Traslado de los diez delfines del ex Aquarium de Mar del Plata a Egipto

  • Diez delfines nariz de botella del ex Aquarium de Mar del Plata fueron trasladados a un oceanario en Hurghada, en la costa del Mar Rojo (Egipto).
  • El operativo combinó transporte terrestre hasta Ezeiza y un vuelo de carga exclusivo de Qatar Airways, con contenedores diseñados para su bienestar.
  • Veterinarios, biólogos y cuidadores acompañaron a los animales durante todo el trayecto y permanecerán varios meses en Egipto para su adaptación.
  • El cierre del Aquarium abrió un complejo proceso de reubicación de fauna nacida en cautividad, priorizando centros con altos estándares de bienestar animal.

delfines en oceanario

La historia de los diez delfines del ex Aquarium de Mar del Plata ha dado un giro definitivo con su salida del emblemático complejo marino argentino. Tras meses de preparativos, controles y polémicas, los animales dejaron atrás las piletas de Punta Mogotes y ya nadan en un oceanario de Hurghada, en Egipto, sobre la costa del Mar Rojo.

Con este traslado se cierra una etapa marcada por el cierre del Aquarium, las dudas sobre el futuro de los animales y las denuncias públicas sobre un posible deterioro en su estado. Las autoridades del ex parque marino, junto a organismos oficiales, defendieron durante todo el proceso que la prioridad fue el bienestar de los delfines y que el movimiento se realizó bajo estrictos estándares veterinarios y técnicos.

Un operativo internacional inédito para diez delfines

El traslado de los diez delfines nariz de botella supuso un operativo logístico pocas veces visto en la región, tanto por el número de ejemplares implicados como por la distancia recorida, cercana a los 12.000 kilómetros. Desde el ex Aquarium se insistió en que se trató de una operación de alta complejidad técnica, planificada durante meses para evitar cualquier riesgo innecesario para los animales.

En total, los delfines que viajaron fueron Zaiko, Lara, Olivia, Isis, Aramis, Callie, Moro, Ares, Juno y Mako. Tres de ellos procedían originalmente del Acuario Nacional de Cuba y los otros siete habían nacido bajo cuidado humano en las instalaciones marplatenses, un dato clave para entender por qué no se contempló su liberación al mar.

Según explicaron los responsables del dispositivo, el objetivo era que los animales llegaran a destino sin sobresaltos: sin cambios bruscos de temperatura, con acceso permanente a atención profesional y con un entorno lo más controlado posible durante todas las fases del viaje.

Las gestiones incluyeron la tramitación de permisos de fauna, certificaciones sanitarias y coordinaciones tanto con autoridades argentinas como con las egipcias, además de la contratación de un avión de carga exclusivo de Qatar Airways para el tramo intercontinental.

Desde la propia empresa operadora del traslado terrestre, Servicios Logísticos Asociados (SLA) SRL, reconocieron que fue la primera vez que afrontaban un movimiento de estas características con animales acuáticos, lo que obligó a diseñar protocolos específicos para cada paso del itinerario.

Cómo fue el viaje de Mar del Plata a Hurghada

El recorrido comenzó de madrugada en el predio del ex Aquarium de Mar del Plata, situado en la zona sur de la ciudad. Entre la una y las seis y media de la mañana, los delfines fueron cargados en contenedores individuales y trasladados por carretera hacia el aeropuerto internacional de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires.

Para cada ejemplar se utilizaron cajas de unos tres metros de largo, preparadas con agua hasta aproximadamente la mitad de su capacidad. En el interior, se instalaron dos caños longitudinales y una lona a modo de camilla, que permitían sostener el cuerpo del delfín sin ejercer presión excesiva en ningún punto concreto.

El propio director de Operaciones de SLA, Ignacio Nieto, detalló que la carga de cada animal llevaba alrededor de 30 minutos. Durante ese tiempo, el equipo debía asegurar que el delfín quedara correctamente apoyado, bien hidratado y protegido para evitar golpes o rozaduras durante el trayecto.

