Ruta del Saber en el Acuario de San Andrés: una travesía educativa inolvidable

  • Veinte niños y niñas de barrios populares viajan a San Andrés dentro del programa Ruta del Saber
  • La visita al acuario y a los manglares es el eje de aprendizaje sobre biología marina y ecosistemas
  • El proyecto fomenta liderazgo, inclusión social y conciencia ambiental en la infancia
  • La experiencia se completa con un recorrido por los principales atractivos de la isla

Ruta del Saber en el acuario de San Andrés

Para un grupo de veinte niños y niñas procedentes de distintos barrios populares, subir por primera vez a un avión y ver el mar Caribe desde la ventanilla se ha convertido en una experiencia difícil de olvidar. Entre comentarios espontáneos como “nunca me había montado en un avión” o “qué bonito el color del mar”, estos menores han iniciado una travesía formativa en la isla de San Andrés centrada en la Ruta del Saber y, muy especialmente, en el acuario y su entorno marino.

La estancia combina momentos de juego con espacios claramente pedagógicos, en los que el objetivo principal es que los participantes se acerquen a la biología marina, el cuidado de los ecosistemas y el liderazgo. Todo ello se desarrolla tomando como escenario el acuario de San Andrés y los manglares de la zona, que sirven como aula abierta para trabajar la educación ambiental de una forma práctica y cercana.

Una travesía que nace de la Ruta del Saber

Esta iniciativa forma parte del programa “Ruta del Saber: la cuarta travesía”, impulsado por la Alcaldía a través de la Gestora Social, Liliana Majana, y el equipo de la Secretaría de Desarrollo Social. Antes de despegar rumbo a la isla, el grupo fue despedido por el alcalde Dumek Turbay, que animó a los menores a aprovechar cada momento como una oportunidad de aprendizaje.

Los niños y niñas proceden de comunidades como Colombiatón, Nelson Mandela, Loma Fresca, San Francisco, Amberes, Bayunca y del Cabildo Indígena de Pasacaballos, entornos donde no es habitual acceder a este tipo de viajes pedagógicos vinculados al mar. Precisamente por ello, la Ruta del Saber se plantea como una herramienta para ampliar horizontes, conocer nuevos contextos y reforzar la autoestima de la infancia.

Desde su llegada a San Andrés, los participantes han tomado parte en diversas jornadas lúdicas y recreativas en las que han puesto a prueba sus habilidades sociales, su capacidad para trabajar en equipo y su curiosidad científica. Estas dinámicas no se quedan solo en el ocio: buscan que los menores conecten lo que viven en la isla con la protección del medio ambiente y el respeto por la naturaleza en su día a día.

Una de las frases que mejor resume el impacto del viaje la pronuncia José Jiménez, uno de los niños procedentes de Bayunca: “me he divertido mucho en San Andrés, qué bacano fue nadar con los peces”. Al margen de la anécdota, testimonios como este reflejan cómo el contacto directo con el mar y sus especies genera una motivación extra para aprender, preguntar y querer saber más sobre lo que hay bajo la superficie.

Durante las primeras horas en la isla, también se organizó una jornada lúdico-recreativa de bienvenida, en la que los menores participaron en juegos, dinámicas de integración y actividades deportivas. Este arranque sirvió para romper el hielo, crear confianza en el grupo y preparar el terreno para las visitas más especializadas, como la del acuario y los manglares.

Visita educativa al acuario de San Andrés

El acuario de San Andrés como aula de biología marina

El momento más esperado por muchos de los niños y niñas ha sido la visita al acuario de San Andrés, uno de los puntos fuertes de esta Ruta del Saber y un verdadero aula de biología marina. La jornada arrancó con un recorrido guiado por los manglares cercanos, donde pudieron conocer de primera mano por qué estos ecosistemas son esenciales para la protección costera, la cría de numerosas especies y el equilibrio del litoral.

Durante esta actividad, educadores y monitores explicaron cómo los manglares actúan como barrera natural frente a la erosión, sirven de refugio a peces y aves y contribuyen a la filtración del agua. Para muchos de los menores era la primera vez que veían este tipo de vegetación y entendían su papel en la conservación de la biodiversidad marina, más allá de lo que puedan aprender en un aula tradicional.

Tras el paseo por los manglares, llegó el turno del acuario. Allí, los participantes tuvieron la oportunidad de realizar un auténtico chapuzón educativo: se equiparon para entrar al agua y nadar en un entorno controlado, donde tuvieron contacto directo con peces tropicales y mantarrayas. Esta experiencia inmersiva permite reforzar lo aprendido, al observar el comportamiento de los animales en su medio.

