Tortugas laúd anidan en las playas de Manabí y activan operativos de rescate

  • Llegada inusual de tortugas laúd a las playas de Crucita y Sucre, en Manabí, para desovar.
  • Rescate y guiado al mar de un ejemplar desorientado en pleno malecón turístico y con mucha iluminación.
  • Traslado de los nidos al Santuario de San Jacinto y a un vivero especializado para controlar temperatura y humedad.
  • Refuerzo de los protocolos de conservación y llamado a reducir luces, ruidos y presencia humana en las zonas de anidación.

tortugas laud en playas de Manabí

La reciente llegada de varias tortugas laúd a las playas de Manabí ha encendido todas las alarmas —y las esperanzas— de los equipos de conservación marina en la costa ecuatoriana. La presencia de esta especie, considerada el quelonio marino más grande y uno de los más amenazados del planeta, es un acontecimiento poco habitual y de enorme valor científico y ambiental.

En cuestión de días se han registrado nidos en Crucita y en el cantón Sucre, lo que ha obligado a voluntarios, fundaciones y autoridades a desplegar operativos especiales para proteger tanto a los ejemplares adultos como a los huevos. En un contexto de poblaciones mundiales estimadas en apenas 34.000 individuos, cada evento de anidación se sigue casi al minuto y se gestiona con protocolos muy estrictos.

Llegada de una tortuga laúd al malecón de Crucita

La playa de Crucita, en la provincia de Manabí, se convirtió en escenario de un hecho poco común cuando una tortuga laúd emergió del mar y avanzó hasta el concurrido malecón turístico. El suceso se produjo en horario nocturno, momento habitual para la anidación de tortugas marinas, pero en esta ocasión el animal terminó rodeado de luces, ruidos y presencia masiva de personas.

Testigos y bañistas avisaron rápidamente a la Fundación Contamos Contigo Ecuador, que activó sin demora los protocolos de emergencia. Los técnicos comprobaron que la tortuga, de unos dos metros de longitud, presentaba signos evidentes de desorientación, se había desplazado fuera de la zona de arena e incluso alcanzó áreas de rocas y tramos pavimentados del malecón.

Debido a la iluminación artificial intensa y al movimiento constante de turistas, el animal mostró un comportamiento errático, intentando avanzar hacia superficies duras y peligrosas para su integridad física. En el trayecto sufrió heridas leves en las aletas al impactar contra formaciones rocosas, aunque el examen visual inicial apuntó a un estado general de salud aceptable.

Personal voluntario, socorristas y miembros del Cuerpo de Bomberos de Crucita colaboraron para establecer un perímetro de seguridad, controlar el acceso de curiosos y reducir al máximo posibles interferencias. El objetivo principal era evitar más estrés en el ejemplar y prevenir lesiones de mayor gravedad.

Finalmente, y tras varios intentos por redirigirla, los especialistas guiaron a la tortuga de vuelta al océano Pacífico, permitiendo que recuperara su orientación natural y se alejara de la zona urbana. El operativo se prolongó durante horas para comprobar que el animal regresaba al mar sin presentar daños serios.

Anidación exitosa tras un primer intento fallido

Lejos de quedarse en un episodio aislado, el caso tomó un giro aún más relevante cuando, tras ese primer intento frustrado de anidación debido al exceso de luz y ruido, la misma tortuga laúd volvió a la playa de Crucita la noche siguiente. Esta vez, el ejemplar alcanzó un tramo del litoral con menor presencia humana y menos contaminación lumínica.

Bajo la supervisión del equipo técnico de la fundación y con un control más estricto de la afluencia de personas, la tortuga pudo completar el proceso natural de excavación del nido y deposición de sus huevos en la arena. Los rescatistas permanecieron en el lugar durante varias horas, regulando el paso de visitantes y evitando el uso de flashes, focos y linternas apuntando directamente al animal.

Una vez finalizada la anidación, los expertos constataron que el ejemplar no presentaba heridas de consideración más allá de lesiones superficiales sufridas en su trayectoria anterior por el malecón. Tras el desove, la tortuga regresó al mar siguiendo su propio rastro sobre la playa, completando un ciclo fundamental para la especie.

Este episodio refuerza una idea clave para los especialistas: la capacidad de estas tortugas para insistir en su objetivo reproductivo, incluso en entornos muy alterados por la actividad humana. Para los biólogos, que volviera a la misma zona sugiere que la hembra podría haber nacido en esa playa, ya que estas especies tienden a regresar a su lugar de origen para desovar.

