientos de peces de aguas profundas y 221 terremotos registrados en Japón entre 1928 y 2011. Los autores solo hallaron un caso que pudiera considerarse compatible de forma razonable y concluyeron que no existe evidencia sólida que respalde una relación directa entre la presencia de estos animales y grandes seísmos, incluidos los de magnitud 7 o superior.

El llamativo doble avistamiento en Cabo San Lucas
Uno de los episodios recientes que más atención ha generado ocurrió en Cabo San Lucas, en México, donde varios turistas se toparon con un pez remo parcialmente varado en la orilla. El vídeo, grabado el 20 de febrero y difundido después por distintos medios, mostraba cómo los bañistas trataban de empujarlo con cuidado mar adentro para intentar salvarlo.
La situación dio un giro aún más sorprendente cuando, mientras intentaban auxiliar a ese ejemplar, apareció otro pez remo muy cerca. Ver uno ya resulta raro; ver dos al mismo tiempo y en la misma playa multiplicó el interés y convirtió la escena en un fenómeno viral, compartido por usuarios y cuentas de noticias en redes sociales.
Medios como La Razón situaron este avistamiento masivo a inicios de marzo, enlazando las imágenes con la etiqueta de “pez del fin del mundo” y reabriendo el debate sobre si se trataba de un presagio de algo más grave. Varios portales de noticias y perfiles especializados en virales reprodujeron el vídeo, insistiendo en la rareza de encontrar dos ejemplares de esta especie de aguas profundas tan cerca de la arena.
Sin embargo, los especialistas consultados por diferentes organizaciones recordaron que, aunque el suceso era llamativo, no implicaba necesariamente un riesgo geológico. Lo que para el público es un signo inquietante, para la comunidad científica suele tener explicaciones biológicas y oceanográficas mucho más terrenales.
Por qué un pez del fondo acaba en la orilla
Frente al magnetismo de la leyenda, la ciencia plantea un escenario bastante más sencillo. Instituciones como el Museo de Historia Natural de Florida (Florida Museum) explican que el pez remo puede aparecer en superficie o incluso varado en la playa tras temporales intensos, cuando sufre heridas graves o cuando se encuentra enfermo y en fase terminal.
Organizaciones dedicadas a la conservación marina, como Ocean Conservancy, subrayan que la presencia de estos animales en aguas someras suele deberse a desorientación o debilitamiento, no a una especie de “huida” previa a un terremoto. El mensaje es poco espectacular comparado con el del «pez del apocalipsis», pero encaja mejor con el conocimiento actual sobre su comportamiento.
En muchos de los episodios documentados, los ejemplares encontrados cerca de la costa muestran signos claros de estrés fisiológico, lesiones o agotamiento. Al vivir normalmente a profundidades considerables, un cambio brusco de condiciones -temperatura, salinidad o corrientes- puede afectarles de forma notable y empujarles hacia capas de agua menos profundas.
También se ha observado que, tras fuertes tormentas o alteraciones en el estado del mar, algunos peces de aguas profundas aparecen en la superficie, incapaces de regresar a su hábitat natural. En ese contexto, no es extraño que algunos terminen varados y que la escena resulte muy impactante para quienes pasean por la playa sin esperarse un animal de tal tamaño.
Cómo es realmente el pez del fin del mundo
El protagonista de todas estas historias es el Regalecus glesne, más conocido como pez remo o rey de los arenques. Se trata de un pez de cuerpo extremadamente alargado, plateado y flexible, que recuerda a una cinta flotando en el agua. FishBase recoge tallas máximas publicadas de alrededor de 8 metros de longitud, mientras que el Florida Museum indica que, en casos excepcionales, puede alcanzar los 11 metros.
Ese tamaño extraordinario hace que se le considere el pez óseo más largo vivo que se conoce. Su figura, con la aleta dorsal extendida a lo largo del cuerpo y un perfil que se ondula al nadar, habría inspirado numerosas leyendas de “serpientes marinas” en relatos antiguos de marineros, que seguramente no sabían qué especie tenían delante.
