Un nuevo habitante de las profundidades: descubren una especie de tiburón fantasma en el Pacífico

  • La nueva especie, denominada Rhinochimaera costaricana, habita en zonas de penumbra a más de 390 metros de profundidad.
  • El hallazgo ha sido posible gracias a la colaboración entre científicos de Costa Rica y Brasil, tras analizar ejemplares recogidos durante dos décadas.
  • Se diferencia de otros tiburones fantasma por tener un hocico más corto, una aleta dorsal más alta y variaciones genéticas de hasta un 4,7%.
  • Este descubrimiento subraya la enorme biodiversidad que aún permanece oculta en los ecosistemas abisales del océano Pacífico.

Nueva especie de tiburón fantasma descubierta

El océano sigue guardando secretos que parecen sacados de una novela de ciencia ficción, y el último tiene nombre propio. Un equipo internacional de investigadores ha logrado identificar una nueva especie de pez cartilaginoso en las profundidades del Pacífico, concretamente en aguas de Costa Rica. Este animal, que pertenece al misterioso grupo de las quimeras, es conocido popularmente como tiburón fantasma debido a su aspecto etéreo y a que habita en zonas donde la luz del sol brilla por su ausencia.

Este hallazgo no ha sido flor de un día, sino el resultado de años de duro trabajo analizando especímenes recolectados entre los años 2000 y 2023. La criatura ha sido bautizada científicamente como Rhinochimaera costaricana, haciendo un guiño al país donde se localizó, y su descripción formal acaba de ver la luz en la prestigiosa revista Zootaxa. Lo cierto es que ver a uno de estos ejemplares es casi imposible para un mortal, ya que se mueven en un rango de profundidad que oscila entre los 390 y los casi 800 metros.

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Detalle del tiburón fantasma en las profundidades

Aunque a simple vista todos estos animales nos puedan parecer iguales, los biólogos han tenido que hilar muy fino para confirmar que estábamos ante algo nuevo. Tras comparar 49 medidas corporales distintas con casi un centenar de individuos de otras especies ya conocidas, los expertos notaron diferencias clave. Por ejemplo, este nuevo vecino de las profundidades tiene un hocico algo más corto que sus parientes y una espina en su primera aleta dorsal que destaca por ser bastante más larga y alta.

Además de estos rasgos físicos, el color del animal es de un marrón oscuro muy uniforme, con unas aletas que tiran a negro y tienen un brillo casi metálico. Pero la prueba definitiva ha venido de la mano de la genética. Los análisis de ADN han revelado una divergencia de entre el 3,9% y el 4,7% respecto a otras quimeras del género Rhinochimaera presentes en África o el Atlántico, lo que confirma que estamos ante un linaje evolutivo totalmente independiente y único en su especie.

Ciencia colaborativa para explorar el abismo marino

Investigación científica de quimeras

Para llegar a estas conclusiones ha hecho falta que instituciones como la Universidad de Costa Rica y el Incopesca se dieran la mano con genetistas de Brasil. Es alucinante pensar que el primer ejemplar se capturó allá por el año 2000 cerca de la isla del Caño, pero ha tenido que pasar casi un cuarto de siglo para que la tecnología y la colaboración internacional permitieran darle su lugar oficial en el árbol de la vida. Incluso se sospecha que ejemplares vistos anteriormente en Perú podrían pertenecer a esta misma familia.

La investigación también ha contado con el impulso de jóvenes promesas de la biología, quienes incluso viajaron al Museo de Historia Natural de Londres para cotejar datos con colecciones históricas. Al final, este tipo de trabajos nos recuerda que apenas conocemos una mínima parte de lo que ocurre bajo la superficie marina. Estas zonas de penumbra abisales son ecosistemas extremos con presiones brutales y muy poco oxígeno, pero precisamente por eso albergan formas de vida tan fascinantes y adaptadas como este tiburón fantasma.

La catalogación de la Rhinochimaera costaricana es un paso fundamental para entender mejor la salud de nuestros océanos y cómo protegerlos. Conocer a los habitantes de estas áreas tan poco exploradas es la única forma de establecer planes de conservación que realmente funcionen, especialmente ante retos como el cambio climático o la futura minería submarina. Este pez de cuerpo alargado y aspecto prehistórico nos demuestra que, si buscamos bien, la naturaleza todavía tiene muchísimas sorpresas que darnos en el rincón más inesperado del planeta.

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