La costa alicantina ha sido escenario de una importante operación contra la pesca ilegal de pulpo, tras la detección de más de un centenar de nasas caladas de forma irregular frente a Torre de la Horadada, pedanía del municipio de Pilar de la Horadada. La actuación se enmarca en las labores de control que las autoridades españolas realizan de manera periódica para preservar los recursos marinos.
En esta ocasión, la intervención ha puesto de manifiesto el uso de artes de pesca sin identificar y fuera del horario autorizado, una práctica que, aunque a simple vista pueda pasar desapercibida, tiene un impacto muy relevante sobre el ecosistema marino y sobre el sustento de los pescadores que faenan cumpliendo la normativa.
Hallazgo de 109 nasas ilegales frente a la costa de Alicante

La Guardia Civil, en el marco del Plan Anual de Control Integral de Actividades Pesqueras 2025, localizó y retiró un total de 109 nasas preparadas para la captura de pulpo que se encontraban fondeadas a unas dos millas náuticas de la costa de Torre de la Horadada, en la provincia de Alicante.
El dispositivo se activó el pasado 6 de diciembre, cuando efectivos del Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Alicante, que navegaban a bordo de la patrullera Río Adaja, detectaron en el mar una baliza que marcaba la presencia de un arte de pesca, conocida entre los marineros como “gallo”. Este elemento flotante levantó sospechas al observarse que no llevaba las señales obligatorias que permiten identificar al titular del aparejo.
Al comprobar que la baliza incumplía las exigencias legales de marcado e identificación, los agentes constataron además que el arte se encontraba operativo fuera del horario permitido para la pesca. Este doble incumplimiento motivó el levantamiento inmediato del aparejo, con el fin de evitar que siguiera actuando de forma irregular en la zona.
Una vez iniciado el izado, la patrullera fue recuperando una extensa línea de nasas cebadas con carnaza para pulpo. Según detalla la Guardia Civil, se trataba de una línea continua de 109 nasas dispuestas a lo largo de aproximadamente una milla náutica, lo que da una idea de la magnitud de la instalación clandestina localizada frente al litoral alicantino.
El trabajo de recuperación del aparejo no fue rápido ni sencillo: las labores se prolongaron durante cerca de tres horas, tiempo en el que los agentes fueron izando una a una las nasas ilegales desde el fondo marino hasta la cubierta de la embarcación, garantizando al mismo tiempo la seguridad de la tripulación y la correcta manipulación de las especies atrapadas.
Especies marinas rescatadas y devueltas al mar
Durante el proceso de levantamiento de la línea de nasas, los agentes hallaron en su interior distintas especies marinas capturadas de forma accidental. Entre los ejemplares recuperados se encontraban pulpos, morenas y congrios, todos ellos atrapados por un arte de pesca que estaba operando al margen de la normativa.
Con el objetivo de reducir al máximo el daño sobre el ecosistema, los guardias civiles procedieron a liberar los animales que aún se encontraban con vida, devolviéndolos al mar en condiciones adecuadas. Esta actuación permitió que los ejemplares rescatados pudieran seguir desempeñando su función en el equilibrio natural de la zona.
La propia Guardia Civil subraya que el problema de las nasas ilegales para la captura de pulpo no se limita únicamente al volumen de capturas, sino también al hecho de que estos aparejos continúan pescando sin control mientras permanecen en el agua. Esto puede provocar un agotamiento silencioso de las poblaciones, sin pasar por los canales de control científico y administrativo habituales.
Además, la presencia de artes de pesca no autorizadas puede causar daños colaterales al resto de la fauna marina, dado que no discriminan entre especies comerciales y no comerciales. Animales sin interés directo para el furtivo pueden quedar atrapados igualmente, con el consiguiente perjuicio para la biodiversidad y para la cadena trófica del entorno.
La retirada de estos 109 artes también evita la denominada “pesca fantasma”, que se produce cuando los aparejos permanecen en el mar sin supervisión y siguen capturando animales de forma continua, incluso si sus propietarios los abandonan o pierden el control sobre ellos.
Investigación abierta y posibles sanciones de hasta 60.000 euros
Tras la intervención, la Guardia Civil ha remitido toda la información recopilada a la autoridad administrativa competente en materia de pesca, responsable de valorar los hechos y de iniciar, en su caso, el correspondiente expediente sancionador.
De forma paralela, se ha abierto una investigación para tratar de identificar el origen de las nasas y a los posibles responsables de su colocación. Aunque en el momento del hallazgo el aparejo carecía de marcas que permitiesen una atribución directa, no se descarta que, gracias a las pesquisas y a la colaboración con otros servicios de inspección, se pueda llegar a determinar quién está detrás de esta instalación ilegal.