Desde el punto de vista taxonómico, el pez remo forma parte de la familia Regalecidae, que agrupa varias especies repartidas en dos géneros. A pesar de esa clasificación relativamente bien establecida, el comportamiento de estos animales sigue siendo en gran parte un enigma. Los encuentros con ejemplares vivos son muy escasos, precisamente porque pasan casi toda su vida en zonas profundas y alejadas de la costa.
La falta de observaciones continuadas dificulta saber con precisión cómo se alimentan, cómo se reproducen o cuánto tiempo pueden vivir. Lo que sí parece claro es que se trata de una especie adaptada a un entorno oscuro y de alta presión, muy distinto a la superficie donde suelen ser filmados cuando algo no va bien.

Dónde vive: de los océanos profundos al Mediterráneo
Lejos de ser un animal restringido a una región concreta, el pez remo tiene una distribución prácticamente cosmopolita. Según el Museo de Historia Natural de Florida, está presente en casi todos los océanos del planeta, con la notable excepción de las zonas polares, donde las condiciones extremas limitan su presencia.
Los registros sitúan a esta especie tanto en el océano Atlántico como en el mar Mediterráneo, lo que implica que no es ajena a las aguas que rodean Europa y la península ibérica. También se documenta su presencia en el Pacífico oriental, desde aproximadamente el sur de California hasta las costas de Chile, además de otras regiones de mares tropicales y templados.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) indica que el pez remo puede encontrarse a profundidades que van desde unos 15 metros hasta, aproximadamente, los 1.000 metros. Se mueve tanto en la zona epipelágica (las capas de agua más iluminadas, relativamente cercanas a la superficie) como en la mesopelágica, más profunda y con mucha menos luz.
Aunque abarca un rango de profundidad muy amplio, los expertos coinciden en que es más habitual localizarlo alrededor de los 200 metros, lejos del alcance de los bañistas y de la pesca costera tradicional. Esta ubicación intermedia ayuda a explicar por qué los encuentros directos con personas son tan poco frecuentes y por qué cada aparición genera tanto revuelo mediático.
Un animal poco conocido en un océano aún por explorar
La biología del pez remo ilustra hasta qué punto el océano profundo sigue siendo un territorio poco explorado. Pese a su tamaño y a su distribución mundial, el conocimiento sobre muchos aspectos de su ciclo vital sigue siendo limitado. No se dispone de datos detallados sobre sus poblaciones ni sobre su estado real de conservación.
Organizaciones como Ocean Conservancy señalan que el hecho de que viva en zonas alejadas y profundas complica enormemente su estudio. Sin campañas específicas, tecnología adecuada y observaciones a largo plazo, resulta difícil aclarar cuestiones básicas sobre su comportamiento, su dieta o la forma exacta en que se desplaza a través de los océanos.
Esta escasez de información alimenta, en parte, el halo de misterio que rodea a la especie. Cuando casi todo lo que se ve son vídeos de individuos varados o moribundos, es fácil que se extiendan interpretaciones exageradas o erróneas sobre su papel en el ecosistema. Sin embargo, para la comunidad científica cada nuevo registro fiable es una oportunidad de oro para sumar datos y mejorar los modelos existentes.
En Europa y España, donde el pez remo también puede aparecer de forma puntual, la clave pasa por documentar los avistamientos con rigor, informar a las autoridades o centros de investigación competentes y evitar la tentación de asociar cada aparición a escenarios catastróficos sin base empírica.
En conjunto, todo lo que se sabe sobre el llamado pez del fin del mundo apunta a un animal fascinante pero vulnerable, adaptado a profundidades donde rara vez lo vemos y rodeado de mitos que la ciencia va desmontando poco a poco; sus apariciones en la costa, ya sea en México, en aguas europeas o en cualquier otro punto del planeta, hablan más de problemas de salud, cambios en el mar y lagunas en nuestro conocimiento del océano que de profecías sobre grandes desastres.