Restauración de zonas húmedas en el Ter para impulsar la biodiversidad

  • Actuación conjunta del Consorci del Ter y Nestlé en las Deveses d’en Bru (Girona), junto al río Ter.
  • Creación y renaturalización de balsas y orillas en 4,5 hectáreas para reforzar los ecosistemas de humedal.
  • Aumento notable de anfibios, aves acuáticas, invertebrados y mamíferos gracias a las nuevas zonas inundables.
  • Proyecto alineado con la red Natura 2000 y con las soluciones basadas en la naturaleza frente al cambio climático.

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La restauración de zonas húmedas en el entorno del río Ter se ha consolidado como una de las iniciativas ambientales más relevantes de los últimos años en Girona. En un contexto de cambio climático, pérdida de hábitats y presión sobre los recursos hídricos, recuperar humedales y espacios de inundación natural se ha convertido en una herramienta clave para proteger la biodiversidad y mejorar el estado ecológico de los ríos.

En este marco se inscribe el proyecto desarrollado por el Consorci del Ter y Nestlé en el espacio de las Deveses d’en Bru, muy próximo a la fábrica de café soluble Nescafé y de cápsulas Nescafé Dolce Gusto, en Girona. La actuación ha permitido recuperar y crear nuevos ecosistemas de agua dulce en una superficie de 4,5 hectáreas, reforzando la función ecológica de esta zona incluida en la red Natura 2000.

Un espacio fluvial estratégico junto al Ter

Las Deveses d’en Bru se sitúan en un tramo del espacio fluvial del río Ter de alto valor paisajístico y florístico. Se trata de una zona que, a pesar de estar próxima a instalaciones industriales, conserva todavía una gran riqueza natural y está reconocida dentro de la red europea Natura 2000 por su interés para la conservación.

La proximidad de la planta de producción de Nescafé en Girona ha favorecido la colaboración público-privada, facilitando que se destinen recursos y esfuerzos a la mejora ambiental del entorno inmediato del río y de sus áreas inundables. El objetivo ha sido compatibilizar actividad económica y conservación de los ecosistemas fluviales, apostando por una gestión más integradora del territorio.

El proyecto no se ha limitado a pequeñas acciones puntuales, sino que ha abordado una intervención global sobre el sistema de balsas y orillas existente. La renaturalización de la balsa principal y la creación de nuevas zonas de inundación temporal han configurado un mosaico de hábitats ligados al agua, con distintos niveles de profundidad y régimen hídrico.

Esta diversidad de condiciones es especialmente relevante en el contexto del río Ter y sus afluentes, donde la regulación de caudales, los periodos de sequía y la alteración de las riberas han ido reduciendo, con el tiempo, los espacios adecuados para anfibios, aves acuáticas e invertebrados.

Cómo se han restaurado las zonas húmedas

Uno de los ejes principales de la actuación ha sido el reperfilado de los taludes y la naturalización de las orillas de la balsa principal que ya existía en el enclave. Modificar la pendiente y la forma de las riberas ha permitido generar transiciones más suaves entre el agua y la tierra, creando pequeñas playas y zonas de poca profundidad.

Con este rediseño se ha facilitado el acceso de la fauna al agua, algo especialmente importante para anfibios, aves limícolas y pequeños mamíferos, que necesitan orillas sin fuertes desniveles para moverse y alimentarse. Al mismo tiempo, estos taludes más naturales ayudan a reducir la erosión y a estabilizar el terreno con la ayuda de la vegetación.

Además, se han creado balsas temporales adicionales, diseñadas para llenarse de agua en determinadas épocas del año y secarse total o parcialmente en otras. Este tipo de humedales estacionales son algunos de los hábitats de agua dulce más vulnerables y amenazados en Europa, a pesar de su enorme valor ecológico.

En conjunto, el conjunto de balsas permanentes y temporales y las nuevas orillas renaturalizadas ha generado espacios naturales en una superficie total de 4,5 hectáreas. Este incremento de zonas inundables y de vegetación de ribera mejora la funcionalidad ecológica del entorno y contribuye a que el río recupere procesos naturales que se habían ido perdiendo.

Los trabajos se han planteado como una solución basada en la naturaleza, es decir, una intervención que aprovecha los propios procesos ecológicos de los humedales para ofrecer beneficios ambientales y sociales: desde amortiguar los efectos de las crecidas hasta mejorar la calidad del agua y ofrecer refugio a la fauna.

Un refugio para anfibios y otros vertebrados

Tras la restauración de las zonas húmedas, el seguimiento realizado durante el último año ha confirmado que las balsas mantienen un buen nivel de inundación, condición imprescindible para que anfibios y otros grupos puedan completar su ciclo biológico. La presencia de renacuajos y puestas se ha convertido en un indicador claro del éxito de la intervención, como muestra un estudio sobre anfibios y hongos.

Las observaciones han permitido detectar diversas especies de anfibios ligadas a estos humedales, entre ellas el sapillo partero, el sapo corredor y el sapo común, así como la ranita meridional, la rana verde y la rana pintada. Esta combinación de especies revela que las nuevas láminas de agua ofrecen condiciones variadas de profundidad, vegetación y permanencia del agua.

La mejora del hábitat también se ha reflejado en la llegada y consolidación de aves acuáticas y de ribera. En las balsas y zonas contiguas se han registrado especies como el ánade real (el conocido pato azulón o collverd), la garza real, la garceta común y el martín pescador, aves que encuentran aquí zonas adecuadas para alimentarse, descansar e incluso nidificar.

La instalación de cámaras de fototrampeo ha puesto de manifiesto la presencia de mamíferos como el jabalí, el corzo y el zorro, que utilizan estas áreas húmedas como puntos de agua y como paso entre distintas zonas de bosque y matorral. La recuperación de humedales no solo beneficia a la fauna estrictamente acuática, sino también a toda la fauna terrestre del entorno.