La interacción con estas especies se realiza bajo estrictas medidas de seguridad y con la supervisión de personal cualificado, que resuelve dudas y plantea preguntas para que los niños reflexionen sobre temas como la pesca responsable, la contaminación del mar o la importancia de no extraer fauna ni flora de su hábitat. Así, el acuario se convierte en algo más que una atracción turística: es un espacio de experimentación y conciencia ambiental.

Las reacciones de asombro al ver de cerca a las mantarrayas, las risas al nadar entre bancos de peces de colores y las preguntas constantes sobre cómo viven y qué comen estos animales muestran el potencial educativo de esta actividad. Lejos de limitarse a observar, los menores se sienten parte de la escena marina, lo que favorece que interioricen la necesidad de cuidar el océano y sus recursos.

Ruta del Saber en San Andrés con enfoque ambiental

Objetivos educativos: liderazgo, inclusión y conciencia ecológica

Más allá de la emoción del viaje y de la novedad de subirse por primera vez a un avión, la Ruta del Saber en el acuario de San Andrés persigue una serie de objetivos educativos muy concretos. El programa pretende fomentar el liderazgo en la infancia, promover la inclusión social y fortalecer la conciencia ambiental de los menores, especialmente de aquellos que crecen en contextos con menos oportunidades.

La propuesta se basa en la idea de que aprender fuera del entorno habitual —en este caso, una isla con un valioso patrimonio natural— ayuda a que el conocimiento sea más significativo. Al relacionar lo que ven en los manglares, el acuario o la costa con explicaciones sencillas, se busca que estos niños y niñas se conviertan en agentes de cambio en sus barrios y comunidades, compartiendo lo que han vivido con sus familias y amigos.

En cada actividad se introducen conceptos adaptados a su edad sobre biología marina, ciclos de vida de las especies, riesgos de la contaminación y prácticas cotidianas que pueden ayudar a proteger el entorno. Todo se plantea de forma dinámica, con juegos, preguntas y pequeñas tareas que invitan a observar, analizar y sacar conclusiones, evitando clases magistrales largas o complejas.

Asimismo, la Ruta del Saber trabaja habilidades personales como la responsabilidad, el respeto por los demás, la empatía y la colaboración. Viajar en grupo, compartir espacios y turnos, cuidar el material y seguir normas de seguridad en el mar son situaciones que ayudan a consolidar valores sociales y cívicos que serán útiles más allá de este viaje.

La iniciativa también tiene un marcado componente de equidad: al estar dirigida a niños y niñas de barrios con menos recursos, se intenta reducir la brecha en el acceso a experiencias educativas de calidad. De este modo, la visita al acuario de San Andrés y a sus ecosistemas asociados no solo es una salida escolar, sino una oportunidad de igualar oportunidades y abrir nuevas perspectivas de futuro para quienes participan.

Recorrido por la isla y cierre del mes de la niñez

La agenda de la Ruta del Saber en San Andrés no se limita al acuario. Dentro del programa, se ha planificado un city tour por los 42 kilómetros de la isla, un recorrido que permite a los menores conocer sus principales paisajes, playas y puntos de interés. Esta actividad ayuda a contextualizar lo aprendido sobre el mar, ya que relacionan el entorno costero con los ecosistemas que ya han observado de cerca.

Entre las paradas previstas se encuentra la Casa Museo Pirata, un espacio donde los niños pueden acercarse, de forma amena, a la historia local y a las leyendas vinculadas al Caribe. Esta visita se complementa con explicaciones adaptadas a su edad sobre la cultura isleña y la importancia de respetar el patrimonio histórico, reforzando así un enfoque educativo que va más allá del aspecto puramente natural.

Otro de los puntos destacados del itinerario es la conocida calle de las Palmeras, un lugar emblemático que aporta una visión diferente de la isla y su paisaje urbano. Allí, los menores pueden observar cómo la vida cotidiana de la población local se entrelaza con el turismo y con la presencia constante del mar, lo que permite hablar también de convivencia, identidad y desarrollo sostenible.

Con todas estas actividades, la administración cierra la celebración del mes de la niñez ofreciendo a estos veinte niños y niñas una propuesta que combina diversión y aprendizaje. Lejos de ser un simple viaje de ocio, la Ruta del Saber en el acuario de San Andrés se consolida como una apuesta por la educación experiencial y la sensibilización ambiental, especialmente centrada en la realidad marina.

El balance que dejan los testimonios de los participantes, las imágenes de los chapuzones con peces y mantarrayas y el entusiasmo por seguir descubriendo la isla demuestra que este tipo de iniciativas pueden marcar un antes y un después en la manera de entender la educación. Para estos menores, la Ruta del Saber no solo ha significado conocer el acuario de San Andrés y sus manglares, sino también abrir la puerta a nuevas aspiraciones, reforzar su vínculo con la naturaleza y tomar conciencia de que el cuidado del mar y de los ecosistemas empieza por pequeños gestos que están al alcance de cualquiera.

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