Según los expertos consultados, una hembra de tortuga laúd puede anidar hasta cuatro veces en una misma temporada, con intervalos de varios días entre puesta y puesta. Este patrón hace que la costa de Crucita permanezca ahora bajo vigilancia intensiva, ante la posibilidad de nuevos ingresos del mismo ejemplar u otras hembras.

Traslado del nido al santuario de San Jacinto y al vivero especializado

Por desgracia, el lugar elegido por la tortuga para anidar no resultó ser el más seguro. El nido quedó demasiado cerca de una escalera de acceso al malecón, en una zona con alto tránsito de personas y riesgo potencial de pisoteo, inundación o alteración directa de la arena.

Tras la evaluación correspondiente, los técnicos decidieron reubicar el nido en un entorno controlado. Los huevos fueron extraídos con sumo cuidado y trasladados al Santuario de las Tortugas de San Jacinto, situado en la parroquia San Jacinto, en el cantón Sucre, donde la Fundación Contamos Contigo Ecuador mantiene un programa de conservación de tortugas marinas con autorización del Ministerio de Ambiente.

En este espacio se ha habilitado un vivero especializado para incubación, diseñado para reproducir de forma controlada las condiciones naturales que necesita la especie. En dicho vivero se monitorizan de manera constante parámetros como la temperatura de la arena, la humedad, la sombreación y el grado de compactación, factores que influyen tanto en la tasa de éxito de la eclosión como en la proporción de hembras y machos que nacerán.

El manejo del nido incluye revisiones periódicas, registros de datos y la aplicación de protocolos de conservación ya probados en experiencias anteriores. La fundación ya había reportado en 2022 el nacimiento exitoso de crías de tortuga laúd en Ecuador, un hecho que no se veía desde hacía décadas y que sirvió para perfeccionar las técnicas de monitoreo y reubicación.

Según explican los responsables del santuario, la intención es minimizar el impacto humano sin renunciar a la protección activa del nido, equilibrando el respeto al proceso natural con las medidas necesarias para garantizar que la nueva generación de tortugas llegue a eclosionar con las mejores condiciones posibles.

Segundo nido en menos de una semana en las costas de Manabí

El caso de Crucita no es un hecho aislado. En menos de una semana, los equipos de conservación también detectaron otro nido de tortuga laúd en el cantón Sucre, lo que convierte este tramo de litoral manabita en un punto de especial interés para la especie.

Este segundo hallazgo refuerza la hipótesis de que la costa de Manabí está siendo utilizada como zona de anidación ocasional por hembras de tortuga laúd, pese a que su presencia en Ecuador se considera esporádica. Para los especialistas, la coincidencia temporal de estos nidos en un periodo tan corto resulta especialmente relevante en términos de seguimiento poblacional.

La Fundación Contamos Contigo Ecuador, que cuenta con permisos oficiales para el monitoreo de nidos desde Crucita hasta Bahía de Caráquez, ha intensificado sus patrullas nocturnas y sus actividades de observación. Este trabajo de campo permite detectar a tiempo nuevas puestas, evitar pisoteos accidentales y desplegar medidas adicionales cuando sea necesario reubicar huevos por causas de fuerza mayor.

Las organizaciones ambientales inciden en que cada nido de tortuga laúd representa una oportunidad crucial para la supervivencia de la especie, especialmente en el Pacífico, donde se encuentra catalogada en estado crítico de amenaza. La pérdida de playas disponibles para desovar por construcción de infraestructuras, contaminación luminosa y presión turística se considera uno de los factores más preocupantes.

En este sentido, Manabí se perfila como un laboratorio a cielo abierto para la conservación efectiva, en el que las decisiones sobre ordenación del territorio, regulación de luces y control de acceso a determinadas zonas de playa pueden marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso de futuras temporadas de anidación.

Una especie gigantesca y en riesgo crítico

La tortuga laúd, conocida por su caparazón blando de textura similar al cuero, se distingue claramente de otras tortugas marinas de caparazón rígido. Puede alcanzar entre dos y tres metros de longitud y acercarse a los 900 kilogramos de peso en ejemplares adultos, lo que la convierte en la mayor especie de tortuga marina existente.

Su distribución abarca amplias zonas de los océanos, pero los registros científicos apuntan a que la población mundial no supera actualmente los 34.000 individuos. En el océano Pacífico oriental la situación es particularmente grave, con disminuciones muy acusadas en las últimas décadas por múltiples factores de origen humano.

Entre las principales amenazas se encuentran la pérdida y degradación de playas de anidación, la contaminación por plásticos y otros residuos, la captura accidental en artes de pesca, las colisiones con embarcaciones y el impacto del cambio climático sobre la temperatura de la arena y el nivel del mar.