En paralelo, las nuevas balsas han sido rápidamente colonizadas por invertebrados acuáticos, entre los que destacan libélulas y escarabajos de agua. Estos organismos juegan un papel clave en la cadena trófica, ya que sirven de alimento a anfibios, peces y aves, además de contribuir a la descomposición de materia orgánica y al equilibrio ecológico del humedal.

Zonas húmedas como corredores ecológicos

Las balsas temporales creadas en las Deveses d’en Bru se consideran uno de los tipos de hábitat de agua dulce más frágiles y amenazados, debido a la intensificación agrícola, la urbanización y la alteración hidrológica, y sufren presiones como la contaminación y el tráfico ilegal que afectan a especies como las tortugas (impacto de la contaminación en tortugas).

Estos humedales restaurados actúan como corredores ecológicos a lo largo del cauce del Ter, permitiendo que anfibios, invertebrados y otros animales se desplacen y encuentren refugio y alimento en diferentes puntos del río y sus márgenes. Esta conectividad es vital para sostener poblaciones sanas y reducir el riesgo de aislamiento genético, como muestran iniciativas de recuperación de nutrias.

En el contexto del cambio climático en España y en Europa, recuperar zonas inundables y humedales es una herramienta eficaz de adaptación. Los humedales ayudan a amortiguar episodios de lluvias intensas, retienen agua en el territorio y contribuyen a reducir el impacto de las sequías, ya que almacenan y liberan agua de forma más gradual.

Además, las zonas húmedas contribuyen a la mejora de la calidad del agua, al actuar como filtros naturales que retienen sedimentos y parte de los nutrientes o contaminantes que llegan desde las cuencas agrícolas o urbanas, lo que requiere medidas de vigilancia frente a la proliferación de algas verdes. De este modo, se refuerza la salud del ecosistema fluvial y se cumplen los objetivos ambientales marcados por directivas europeas en materia de agua.

La restauración de humedales como los del Ter se alinea con las políticas europeas de conservación y con las estrategias de soluciones basadas en la naturaleza, que promueven intervenciones que aporten beneficios tanto para la biodiversidad como para las comunidades humanas.

Renaturalización con vegetación autóctona

Otro de los pilares del proyecto ha sido la renaturalización mediante vegetación acuática autóctona. La plantación de especies propias de los ecosistemas de ribera y humedal no solo incrementa la diversidad florística, sino que mejora la estructura del hábitat y refuerza el papel depurador de las zonas húmedas.

Entre las especies introducidas destacan la salicaria, la hierba jabonera, el junco y el lirio amarillo, todas ellas ligadas a ambientes palustres y a orillas de aguas dulces. Estas plantas ayudan a estabilizar las orillas, ofrecen refugio a invertebrados y pequeños vertebrados y proporcionan zonas de puesta y desarrollo para numerosos organismos acuáticos.

El uso de vegetación autóctona frente a especies exóticas resulta esencial para evitar problemas de invasiones biológicas y asegurar que el ecosistema evolucione de forma equilibrada. Además, estas plantas están mejor adaptadas a las condiciones climáticas y edáficas locales, por lo que requieren menos mantenimiento a medio plazo.

La cubierta vegetal actúa también como un sistema natural de depuración, ya que muchas de estas especies captan nutrientes y ayudan a retener partículas en suspensión, reduciendo la carga de contaminación difusa que llega a las aguas superficiales.

En un territorio donde numerosos humedales han ido desapareciendo o transformándose, la recuperación de comunidades vegetales propias de zonas húmedas en regresión supone un paso importante para frenar la pérdida de patrimonio natural vinculada a los ecosistemas acuáticos.

Colaboración entre Consorci del Ter y Nestlé

El proyecto desarrollado en las Deveses d’en Bru se enmarca en la colaboración entre el Consorci del Ter y Nestlé España, que han renovado su acuerdo para impulsar una gestión más sostenible del río Ter y de sus afluentes. Esta alianza tiene como eje principal la conservación de los espacios fluviales y la mejora de su estado ecológico.

Desde la compañía, la dirección de Seguridad, Salud y Sostenibilidad de Nestlé en España ha subrayado la voluntad de proteger los recursos hídricos y la biodiversidad en las áreas donde opera. La restauración de humedales junto a la fábrica de Girona se ha señalado como un ejemplo de actuación con impacto ambiental positivo en el entorno inmediato.

Por parte del Consorci del Ter, se ha puesto en valor la implicación de la empresa en la custodia de espacios fluviales del Ter, una red de enclaves que ya suma más de una decena de localizaciones bajo diferentes figuras de protección y gestión.

El enfoque de la colaboración se centra en actuaciones concretas sobre el terreno, más que en campañas meramente divulgativas, con el objetivo de obtener resultados medibles en términos de biodiversidad, conectividad ecológica y mejora de la calidad del agua.

Este tipo de proyectos refuerza la idea de que la cooperación entre administraciones, entidades ambientales y empresas puede ser una vía eficaz para financiar y ejecutar intervenciones de restauración ecológica en ríos y humedales, alineadas con los objetivos europeos de conservación y adaptación climática.

La experiencia de restauración de zonas húmedas en el Ter, y en concreto en las Deveses d’en Bru, muestra cómo la combinación de diseño ecológico, vegetación autóctona, creación de balsas permanentes y temporales y seguimiento de la fauna puede transformar un espacio fluvial en un núcleo de biodiversidad y un corredor ecológico clave, contribuyendo a la vez a la mejora de la calidad del agua y a la adaptación frente al cambio climático en el noreste peninsular.

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