
La costa occidental de Asturias afronta un cambio drástico en la campaña del pulpo. Desde este 1 de abril, el Principado ha puesto en marcha una veda total que deja fuera de juego, durante todo el mes, a una de las pesquerías más emblemáticas de la zona comprendida entre la ría del Eo y la del Nalón, en San Esteban.
La decisión llega después de varias temporadas flojas y de signos claros de agotamiento del recurso. Administración y cofradías han optado por pisar el freno: parar ahora para tratar de garantizar que el pulpo siga siendo un sustento real para las flotas del occidente en los próximos años.
Una veda total en abril entre el Eo y el Nalón
La Consejería de Medio Rural y Política Agraria, a través de la Dirección General de Pesca Marítima, ha fijado una prohibición absoluta de capturas de pulpo durante todo abril en el occidente asturiano. La restricción se aplica en el tramo de costa que va desde la ría del Eo hasta la ría del Nalón, a la altura de San Esteban, uno de los núcleos históricos de esta pesquería.
Durante ese mes, no se puede pescar pulpo ni desde tierra ni desde embarcación. La veda engloba tanto a la flota profesional como a quienes realizan pesca recreativa, de manera que cualquier extracción de este cefalópodo en la zona queda vetada mientras dure el cierre biológico.
La medida se inscribe en el plan de gestión específico para el pulpo en el occidente, un programa que regula esta pesquería y en el que participan unas 40 embarcaciones. Estas son las directamente afectadas por la veda y las que podrán acceder a las ayudas públicas ligadas al paro de la actividad.
Fuera del ámbito de ese plan de gestión, la pesquería de pulpo en otras zonas del litoral asturiano no se ve alterada por esta resolución, de modo que el cierre se concentra en el área donde los datos de descenso de capturas y tamaños resultan más preocupantes.
Motivos biológicos y preocupación por la escasez
La Administración autonómica justifica la medida en los indicios cada vez más evidentes de escasez detectados en las últimas campañas. Tanto los servicios técnicos como las cofradías de pescadores coinciden en que el pulpo ha ido a menos: menos capturas, ejemplares de menor tamaño medio y una campaña mucho más irregular.
En los puertos del occidente se habla ya de tres años especialmente malos, con un último ejercicio que ha dejado cifras por debajo de lo esperado. A esta tendencia se añaden factores como la meteorología adversa en momentos claves de la costera, que ha dificultado las salidas y no ha permitido compensar la baja abundancia de la especie.
Entre las posibles causas de fondo se señalan la presión pesquera acumulada, los cambios en el ecosistema marino y la influencia del clima, que alteran las condiciones de cría y crecimiento del pulpo. Aunque no hay un único culpable claro, la sensación en el sector es que el recurso necesita un respiro.
Precisamente por ello, la Consejería ha planteado esta veda como una herramienta de recuperación de la población, asumiendo que el impacto económico inmediato es relevante, pero confiando en que permita remontar a medio plazo la situación de la especie en la zona.
Un acuerdo trabajado con las cofradías
Uno de los elementos que más destaca el Principado es que se trata de una decisión consensuada con el propio sector pesquero. Las cofradías del occidente han participado en las conversaciones previas y han respaldado la necesidad de actuar con firmeza ante la caída del recurso.
Responsables de distintas cofradías, como las de Puerto de Vega, Tapia de Casariego o Cudillero, han reconocido que la situación era insostenible y que seguir como hasta ahora ponía en riesgo la continuidad futura de la pesquería y la tradición. De ahí que, pese al sacrificio que supone parar, el acuerdo se haya asumido sin grandes resistencias.
El mensaje que trasladan los representantes del sector es que “hay que apretarse el cinturón una temporada” para que el pulpo tenga margen de recuperación. La idea de fondo es que, si se deja descansar la pesquería y se acompaña de un sistema de ayudas adecuado, será posible retomar campañas futuras en mejores condiciones.