En el caso concreto de Ecuador, se han identificado siete especies de tortugas marinas presentes en sus aguas, pero solo cuatro anidan con regularidad en sus costas: la tortuga verde, la carey, la golfina y la laúd. De todas ellas, la golfina es la más frecuente, mientras que la laúd aparece de forma puntual y sus registros de anidación se consideran eventos excepcionales y de enorme valor científico.

Este contexto explica por qué la llegada de una tortuga laúd a un malecón urbano como el de Crucita genera tanto interés y, al mismo tiempo, tanta preocupación. La coexistencia entre turismo costero y conservación de fauna marina se revela como uno de los grandes retos a corto y medio plazo en la región.

Temporada de desove y retorno a la playa natal

Los técnicos de conservación recuerdan que la temporada de desove de tortugas marinas en el perfil costero ecuatoriano se extiende aproximadamente entre los meses de noviembre y marzo. Durante ese periodo, las hembras abandonan temporalmente el mar, casi siempre de noche, para excavar nidos en la arena y depositar sus huevos.

Un aspecto especialmente llamativo es su comportamiento de fidelidad al lugar de nacimiento. Muchas de estas tortugas regresan, años después, a las mismas playas donde nacieron para completar su ciclo reproductivo. De ahí que los expertos consideren probable que la tortuga que anidó en Crucita hubiera salido de ese mismo arenal en su primera etapa de vida.

El proceso de anidación es delicado: la hembra busca un punto de la playa con la combinación adecuada de pendiente, humedad y distancia del oleaje. A continuación, excava un hoyo con las aletas traseras, deposita los huevos —en número que puede variar según la especie y el tamaño del ejemplar— y los cubre de nuevo con arena para protegerlos.

Una vez terminado el trabajo, el animal regresa al mar y ya no vuelve a tener contacto directo con la puesta. De ahí la importancia de que, durante esas horas críticas, se mantenga un ambiente lo más tranquilo y oscuro posible, sin luces que desorienten, ruidos fuertes ni presencia excesiva de personas alrededor del nido.

Para los biólogos marinos, cada ciclo de anidación documentado en las costas manabitas aporta datos valiosos sobre rutas migratorias, comportamiento reproductivo y éxito de supervivencia de las crías, información clave para diseñar estrategias de protección más ajustadas a la realidad de la especie.

El papel de la ciudadanía y las recomendaciones en playas

Las autoridades ambientales y las organizaciones que trabajan sobre el terreno insisten en que la colaboración ciudadana es un elemento decisivo. Ante la presencia de una tortuga marina en la arena, la principal recomendación es mantener distancia y evitar intervenir salvo que lo indiquen equipos especializados.

Se aconseja no utilizar linternas, flashes de cámaras o focos directos sobre el animal, ya que la luz intensa puede desorientarlo y alterar completamente su comportamiento de anidación. Tampoco se debe tocar a la tortuga, bloquear su paso, hacer ruido excesivo ni situarse delante de ella mientras se dirige hacia o desde el mar.

En el caso de que se observe un nido, o señales frescas de huellas y excavaciones, lo adecuado es comunicar el hallazgo a los organismos competentes o a las fundaciones que operan en la zona, en lugar de manipular la arena por iniciativa propia. Un gesto bienintencionado, pero mal ejecutado, puede comprometer una puesta completa.

Además, se anima a los residentes y visitantes a reducir al mínimo la basura en la playa, retirando plásticos, redes y otros residuos que pueden suponer un peligro tanto para los adultos como para las crías cuando emergen del nido y se dirigen al agua.

La experiencia de Manabí demuestra que, cuando se combinan acciones técnicas de conservación con un comportamiento responsable por parte del público, aumentan de forma significativa las posibilidades de que las tortugas completen con éxito su ciclo reproductivo en estas costas.

Los recientes episodios de tortugas laúd llegando a depositar sus huevos en las playas de Manabí ponen de manifiesto hasta qué punto estas costas siguen siendo valiosas para la vida marina, aunque también evidencian la fragilidad de ese equilibrio frente al turismo masivo, las luces del malecón y la presión humana. La suma de rescates oportunos en Crucita, la reubicación cuidadosa de nidos en el santuario de San Jacinto, el seguimiento científico en Sucre y la implicación de la ciudadanía configuran un escenario en el que cada temporada de desove puede marcar un antes y un después para una especie gigantesca y amenazada que aún encuentra en estas playas un lugar donde perpetuar su ciclo vital.

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