Diferencias, zonas y adaptaciones de organismos pelágicos y bentónicos

  • Pelágicos viven en la columna de agua; bentónicos, asociados al fondo. Cada dominio se subdivide en zonas batimétricas con condiciones únicas.
  • Pelágicos: cuerpos hidrodinámicos, cardúmenes y contrasombreado; bentónicos: camuflaje, cuerpos aplanados y sujeción al sustrato.
  • Existen pelágicos costeros y oceánicos; en el fondo, destacan Pleuronectiformes. Los demersales ocupan un estrato intermedio cercano al fondo.
  • Pesca intensiva y arrastre de fondo son presiones clave; gestión y áreas protegidas resultan esenciales para la conservación.

ecosistemas marinos pelágicos y bentónicos

Tanto mares como océanos son, sin duda alguna, una de las fuentes más ricas en biodiversidad del planeta Tierra. Su interior alberga un sinfín de huéspedes que hacen de ellos lugares fascinantes. Huéspedes que varían, notoriamente, en su forma, tamaño, color, hábitos, estrategias de reproducción y formas de alimentación.

Obviamente, los ecosistemas acuáticos son muy dispares entre sí. Sus características pueden distar mucho, lo que repercute de un modo muy específico en su capacidad para ser habitados o no.

Lógicamente, no es lo mismo vivir en aguas poco profundas o cerca de la costa. Allí, la luz es más abundante, la temperatura sufre mayores variaciones, y las corrientes y movimientos de agua son más frecuentes y, en ocasiones, peligrosos. Sin embargo, a medida que descendemos hacia las profundidades, nos encontramos con un panorama totalmente distinto: oscuridad, altas presiones, escasez de alimento y estabilidad térmica. Por este motivo, los seres vivos son muy dispares en función de la zona del océano o del mar en la que desarrollan sus vidas.

Es aquí donde hacen su aparición dos palabras clave: pelágico y bentónico.

Pelágico y bentónico

definición de pelágico y bentónico

Pelágico hace referencia a la parte del océano que está sobre la zona pelágica. Es decir, a la columna de agua que no está en contacto con el fondo y se extiende desde la superficie mar adentro, ya sea sobre la plataforma continental o en mar abierto. Por su parte, bentónico es todo lo contrario: está relacionado con todo lo vinculado al fondo del mar y del océano, incluyendo el sedimento superficial y las capas inmediatamente subyacentes.

A grandes rasgos, los seres vivos acuáticos, entre los que se encuentran los peces, se diferencian en dos grandes familias: organismos pelágicos y organismos bentónicos.

diferencias entre organismos marinos pelágicos y bentónicos

Definición de organismos pelágicos

Al hablar de organismos pelágicos, nos referimos a todas aquellas especies que habitan en aguas medias de los océanos y mares, o cerca de la superficie. Por tanto, se hace patente que este tipo de seres vivos acuáticos limitan el contacto con el fondo, aunque algunas especies recorren profundidades notables en su ciclo de vida.

Se distribuyen en espacios bien iluminados que pueden ir desde la propia superficie hasta los 200 metros de profundidad. Esta capa se conoce como zona fótica (o eufótica), donde la luz permite la fotosíntesis. Por debajo, el gradiente de luz y temperatura cambia de forma marcada.

Para entender mejor el dominio pelágico, se suele subdividir batimétricamente en zonas con condiciones ambientales distintas:

  • Zona epipelágica (0–200 m): iluminada, con fuerte productividad primaria y variaciones térmicas estacionales. Es la región más poblada.
  • Zona mesopelágica (200–1.000 m): luz muy escasa; transición térmica acusada. Aquí aparecen estrategias como migraciones verticales diarias y bioluminiscencia.
  • Zona batipelágica (1.000–3.000 m): oscuridad permanente, temperaturas frías y presión elevada.
  • Zona abisopelágica y hadopelágica (> 3.000 m): profundidades extremas, altas presiones y temperaturas estables y bajas.

En las tres últimas zonas predomina la oscuridad absoluta, presiones muy elevadas y temperaturas constantes; por ello, tanto la diversidad como la biomasa suelen disminuir drásticamente respecto a la capa superficial.

Desde el punto de vista morfológico y funcional, muchas especies epipelágicas presentan cuerpo fusiforme e hidrodinámico, musculatura potente y aletas capaces de sostener velocidades altas. La coloración típica es un contraste dorsal-ventral (azul-verdosa u oscura arriba y plateada/blanca en los flancos y vientre), lo que favorece el camuflaje visto desde arriba y desde abajo. Algunas especies muy activas muestran musculatura roja y mecanismos de termorregulación regional. En casos extremos puede faltar la vejiga natatoria, lo que obliga a un nado continuo (p. ej., ciertos atunes) y ventilación por ram-ventilation en el caso de algunos elasmobranquios.

