En pleno Pacífico Este Tropical, algunas islas oceánicas se han convertido en auténticos santuarios de tiburones, donde todavía es posible encontrar grandes bancos de depredadores que en otras zonas han desaparecido casi por completo. Estos enclaves marinos actúan como último refugio para especies tan emblemáticas y amenazadas como el tiburón martillo común (Sphyrna lewini).
Galápagos (Ecuador), Malpelo (Colombia), Clipperton (Francia) y Revillagigedo (México) destacan como áreas donde la concentración de tiburones y otros peces cartilaginosos es excepcional, según uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre grandes depredadores en el Pacífico Este Tropical. Mientras estos santuarios oceánicos resisten, las zonas costeras protegidas muestran signos claros de agotamiento.
Galápagos y el cinturón de santuarios de tiburones del Pacífico latinoamericano
El archipiélago de Galápagos se ha consolidado como epicentro mundial para la protección de tiburones, con una densidad de individuos que pocas regiones del planeta pueden igualar. Allí conviven especies como el tiburón martillo, el tiburón punta negra y otros grandes peces depredadores que mantienen el equilibrio de los ecosistemas marinos.
Este cinturón de santuarios en el Pacífico latinoamericano se extiende desde México hasta Ecuador e incluye Galápagos, Malpelo, Clipperton y Revillagigedo. Todas estas áreas marinas protegidas albergan altas concentraciones de tiburones, algo cada vez más raro debido a la sobrepesca, la contaminación y la degradación de hábitats en otras regiones oceánicas.
En este contexto cobra especial relevancia el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR), una iniciativa de cooperación que conecta biológicamente las aguas de Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica. Este corredor funciona como una especie de autopista submarina que salvaguarda las rutas migratorias y los agregamientos de grandes depredadores.
Los científicos subrayan que la Reserva Marina de Galápagos, ampliada en los últimos años hasta superar los 193.000 kilómetros cuadrados, se ha transformado en un baluarte regional. El refuerzo de su protección coloca a Ecuador como actor clave en la conservación internacional de tiburones y en la investigación marina aplicada a estos depredadores.
Un océano que aún se parece al pasado: refugio del tiburón martillo
Las islas oceánicas del Pacífico Este Tropical son descritas por los investigadores como una especie de “ventana al pasado”: zonas donde ver grandes bancos de tiburones y peces depredadores sigue siendo algo habitual, y no la excepción. En estos santuarios, el tiburón martillo común mantiene todavía poblaciones notables, pese a estar catalogado como críticamente amenazado.
Los datos recopilados muestran que Galápagos y Malpelo concentran la mayor frecuencia de avistamientos de tiburón martillo en la región, lo que sitúa a estas islas como refugios esenciales para la especie. En paralelo, se ha observado que Clipperton y otros enclaves funcionan como áreas de interacción entre individuos procedentes de distintos puntos del Pacífico.
El estudio también denuncia que, a pesar de los avances, en los últimos 50 años las poblaciones de tiburones a escala global se han reducido cerca de un 70 %, según estimaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Este declive generalizado dota de un valor estratégico aún mayor a los santuarios donde las poblaciones siguen relativamente saludables.
Para los expertos, estos enclaves no solo conservan especies emblemáticas, sino que permiten observar cómo debería funcionar un océano sano, con abundantes depredadores en la parte alta de la cadena trófica. La presencia continuada de tiburones martillo, punta negra o punta plateada es síntoma de un ecosistema marino todavía robusto.
Métodos científicos para entender los santuarios de tiburones
La investigación que ha puesto el foco en estos santuarios ha sido impulsada por la Fundación Charles Darwin, National Geographic Pristine Seas y la Dirección del Parque Nacional Galápagos, entre otras entidades regionales. El trabajo, publicado en la revista PLOS, se considera uno de los análisis más completos sobre tiburones y grandes depredadores en el Pacífico Este Tropical.
Para evaluar el estado de las poblaciones se recurrió a estaciones de vídeo submarino remoto con carnada. Estos dispositivos, desplegados a diferentes profundidades, atraen a tiburones y otros grandes peces, permitiendo registrar su presencia sin necesidad de buceadores, algo que reduce el impacto en la fauna y mejora la representatividad de los datos.