En este contexto, la veda no se interpreta tanto como una imposición unilateral, sino como una estrategia compartida entre administración y flota para tratar de salvar un recurso clave en la economía del occidente asturiano.
Ayudas de 330.000 euros para el paro en abril
Para amortiguar el golpe económico de dejar de pescar pulpo en pleno mes de abril, el Principado ha habilitado una línea de ayudas valorada en 330.000 euros. Estas compensaciones se financian con cargo al Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA), el instrumento comunitario destinado a apoyar la sostenibilidad del sector.
Las ayudas se dirigen a las embarcaciones y tripulantes incluidos en el plan de gestión del pulpo en el occidente que opten por amarrar su barco durante abril. La condición principal es que, además de renunciar a la pesca de pulpo, las unidades que se acojan a estas compensaciones no salgan a faenar sobre otras especies mientras dure el periodo de veda total.
De este modo, las subvenciones se vinculan a un auténtico paro biológico, diseñado para reducir la presión global sobre el ecosistema y permitir que el pulpo complete su ciclo sin interferencias en la zona más castigada.
Qué se puede pescar a partir de mayo y qué no
La veda total no se levanta sin más al terminar abril. A partir del 1 de mayo y hasta el 31 de diciembre, la normativa establece un régimen de restricciones parciales para el pulpo en el occidente asturiano, con el fin de mantener cierta actividad pero evitando un retorno inmediato a la explotación intensa.
En el caso de la flota profesional incluida en el plan de gestión, se permitirá únicamente una captura accesoria máxima de 15 kilos diarios por embarcación. Se considera captura accesoria aquella que se produce de forma no intencionada mientras se pesca una especie principal diferente.
Esto significa que el pulpo que aparezca en las artes de pesca de otras pesquerías podrá ser desembarcado dentro de ese límite diario, pero en ningún caso se podrá salir a faenar con el pulpo como objetivo principal. La pesquería específica seguirá, de facto, cerrada durante el resto del año.
En cuanto a la pesca recreativa, se mantiene una limitación de dos pulpos al día por persona en ese mismo periodo, siempre dentro de las normas generales de talla mínima y artes permitidas. La intención es que la actividad de ocio no se convierta en un foco de presión adicional sobre una población ya tocada.
Con este esquema, la Administración busca un punto de equilibrio entre mantener algo de actividad y proteger el recurso, alargando el esfuerzo de recuperación más allá del mes de veda absoluta.
Impacto en la economía local y horizonte de la pesquería
El cierre del pulpo en abril y las restricciones posteriores no son una cuestión menor en el occidente asturiano, donde muchas familias dependen directamente de esta campaña. El pulpo es uno de los productos con mayor tirón en las lonjas y un pilar en la facturación de varias cofradías.
Durante el periodo de veda, los barcos que no se acojan a las ayudas deberán buscar alternativas en otras pesquerías para mantener ingresos, mientras que quienes opten por amarrar se apoyarán en las compensaciones europeas. En cualquier caso, el mes de abril será atípico en puertos como Tapia, Puerto de Vega, Navia o Cudillero, donde el pulpo suele tener un peso notable en las ventas.
En paralelo, la hostelería y el comercio de la zona notarán que la oferta local de pulpo de la costa occidental se reduce de forma drástica, al menos en lo que respecta a producto fresco procedente de estas aguas. Los establecimientos que quieran mantener el pulpo en sus cartas deberán recurrir a otras procedencias o ajustar temporalmente sus menús.
Pese a este impacto, tanto la Administración como buena parte del sector sostienen que la única forma de evitar un colapso futuro pasa por asumir restricciones ahora. La esperanza es que, si la medida funciona y las condiciones ambientales acompañan, la población de pulpo pueda recuperarse y permitir campañas más estables en los próximos años.
El mensaje que subyace a toda esta regulación es claro: sin recurso no hay pesca posible. El occidente asturiano afronta así un parón incómodo, pero asumido como necesario, con la vista puesta en poder seguir viviendo del pulpo y del mar cuando esta etapa de escasez quede atrás.