Según la normativa vigente en materia de pesca marítima, este tipo de infracciones puede comportar sanciones económicas que alcanzan los 60.000 euros, especialmente cuando se trata de artes prohibidas o no autorizadas, utilizadas sin identificación y con la capacidad de generar un perjuicio significativo para los recursos pesqueros.
Más allá de las multas, la ley contempla la posibilidad de adoptar medidas complementarias, como la incautación de los aparejos o la inhabilitación para el ejercicio de la actividad pesquera en casos graves o de reiteración. De este modo se pretende enviar un mensaje disuasorio a quienes valoran la opción de recurrir a prácticas furtivas para aumentar sus capturas.
La Guardia Civil insiste en que la pesca ilegal no es un simple incumplimiento administrativo, sino una conducta que puede tener consecuencias muy serias para el medio marino y para el equilibrio económico del sector, por lo que anima a la ciudadanía y, en especial, al propio colectivo pesquero, a colaborar en la detección de este tipo de actividades.
El papel del Plan Anual de Control Integral de Actividades Pesqueras
La operación se encuadra en el Plan Anual de Control Integral de Actividades Pesqueras suscrito entre la Guardia Civil y la Secretaría General de Pesca, una herramienta diseñada para reforzar la vigilancia en el mar y asegurar el cumplimiento de la normativa comunitaria y nacional en materia de recursos pesqueros.
Entre los objetivos de este plan figura la detección de embarcaciones ilegales o no autorizadas, así como la identificación de artes de pesca que se encuentren en el agua sin señalar de forma correcta, que sean antirreglamentarios o que estén expresamente prohibidos por la legislación vigente.
El dispositivo también presta especial atención a la prevención de la pesca en zonas vedadas o fondos protegidos, áreas que se han delimitado para garantizar la recuperación de determinadas especies o para preservar hábitats especialmente sensibles. La colocación de nasas en estos entornos podría acelerar el deterioro de ecosistemas ya frágiles.
Las inspecciones en el marco del plan no solo se realizan en alta mar, sino también en puertos, lonjas y puntos de primera venta, donde se comprueba el origen y la trazabilidad de las capturas. De esta manera se intenta cerrar el círculo de control, dificultando que el producto procedente de la pesca ilegal llegue al consumidor final.
Actuaciones como la de Torre de la Horadada evidencian que este tipo de dispositivos de vigilancia no se limitan a un control documental, sino que incluyen una presencia activa en el mar, con patrullas que recorren la costa y llevan a cabo intervenciones directas sobre los artes localizados de manera sospechosa.
Impacto de las nasas ilegales en la sostenibilidad y en el sector pesquero
La Guardia Civil recuerda que la pesca ilegal de pulpo mediante nasas no reglamentarias supone un perjuicio considerable para el medio ambiente y para el propio sector pesquero legal. Al operar al margen de los cupos, tallas mínimas y periodos establecidos, este tipo de prácticas contribuyen a agotar los bancos de pulpo sin el control necesario.
Cuando se extraen grandes cantidades de ejemplares sin respetar las normas, se altera el equilibrio de las poblaciones marinas y se dificulta la regeneración natural de la especie. Esto puede traducirse, a medio y largo plazo, en una disminución de las capturas disponibles para quienes cumplen con la regulación, reduciendo su capacidad de generar ingresos de forma sostenible.
Además, la introducción en el mercado de producto procedente de orígenes ilegales o no declarados puede desestabilizar los precios y restar competitividad a los pescadores profesionales que trabajan con todas las garantías sanitarias y legales. El resultado es un escenario de competencia desleal que termina por perjudicar a las comunidades costeras que viven de la pesca.
Desde el punto de vista ambiental, la utilización de artes prohibidas o no controladas se asocia igualmente con un aumento del riesgo de inseguridad alimentaria, ya que no siempre se cumplen los requisitos de trazabilidad y controles sanitarios que se exigen a los productos de pesca legales. La falta de supervisión puede afectar a la confianza del consumidor y a la imagen del sector.
Las autoridades insisten en que solo a través de un cumplimiento riguroso de la normativa pesquera y de la colaboración entre instituciones, pescadores y ciudadanía será posible garantizar la sostenibilidad a largo plazo de especies como el pulpo, tan apreciadas en la gastronomía y tan importantes para la economía de numerosas localidades del litoral español.
La intervención frente a Torre de la Horadada, con la retirada de 109 nasas ilegales para capturar pulpo, pone de relieve la magnitud del problema que suponen los artes furtivos y la necesidad de mantener una vigilancia constante en las aguas costeras. Este tipo de actuaciones refuerza el mensaje de que la protección del mar y de sus recursos pasa por atajar la pesca ilegal y por apoyar a quienes se ganan la vida respetando las reglas del juego.