Para minimizar cualquier posible daño en la piel, los cuidadores aplicaron vaselina y crema en distintas zonas del cuerpo de los animales. Además, las cabezas y las aletas fueron cubiertas con goma espuma y elementos acolchados, de forma que cualquier movimiento brusco dentro de la caja no se tradujera en lesiones.

A lo largo del camino hacia Ezeiza, la caravana de camiones realizó paradas periódicas cada unos 20 minutos para revisar el estado de los mamíferos marinos, controlar la humedad y comprobar las condiciones de cada contenedor. En todo momento estuvieron bajo supervisión de veterinarios, biólogos y sus cuidadores de confianza.

Ya en el aeropuerto, se abrió una etapa clave del operativo: la adaptación de los contenedores a la bodega del avión de carga contratado a Qatar Airways. Técnicos y personal científico del Aquarium siguieron muy de cerca esta fase, verificando que la temperatura, la ventilación y la posición de cada caja fueran las adecuadas antes del embarque.

Durante el vuelo directo a Hurghada, el avión fue utilizado en exclusiva para el transporte de los delfines, lo que permitió acondicionar el espacio sin las limitaciones de un vuelo comercial. Los animales viajaron acompañados por veterinarios y tres de sus entrenadores, que tenían la orden de atender cualquier cambio de comportamiento o signo de estrés que pudiera surgir.

Estado de salud y acompañamiento tras la llegada a Egipto

A su llegada a Hurghada, en la costa del Mar Rojo, las fuentes vinculadas al operativo coincidieron en que los diez delfines se encontraban en excelente estado físico. Según relataron profesionales implicados en el proceso, al poco tiempo de ser introducidos en sus nuevas instalaciones, empezaron a nadar, jugar y alimentarse con normalidad, una señal positiva en términos de adaptación inicial.

Las autoridades del ex Aquarium remarcaron que el buen estado médico-veterinario previo de los animales fue determinante para que el viaje se completara sin incidentes. Durante los meses anteriores al traslado, se realizaron controles periódicos para garantizar que cada ejemplar estuviera en condiciones de soportar una travesía larga y estresante.

El oceanario receptor, situado en una de las zonas turísticas más conocidas del Mar Rojo, fue presentado como un complejo con altos estándares de bienestar animal. Se trata de una instalación inaugurada en 2015 que alberga alrededor de 1.200 animales de cerca de un centenar de especies, lo que la sitúa como una de las principales atracciones de la ciudad.

Conscientes de que un cambio de entorno tan brusco puede generar estrés y conductas atípicas, las partes implicadas acordaron que tres cuidadores argentinos que trabajaban con los delfines en Mar del Plata permanecerán en Hurghada durante al menos tres meses. Su tarea será seguir de cerca la integración de los animales en su nuevo ambiente y colaborar con el personal local.

La idea es que este período de adaptación sirva para ajustar rutinas de alimentación, ejercicios, revisiones médicas y cualquier aspecto que pueda influir en el bienestar de los delfines, aprovechando el conocimiento previo que sus antiguos cuidadores tienen de cada individuo.

Polémicas, inspecciones y aclaraciones sobre el bienestar de los delfines

Antes de que se concretara el traslado, la situación de los delfines del ex Aquarium había generado un notable revuelo público. La difusión en redes sociales de imágenes de los animales nadando en agua de color oscuro dio pie a sospechas de falta de mantenimiento en las piletas y de posible maltrato en acuarios.

Ante estas versiones, el intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, ordenó la intervención de las autoridades locales y promovió la apertura de actuaciones judiciales para determinar si existían irregularidades en el cuidado de los mamíferos marinos.

En respuesta, desde el ex Aquarium se difundieron las actas de inspección realizadas por la Dirección de Zoonosis y Bienestar Animal del municipio, que indicaban que no se hallaron animales desnutridos ni ejemplares muertos en el predio durante las visitas oficiales.

