El mero (Epinephelus marginatus) es uno de los peces más emblemáticos de las aguas del Mediterráneo y Atlántico oriental. Su cuerpo robusto y compacto está perfectamente adaptado para la vida en fondos rocosos, donde encuentra refugio entre grandes bloques, cuevas y grietas. Su cabeza y boca son grandes, y la mandíbula inferior sobrepasa a la superior, presentando características que lo distinguen de otras especies del género Serranus, como la presencia de escamas en el maxilar y supermaxilar.
Distribución, hábitat y longevidad del mero

El mero habita principalmente en el Atlántico y Mediterráneo. Se le encuentra en profundidades que varían entre los 5 y 400 metros, aunque prefiere las zonas comprendidas hasta los 50 metros, siempre dependiendo de la presión pesquera. Su longevidad es notable, alcanzando en muchos casos más de 60 años de vida y más de 1 metro de longitud, lo que evidencia su lento crecimiento, un factor clave en la vulnerabilidad de sus poblaciones.
Estado de conservación y amenazas
El mero se encuentra incluido en la lista roja de especies amenazadas de la UICN debido a la intensa sobrepesca que ha experimentado en toda su área de distribución. Su valor comercial lo ha convertido en una especie muy codiciada, por lo que la recuperación de sus poblaciones depende en gran medida de medidas de gestión y conservación, como el establecimiento de reservas marinas y la regulación de las tallas mínimas de captura. La protección de individuos de mayor talla y edad resulta esencial, ya que su fecundidad es directamente proporcional a estas variables.
Reproducción del mero: hermafroditismo proterogínico
El mero es una especie hermafrodita proterogínica secuencial, es decir, la mayoría de los individuos nacen como hembras y, con el paso de los años y bajo determinadas circunstancias sociales o ambientales, algunas de estas hembras se transforman en machos. La madurez sexual se alcanza como hembra alrededor de los cinco años, cuando logran una talla de aproximadamente 49 cm. El cambio a macho se produce generalmente entre los 7 y 17 años, o al superar los 52-77 cm de longitud, sobre todo si hay escasez de machos en la población. No obstante, algunas hembras pueden permanecer así mucho más tiempo e incluso alcanzar tallas máximas, lo que parece responder a una estrategia reproductiva para mantener alta la capacidad de puesta.
La época reproductiva del mero se concentra durante el verano, en particular entre julio y agosto, coincidiendo con el periodo de luna llena, momento clave para el desove. El fenómeno se ha observado y confirmado en áreas protegidas como las islas Medes, donde el seguimiento individualizado de hembras ha permitido constatar el desove, ya que reaparecen con el abdomen vacío tras unos días.
Huevos, fecundidad y desarrollo
Los huevos del mero son pelágicos, lo que significa que tras la puesta flotan libremente en la columna de agua, favoreciendo su dispersión. La fecundidad del mero está directamente ligada a su tamaño y edad: una hembra puede llegar a poner más de 300.000 ovocitos por kilo de peso, lo que subraya la importancia de proteger los ejemplares de mayor tamaño dentro de las poblaciones.
Alimentación y comportamiento
El mero es un depredador litoral que muestra preferencia por los cefalópodos, especialmente pulpos, aunque su dieta se completa con crustáceos y otros peces. Es un pez territorial, de movimientos generalmente lentos, que utiliza el camuflaje y la paciencia para emboscar a sus presas. En cuanto a la comunicación, existen estudios que indican que el mero es capaz de emitir sonidos asociados al comportamiento reproductivo, lo cual añade interés a su biología y etología.
Como curiosidad, todos los ejemplares pequeños son hembras, y la transición sexual se produce más temprano en poblaciones sobreexplotadas, donde hay escasez de machos. Por lo general, el mero es considerado un pez inofensivo para los buceadores, aunque se recomienda una observación respetuosa y no intervenir en su entorno natural.
El conocimiento detallado sobre la reproducción del mero y su biología es vital para implementar medidas de conservación y gestión eficaces, garantizando la supervivencia de esta especie única y relevante para los ecosistemas marinos.