Cabe destacar que un gran enemigo de muchos de estos organismos es la pesca indiscriminada, que reduce poblaciones y altera redes tróficas.

Existen tres grandes conjuntos de organismos pelágicos según su capacidad de movimiento y su relación con la superficie: nécton, plancton y neuston.

Necton

En él se encuentran peces, tortugas, cetáceos, cefalópodos, entre otros. Son organismos que, gracias a sus movimientos, pueden contrarrestar las corrientes marinas y desplazarse activamente en busca de alimento, reproducción o rutas migratorias.

Plancton

Se caracteriza por tener dimensiones reducidas, en ocasiones microscópicas. Puede ser de tipo vegetal (fitoplancton) o animal (zooplancton). Debido a su anatomía y flotabilidad, no vencen las corrientes y son arrastrados por ellas, aunque poseen movimientos verticales y estrategias de flotación muy eficientes.

Neuston

Son aquellos seres vivos que habitan la micropelícula superficial del agua (la interfase aire-agua), donde aprovechan recursos únicos de ese entorno.

peces pelágicos en la columna de agua

Peces pelágicos

Si nos centramos en el grupo que conforman los peces pelágicos como tal, podemos realizar otra subdivisión que depende de las zonas acuáticas que habitan:

Pelágicos costeros

Los organismos pelágicos costeros suelen ser peces de tamaño reducido que viven formando grandes bancos que se desplazan en torno a la plataforma continental y las proximidades de la superficie. Ejemplo de ello son animales como la anchoa, la sardina, el boquerón, el jurel o la caballa. Suelen ser especies gregarias, con ciclos de vida rápidos, gran plasticidad trófica y fuerte dependencia de pulsos de productividad.

Pelágicos oceánicos

Dentro de este grupo se encuentran especies de mediano y gran tamaño que acostumbran a realizar migraciones de gran alcance. Comparten rasgos anatómicos con sus parientes costeros, pero difieren en sus patrones de alimentación y en la escala espacial de sus movimientos. A pesar de tener crecimiento rápido y elevada fecundidad, la densidad de sus poblaciones es menor, y su recuperación más lenta, en gran medida por la pesca masiva. Peces como el atún y el bonito son ejemplares típicos de organismos pelágicos oceánicos; también se incluyen especies como la melva o la bacoreta en algunas regiones.

Sinónimo de organismos pelágicos

Dado que el término «pelágico» describe la vida en la columna de agua, no existe un sinónimo estricto que lo reemplace por completo. A veces se emplean términos relacionados como «oceánico» (en mar abierto) o «nerítico» (sobre la plataforma continental). Es importante aclarar que «abisal» no es un sinónimo de pelágico; abisal denomina una profundidad concreta dentro del océano y puede referirse tanto a aguas de la zona abisopelágica como al fondo abisal, por lo que su uso como sinónimo es incorrecto.

Definición de organismos bentónicos

organismos bentónicos en el fondo marino

Los organismos bentónicos son aquellos que cohabitan en el fondo de los ecosistemas acuáticos, a diferencia de los organismos pelágicos. Incluyen tanto los que viven sobre el sustrato (epifauna) como los que lo habitan por debajo (infauna). En ambientes someros donde aún llega algo de luz, aparecen los bentónicos productores primarios fotosintetizadores (macroalgas, fanerógamas marinas y microalgas del fitobentos).

Ya inmersos en el fondo afótico, carente de luz y situado a grandes profundidades, se hallan los organismos consumidores que dependen de los restos orgánicos y de los microorganismos que la gravedad arrastra desde niveles superficiales. Un caso peculiar son las bacterias quimiosintetizadoras y las simbióticas, que prosperan en puntos como emanaciones hidrotermales de dorsales centro-oceánicas, sustentando comunidades complejas sin necesidad de luz.

Para ordenarlos espacialmente, el dominio bentónico suele dividirse en:

  • Zona litoral: área costera afectada por las mareas; comunidades adaptadas a exposición/reeemersión.
  • Zona sublitoral: desde el límite inferior de la marea baja hasta el borde de la plataforma continental.
  • Zona batial: pendiente del talud continental; disminución de luz y cambios de temperatura.
  • Zona abisal: extensas planicies profundas; frío estable y altas presiones.
  • Zona hadal: fosas oceánicas más profundas; condiciones extremas.

A simple vista, podría parecer que los bentónicos nos son menos familiares, pero nada más lejos. Existe un grupo asociado a ellos muy famoso: los corales. Los arrecifes de coral son una de las joyas de la naturaleza, aunque también de las más amenazadas por prácticas como las redes de arrastre y otros impactos humanos.

Otros muchos seres vivos forman parte de la gran familia bentónica, como los equinodermos (estrellas y erizos de mar), los Pleuronectiformes (lenguados y afines), cefalópodos (pulpos y sepias), bivalvos y moluscos diversos, además de numerosas algas y fanerógamas marinas.

