Uso de antimicrobianos en el salmón chileno: datos, tendencias y retos para los mercados europeos

  • Aumento del 18,3% en el uso total de antimicrobianos en el salmón chileno pese a una reducción acumulada del ICA desde 2022.
  • El florfenicol concentra más del 97% de los antibióticos usados, principalmente contra la piscirickettsiosis.
  • La certificación PROA-Salmón logra reducir en más de un 96% el consumo de antimicrobianos en ciclos certificados.
  • Las mejoras en la gestión del uso de antibióticos son clave para mantener el acceso del salmón chileno a los mercados de la UE y España.

salmon chileno y uso de antimicrobianos

El uso de antimicrobianos en la producción de salmón chileno vuelve a ponerse bajo la lupa, en un contexto en el que los consumidores europeos y españoles están cada vez más atentos a la forma en que se crían los peces que llegan a sus platos. Los últimos datos publicados por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura de Chile (Sernapesca) ofrecen una radiografía detallada del recurso a estos fármacos en la acuicultura del país sudamericano.

Este nuevo informe oficial aporta cifras actualizadas sobre antibióticos y antiparasitarios usados en la salmonicultura, con especial foco en los ciclos productivos en agua de mar y en la evolución del índice de consumo de antimicrobianos. Las conclusiones son relevantes no solo para Chile, sino también para los importadores de la Unión Europea, donde se monitoriza de cerca cualquier avance ligado a la resistencia a los antimicrobianos (RAM) bajo el enfoque de «Una sola salud» impulsado por la OMS.

Cuánto antibiótico se usa en el salmón chileno

Según el documento de Sernapesca, durante 2025 la industria del salmón en Chile empleó 415,4 toneladas de principio activo de antimicrobianos. Esto supone un incremento del 18,3% si se compara con las 351,1 toneladas registradas el año anterior. Aunque el aumento pueda llamar la atención en Europa, los datos se interpretan mejor al ponerlos en relación con el volumen total de producción.

Para ello se utiliza el Índice de Consumo de Antimicrobianos (ICA), que relaciona la cantidad de antibiótico con la biomasa cosechada. En 2025, el ICA se situó en 0,036%, es decir, unos 360 gramos de principio activo por tonelada de salmón producida. La cifra supone una ligera subida respecto al 0,034% del ejercicio previo, pero se da en un contexto de mayor actividad productiva.

La expansión del uso absoluto de antibióticos está directamente vinculada al aumento de la biomasa cosechada. La producción de salmón pasó de 1.035.307 toneladas en 2024 a 1.167.342 toneladas en 2025, es decir, una industria que crece y que, aun así, mantuvo niveles de mortalidad promedio un 1,5% más bajos que en el periodo anterior, según la autoridad chilena.

Si se analiza la serie histórica desde 2022, año en que se inició el seguimiento del consumo de antimicrobianos considerando el ciclo cerrado, el ICA ha mostrado una reducción acumulada del 19,5%. Esta bajada se concentró sobre todo en 2023, cuando se alcanzaron los niveles más bajos de consumo por tonelada registrados a escala nacional. En 2024 y 2025 se produjo un leve repunte, aunque sin volver a los niveles iniciales.

Esta evolución es seguida con interés por los mercados comunitarios, donde existe una clara presión regulatoria y social para que los proveedores de productos del mar demuestren una tendencia sostenida hacia un menor uso de antibióticos, manteniendo al mismo tiempo el bienestar animal y la seguridad alimentaria.

Diferencias por especies de salmón y tendencia del ICA

El informe no se limita a ofrecer cifras globales, sino que desglosa la evolución del ICA por especie de salmón cultivado. En el caso del salmón del Atlántico, la especie más relevante para la exportación a Europa, los niveles de 2025 se mantienen muy similares a los de 2024, sin cambios estadísticamente significativos.

Para la trucha arcoíris, el escenario es distinto: el ICA continúa con una tendencia al alza, con un incremento del 14,57% en 2025. En paralelo, el salmón coho presenta una situación más estable, con valores que prácticamente calcaban los del año anterior, de acuerdo con la información recopilada por Sernapesca.

Estas diferencias entre especies ayudan a entender mejor dónde se concentran los desafíos sanitarios. La trucha, por ejemplo, puede estar enfrentándose a presiones sanitarias o condiciones de cultivo que exigen un mayor uso de tratamientos, mientras que el salmón del Atlántico y el coho logran una mayor estabilidad en su consumo relativo.

Para los compradores europeos, especialmente en España, donde el salmón chileno tiene una importante presencia en supermercados y canal horeca, esta segmentación por especie puede resultar útil a la hora de valorar certificaciones, etiquetados y programas de mejora sanitaria que se apliquen de forma diferenciada según el tipo de salmón adquirido.

Qué antibióticos se utilizan y para qué enfermedades

En cuanto al tipo de fármacos, el panorama es muy claro: el florfenicol es el antimicrobiano predominante en la salmonicultura chilena, representando el 97,57% del total utilizado en 2025. En volúmenes muy menores se emplean oxitetraciclina, tiamulina y doxiciclina, que completan el abanico de principios activos.

El recurso a estos antibióticos está directamente asociado al control de varias patologías bacterianas que afectan a los peces. La piscirickettsiosis concentra el 97,51% del uso de antimicrobianos, lo que la sitúa como la principal causa sanitaria que obliga a recurrir a estos tratamientos. En menor medida, se aplican para combatir la renibacteriosis (BKD) y la tenacibaculosis.

