Una ‘ciudad’ de nidos de peces bajo el hielo del mar de Weddell

  • Un ROV durante la Weddell Sea Expedition 2019 halló más de mil nidos de peces bajo 200 m de hielo.
  • Los nidos, de unos 75 cm, muestran patrones geométricos y cuidado parental del notie de aleta amarilla (Lindbergichthys nudifrons).
  • El hallazgo respalda la teoría del “rebaño egoísta” y sugiere una estrategia colectiva de defensa y reproducción.
  • Científicos europeos piden su protección como Área Marina Protegida en el marco de CCAMLR; la búsqueda del Endurance se completó en 2022.

Nidos de peces bajo el hielo del mar de Weddell

En el extremo occidental del mar de Weddell, un equipo internacional se topó con una extensa colonia de nidos de peces allí donde se esperaba un desierto helado: bajo una plataforma de hielo de unos 200 metros de grosor. El hallazgo, logrado con un robot operado a distancia, ha destapado un ecosistema ordenado y vivo en un entorno que parecía inaccesible.

La oportunidad de explorar esa zona llegó tras el desprendimiento del iceberg A68 en 2017, que dejó al descubierto fondos nunca vistos. En 2019, la misión científica documentó más de un millar de nidos circulares dispuestos con sorprendente regularidad, reavivando el debate sobre la protección de este enclave antártico clave.

Cómo se produjo el hallazgo

La Weddell Sea Expedition 2019 zarpó a bordo del buque polar SA Agulhas II para estudiar las aguas cercanas a Larsen C y, de paso, buscar el pecio del Endurance. Equipados con vehículos autónomos (AUV) y un ROV apodado “Lassie”, los investigadores se adentraron bajo la banquisa y enviaron cámaras por debajo del hielo, donde el ROV transmitió imágenes continuas del fondo marino.

El desprendimiento del A68 actuó como una “ventana científica” única, abriendo rutas hasta entonces cerradas por el hielo permanente. La travesía no estuvo exenta de dificultades —el hielo de pack obligó a maniobras complejas—, pero permitió cartografiar sectores del lecho marino que jamás habían sido filmados con este nivel de detalle.

En ese contexto, la prioridad de localizar el Endurance cedió ante lo inesperado: el ROV detectó decenas y luego cientos de depresiones circulares en la arena, perfectamente delimitadas y limpias de detrito. La escala del fenómeno llevó al equipo a cambiar el foco para documentar cada patrón y su distribución.

La posterior expedición Endurance22 culminó el capítulo histórico al encontrar el barco en 2022, a 3.008 metros de profundidad, pero el gran legado biológico de 2019 fue desvelar un vivero masivo de peces organizado como si fuera un vecindario submarino.

Colonia de nidos de peces antárticos

Qué revelaron las imágenes: la ‘ciudad’ de nidos

Las grabaciones muestran nidos de unos 75 centímetros de diámetro, excavados y libres del manto de fitoplancton que cubre el entorno. En el interior, un pez adulto custodia una masa de huevos translúcidos, lo que confirma un cuidado parental activo en condiciones extremas de frío y oscuridad.

Los autores de estas estructuras son los noties de aleta amarilla, peces de agua fría (Lindbergichthys nudifrons). La colonia no aparece al azar: hay líneas, curvas, agrupaciones densas y nidos solitarios en el perímetro, como si el fondo arenoso se hubiese parcelado en barrios y avenidas.

Este diseño responde a un balance de cooperación y defensa que recuerda a la teoría del “rebaño egoísta” y a estudios sobre el comportamiento grupal de los peces: quienes ocupan posiciones centrales se benefician de la protección colectiva, mientras que los bordes exigen más vigilancia. En la periferia afloran nidos de mayor tamaño, probablemente sostenidos por peces capaces de defenderse en solitario.

El conjunto funciona como una enorme guardería natural, crucial para el éxito reproductivo de la especie y para la cadena trófica local. La constelación de nidos, además, sugiere una inversión energética sostenida en mantener los sustratos limpios y optimizar la aireación de los huevos.

Patrones geométricos de nidos de peces

Implicaciones científicas y de conservación para Europa

El estudio, publicado en Frontiers in Marine Science, contó con expertos de centros europeos como la Universidad de Exeter, la Fundación Nekton y el Centro Nacional de Oceanografía de Southampton, además de colaboradores de institutos polares de referencia. El consenso es claro: se trata de un ecosistema marino vulnerable que requiere medidas de protección.

En clave europea, el hallazgo refuerza las propuestas en el seno de CCAMLR para designar nuevas Áreas Marinas Protegidas en la Antártida. Salvaguardar el mar de Weddell ayudaría a preservar hábitats esenciales para peces, pingüinos y focas, y a sostener procesos ecológicos que repercuten en el equilibrio del océano Austral.

Para España y la UE, con una comunidad científica polar activa y compromisos de conservación en el marco del Tratado Antártico, esta evidencia suma argumentos técnicos para apoyar la protección del área. La coordinación internacional será clave para limitar impactos y asegurar la vigilancia científica a largo plazo.

Más allá del asombro visual, el valor del hallazgo reside en que aporta datos de comportamiento reproductivo difíciles de capturar en ambientes sellados por el hielo. Este tipo de registros alimenta modelos ecológicos y guía decisiones de gestión basadas en evidencia.

Próximos pasos: tecnología y monitoreo

Los equipos prevén nuevas campañas para cartografiar la extensión de la colonia, medir su persistencia en el tiempo y evaluar cómo responde ante cambios ambientales rápidos. El seguimiento de las condiciones del hielo, las corrientes y el suministro de alimento ayudará a entender los factores que determinan la ubicación y densidad de los nidos.

El uso combinado de AUV y ROV y herramientas acústicas será nuevamente determinante. Estas plataformas permiten operar bajo hielo, registrar vídeo en alta definición y muestrear variables físicas y biológicas sin perturbar de forma significativa la colonia, un requisito esencial en un entorno tan frágil.

Todo apunta a que la “ciudad” de nidos bajo el hielo es mucho más que una curiosidad: es una pieza clave del rompecabezas antártico que obliga a acelerar la protección del mar de Weddell y a mantener una vigilancia científica constante para no perder lo que apenas acabamos de aprender a ver.

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