Los informes recogieron que los delfines se observaron activos, con estado corporal normal y sin signos visibles de enfermedad, y que las rutinas de alimentación continuaban con normalidad, incluyendo la de los pingüinos alojados en el mismo complejo.

Paralelamente, la Dirección Provincial de Pesca, dependiente del Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, elaboró otro documento tras inspeccionar las instalaciones junto a funcionarios municipales. En él se señaló que los protocolos de higiene, sanidad y alimentación se cumplían diariamente y que los animales se encontraban en buenas condiciones.

Desde el área de biología del ex parque marino también se salió al cruce de las acusaciones, explicando que el color del agua de los estanques tenía que ver con la reducción de ciertos productos utilizados para darle mayor transparencia con fines turísticos, y no con una situación de abandono.

Con el paso de las semanas, y ya concretado el viaje a Egipto, las distintas partes involucradas insistieron en que el operativo confirmó el buen estado general de los delfines y que el desenlace fue coherente con las evaluaciones veterinarias realizadas antes, durante y después del traslado.

Un cierre anunciado y el futuro de los demás animales del ex Aquarium

El traslado de los diez delfines supuso el capítulo más complejo de un proceso más amplio derivado del cierre del Aquarium de Mar del Plata, que se materializó el 31 de marzo, coincidiendo con el final de la temporada de verano. A partir de ese momento, se puso en marcha un plan de reubicación para la fauna que aún permanecía en el predio.

La empresa propietaria del complejo, The Dolphin Company, había adelantado en febrero que todos los ejemplares nacidos bajo el cuidado de personas serían derivados a otros acuarios y zoológicos, tanto en Argentina como en el exterior. En ese primer anuncio se habló incluso de la posibilidad de que los delfines fueran destinados a un oceanario próximo a la región, algo que finalmente quedó descartado en favor de la opción egipcia.

La decisión de enviar a los delfines a Hurghada se interpretó como un movimiento que implicaba un importante despliegue económico y logístico, pero que ofrecía instalaciones con clima, infraestructura y capacidad técnica adecuadas para alojar a los animales a largo plazo.

En paralelo al caso de los delfines, el ex Aquarium tuvo otros episodios destacados, como la rehabilitación y liberación de la tortuga marina Jorge. Este ejemplar, que había llegado desde un acuario de Mendoza, fue atendido durante más de dos años en Mar del Plata y, una vez recuperado, fue devuelto al mar. El seguimiento satelital posterior confirmó que alcanzó aguas del norte de Brasil en buenas condiciones.

Mientras tanto, otros animales nacidos en cautividad, como pingüinos y distintas especies de aves y mamíferos marinos, permanecen a la espera de ser reubicados en centros que puedan garantizar su cuidado. Los profesionales que trabajaban en la fundación dedicada a la rehabilitación de fauna marina confían en poder mantener esa actividad, incluso sin el parque abierto al público, mediante acuerdos con operadores privados.

Buena parte de la fauna del ex Aquarium, al haber pasado toda su vida en recintos controlados, no cuenta con las habilidades de caza y supervivencia necesarias para vivir en libertad, de modo que las alternativas se limitan a otros parques, oceanarios o bioparques que puedan cubrir sus necesidades.

Entre tanto, los terrenos donde funcionó el complejo, ubicados a metros del faro de Punta Mogotes y propiedad de la familia Peralta Ramos, apuntan a proyectos inmobiliarios de gran envergadura, lo que refuerza la idea de que la era del Aquarium marplatense ha quedado definitivamente atrás.

Con la partida de Zaiko, Lara, Olivia, Isis, Aramis, Callie, Moro, Ares, Juno y Mako hacia el Mar Rojo se cierra uno de los capítulos más seguidos del cierre del antiguo parque marino: un operativo largo, sigiloso y cargado de tensión que, según los informes oficiales y el testimonio de los especialistas, concluyó con los diez delfines en buen estado de salud, instalados en un oceanario con recursos para atenderlos, mientras en Mar del Plata continúa el reto de encontrar un destino adecuado para el resto de los animales que también dependen por completo del cuidado humano.

Acuario Mar del Plata
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