Peces bentónicos

peces bentónicos en el fondo

Tal y como se ha comentado anteriormente, dentro de los organismos bentónicos encontramos aquellos peces pertenecientes al orden Pleuronectiformes, que incluye platijas, gallos y lenguados.

Pez gallo en el mar
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Estos peces se caracterizan por una morfología muy particular. Su cuerpo, considerablemente comprimido lateralmente hasta dibujar una forma aplanada, no deja indiferente a nadie. De alevines, poseen simetría bilateral, con un ojo en cada lado; a medida que se desarrollan, uno de los ojos migra hacia el otro costado. Los adultos, que descansan sobre un costado, presentan un cuerpo plano y los ojos en el costado superior.

Por norma, son carnívoros y depredadores que capturan presas mediante caza al acecho, camuflados sobre el sustrato. Las especies más conocidas en gastronomía y pesca son el lenguado y el rodaballo. A ellos se suman otros bentónicos carismáticos de fondos blandos o rocosos, como diferentes rapes y ciertas rayas, que, según su ecología, pueden ser considerados bentónicos o demersales.

Peces demersales (intermedios entre pelágicos y bentónicos)

Los peces demersales viven cerca del fondo de las zonas litoral, eulitoral y de la plataforma continental, alcanzando habitualmente hasta unos cientos de metros de profundidad. Se mantienen en los estratos próximos al sustrato, con desplazamientos moderados sobre él, y pueden realizar movimientos migratorios según su ciclo vital o sus necesidades alimenticias.

Entre los demersales más conocidos figuran la merluza, la bacaladilla y el salmonete, entre otros. Aunque no son estrictamente bentónicos (no pasan toda su vida en contacto con el fondo), comparten con los bentos cierta afinidad trófica y adaptaciones para aprovechar los recursos de ese estrato.

Patrones de diversidad y biomasa: un apunte comparativo

En términos generales, el dominio pelágico contiene un menor número de especies que el bentónico, pero concentra un número muy elevado de individuos, sobre todo en la zona epipelágica. A modo ilustrativo, en mares como el Mediterráneo se estima que, aun cuando un alto porcentaje de las especies conocidas son bentónicas, una fracción relevante del peso total de las capturas procede de organismos pelágicos. Este contraste refleja la enorme productividad de las capas superficiales y el papel clave de los peces pelágicos pequeños en las redes tróficas y en las pesquerías.

Adaptaciones clave: pelágicos vs. bentónicos

Para sobrevivir en ambientes tan distintos, las especies han desarrollado rasgos diferenciadores:

  • Pelágicos: cuerpos hidrodinámicos, contrasombreado (dorso oscuro, vientre claro), cardúmenes para defensa y alimentación, alta eficiencia de nado, vejiga natatoria desarrollada (o pérdida adaptativa en nadadores persistentes), migraciones y, en aguas medias, bioluminiscencia y migraciones verticales.
  • Bentónicos: camuflaje y coloración críptica, cuerpos aplanados o con estructuras para sujeción al sustrato, reducción o ausencia de vejiga natatoria, hábitos territoriales o solitarios, alimentación por depredación al acecho o filtración, uso intensivo del microhábitat.

Impactos humanos y conservación

Tanto en el dominio pelágico como en el bentónico, la presión humana ejerce efectos notables. La pesca excesiva sobre pelágicos (especialmente los pequeños, base de muchas cadenas tróficas) altera la estructura poblacional y la resiliencia de los ecosistemas. En el bentos, técnicas como el arrastre de fondo remueven sedimentos, dañan hábitats frágiles —incluidos arrecifes de coral— y merman la biodiversidad. La gestión adaptativa, vedas temporales, áreas marinas protegidas y artes selectivas resultan herramientas esenciales para la sostenibilidad.

Glosario rápido y notas terminológicas

  • Pelágico: vida en la columna de agua, lejos del contacto permanente con el fondo.
  • Bentónico (bentos/béntico): vida asociada al fondo (sobre o dentro del sustrato).
  • Epipelágico/mesopelágico/batipelágico/abisopelágico/hadopelágico: zonas de profundidad dentro del dominio pelágico.
  • Litoral/sublitoral/batial/abisal/hadal: zonas del dominio bentónico según profundidad y posición.
  • Nécton: nadadores activos; plancton: vida a la deriva; neuston: microlámina superficial.
  • Demersal: especies que viven cerca del fondo pero no estrictamente en él.

La naturaleza es un mundo fascinante, y los ecosistemas acuáticos se merecen un capítulo aparte. Hablar de organismos pelágicos y bentónicos abarca desde la luz cambiante de la epipelágica hasta la quietud del abisal, y desde praderas marinas que capturan carbono hasta peces planos que acechan invisibles sobre el sedimento. Conocer sus diferencias, zonas, adaptaciones y relaciones con las pesquerías permite apreciar mejor cómo se organiza la vida en el océano y por qué su protección resulta clave para el equilibrio del planeta.