El equipo científico aplicó esta metodología en cuatro áreas marinas protegidas oceánicas (Galápagos, Malpelo, Clipperton y Revillagigedo) y en varias áreas costeras protegidas, como Machalilla y Galera San Francisco en Ecuador, además de Isla del Caño en Costa Rica. La comparación entre estos entornos ha resultado especialmente reveladora.
En Clipperton, por ejemplo, se registró que buena parte de los tiburones observados procedentes de Galápagos eran ejemplares juveniles. Ese patrón apunta a que esta remota isla francesa actúa como zona de cría, ofreciendo hábitats seguros para las primeras etapas de vida del tiburón martillo y otras especies.
En otras áreas oceánicas del mismo corredor, los investigadores documentaron principalmente individuos de mayor tamaño y más maduros, lo que sugiere que funcionan como zonas de alimentación o de agregación de adultos. Este mosaico de funciones convierte al conjunto de estas islas en una red de santuarios complementarios.
Comunidades distintas, gestión distinta en cada santuario
El análisis de los vídeos y de las condiciones oceanográficas ha revelado que las comunidades de peces depredadores difieren notablemente entre las diferentes islas oceánicas. Factores como las corrientes regionales, la temperatura del agua o la disponibilidad de alimento explican parte de estas variaciones.
En las áreas marinas protegidas del sur, como Galápagos y Malpelo, la presencia del tiburón martillo común es mucho más habitual. Estas zonas parecen ofrecer las condiciones ideales para su reproducción, alimentación y migración, convirtiéndose en verdaderos refugios funcionales para la especie.
En cambio, en las áreas marinas protegidas del norte del corredor se detectó una mayor abundancia de tiburón punta plateada (Carcharhinus albimarginatus), catalogado como especie vulnerable. Esta distribución desigual de especies refuerza la idea de que cada santuario cumple un papel ecológico específico.
Según los autores, estos patrones dejan claro que no existe una receta única de conservación aplicable a toda la región. La gestión de cada área marina protegida debe adaptarse a sus particularidades ambientales y a las especies que alberga, teniendo en cuenta rutas migratorias, puntos de cría y zonas de alimentación.
Los investigadores insisten en que la protección efectiva de estos santuarios pasa por estrategias de manejo a medida, coordinadas a escala internacional. En una región donde los tiburones se desplazan miles de kilómetros, las medidas aisladas de un solo país se quedan cortas si no se articulan a través de corredores como el CMAR.
El contraste con las áreas costeras: santuarios en riesgo
Mientras las islas oceánicas del Pacífico Este Tropical muestran todavía poblaciones abundantes de tiburones, la fotografía es muy distinta en las áreas marinas protegidas costeras. En estas últimas, las cámaras submarinas registraron muy pocos grandes depredadores y una biomasa de peces sensiblemente menor.
Los científicos interpretan esta situación como un síntoma de ecosistemas costeros bajo fuerte presión. Aun estando declaradas como áreas protegidas, muchas de estas zonas han sufrido durante años una explotación pesquera insostenible, que ha ido mermando progresivamente las poblaciones de tiburones y otros grandes peces.
En algunos enclaves costeros analizados, los resultados sugieren que los grandes depredadores podrían haber sido parcial o totalmente eliminados del sistema marino. Esta pérdida altera el equilibrio ecológico y puede desencadenar efectos en cascada sobre las cadenas alimentarias y los hábitats costeros, desde los arrecifes hasta los fondos rocosos.
La diferencia entre estos espacios costeros empobrecidos y los santuarios oceánicos de Galápagos, Malpelo, Clipperton o Revillagigedo ilustra dos futuros posibles para los océanos: uno en el que los tiburones siguen cumpliendo su función ecológica y otro en el que prácticamente han desaparecido del paisaje submarino.
Ante esta realidad, los expertos plantean reforzar los mecanismos de control pesquero, ampliar zonas de no extracción y mejorar el seguimiento científico, con el objetivo de recuperar la presencia de tiburones en áreas que, sobre el papel, ya contaban con protección pero que en la práctica no han sido gestionadas de forma eficaz.
Los resultados de este amplio trabajo científico colocan a Galápagos, Malpelo, Clipperton y Revillagigedo como piezas clave en la red mundial de santuarios de tiburones. Estas islas oceánicas, junto con corredores como el CMAR y las crecientes áreas marinas protegidas del Pacífico latinoamericano, representan hoy algunos de los últimos bastiones donde el tiburón martillo y otros grandes depredadores siguen prosperando, y donde se está decidiendo buena parte del futuro de estas especies en los océanos.