De forma general, el florfenicol se considera el fármaco de elección contra la mayoría de las enfermedades bacterianas detectadas en los centros de cultivo. La excepción notable es la tenacibaculosis, donde la tiamulina asume un papel mucho más relevante y llega a representar más del 24% del total de antibiótico usado para controlar específicamente esta enfermedad.

El informe también detalla que la vía de administración de estos antimicrobianos es casi en su totalidad oral, incorporándolos al pienso medicado que se suministra a los peces. Este enfoque permite tratar a los lotes afectados de forma masiva, pero también implica la necesidad de seguir normas estrictas sobre dosis, tiempos de retiro y monitorización de residuos para cumplir con los estándares exigidos por la UE.

En Europa, autoridades, distribuidores y consumidores prestan atención tanto al tipo de antibióticos utilizados como a los protocolos de gestión, ya que un uso inadecuado podría favorecer la aparición de bacterias resistentes con potencial impacto en la salud humana, ambiental y animal.

Impacto de la certificación PROA-Salmón en la reducción de antimicrobianos

Más allá de los datos globales, uno de los aspectos más destacados del informe de Sernapesca es la evaluación del efecto de la certificación PROA-Salmón, un estándar voluntario enfocado precisamente en la gestión responsable del uso de antimicrobianos y en la mejora de las prácticas de cultivo.

Desde su puesta en marcha y hasta 2025, los ciclos productivos certificados bajo PROA-Salmón han alcanzado más de 1.062.552 toneladas de salmón cosechado. En este periodo, un total de 14 empresas han logrado certificar parte o la totalidad de sus ciclos de producción con este sello, consolidándolo como una herramienta con influencia real sobre el modelo sanitario de la industria.

Solo en 2025, se certificaron 262.416 toneladas de producto, equivalentes al 24,97% de la producción nacional de salmón de ese año, y pertenecientes a ocho compañías de cultivo. De este volumen, 126.793 toneladas fueron de salmón coho y 135.623 toneladas de salmón del Atlántico, dos especies ampliamente comercializadas en los mercados internacionales.

Lo más relevante para los consumidores europeos es el efecto de la certificación sobre el consumo real de antimicrobianos. Mientras que el índice general de ciclos cerrados en agua de mar alcanza los 313,81 gramos de antibiótico por tonelada, los centros que cuentan con PROA-Salmón registran un promedio de apenas 13,47 gramos por tonelada. Es decir, una reducción superior al 96% respecto a la media nacional.

Según subraya Sernapesca, estos valores son incluso mejores que los alcanzados en ciclos certificados en años anteriores, lo que crea un precedente importante para seguir impulsando la optimización del uso de antibióticos y alinearse con las estrategias globales para combatir la resistencia antimicrobiana (RAM). Este enfoque encaja con las directrices de la Organización Mundial de la Salud y con las políticas comunitarias, lo que puede ser un argumento de peso a la hora de posicionar el salmón chileno en España y en el conjunto de la UE.

Relación con las exigencias de la Unión Europea y el mercado español

La evolución del uso de antimicrobianos en Chile no se produce en el vacío: está condicionada por las exigencias de los países importadores, entre ellos los Estados miembros de la UE. La normativa comunitaria sobre residuos de medicamentos veterinarios en alimentos de origen animal es estricta, y tanto la Comisión Europea como la Agencia Europea del Medicamento han intensificado en los últimos años sus políticas frente a la resistencia antimicrobiana.

En España, donde el salmón chileno tiene un peso destacado en las cadenas de distribución y restauración, el debate sobre el uso de antibióticos en productos de origen animal está cada vez más presente. Los compradores profesionales y los grandes retailers tienden a exigir garantías adicionales de buenas prácticas, de cara a responder a una clientela que demanda transparencia y diferenciación por criterios de sostenibilidad.

En este contexto, el hecho de que Chile esté desarrollando programas como PROA-Salmón y que Sernapesca publique informes detallados y periódicos sobre el uso de antimicrobianos se interpreta como una señal de apertura y mejora continua. Para operadores españoles interesados en reforzar su imagen de responsabilidad, trabajar con proveedores que se someten a este tipo de estándares puede convertirse en un factor competitivo.

La clave, de cara al futuro, será comprobar si la reducción relativa del ICA lograda desde 2022 se mantiene o incluso se acentúa, al mismo tiempo que la industria continúa creciendo en volumen. Para la UE, no se trata solo de cumplir con límites de residuos, sino de demostrar un cambio estructural en la forma de manejar la sanidad de los peces, con menos dependencia de los antibióticos y más prevención.

Con todo este escenario sobre la mesa, los últimos datos de Sernapesca sitúan al salmón chileno en un punto intermedio: por un lado, se observa un aumento del uso total de antimicrobianos asociado al crecimiento productivo; por otro, hay señales claras de mejora en la eficiencia sanitaria, especialmente en los centros que se acogen a la certificación PROA-Salmón. Para consumidores, distribuidores y autoridades europeas, la información disponible permite seguir de cerca la evolución del sector y valorar hasta qué punto estas iniciativas consiguen consolidar un modelo de producción más responsable y alineado con las expectativas de los mercados de la Unión Europea y de España.

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